Barcelona: pagar más por menos y llamarlo éxito 

Barcelona vive hoy la mayor pérdida neta de pisos de alquiler y encadena un año de subidas del precio por metro cuadrado

El papel lo aguanta todo, también la propaganda socialista, pero luego están los datos. Y esa es otra historia. Esa es la dura realidad. Datos que, por cierto, se publicaron con nocturnidad, un domingo y con meses de retraso sobre el calendario habitual. Datos que reflejan los resultados de unas políticas de vivienda aprobadas con premeditación y alevosía. 

El Govern de Cataluña sostiene que el tope de alquileres ha funcionado porque el precio medio de los nuevos contratos regulados en la ciudad de Barcelona ha caído un 3,3% desde su entrada en vigor. La cifra es cierta. Pero no es la verdad. Si uno desciende al detalle, ese lugar incómodo donde se esconden las consecuencias reales de las leyes, el relato se desmonta. ¡Solo en el último año el precio por metro cuadrado de alquiler en Barcelona ha subido nada menos que un 7%! 

¿Cómo puede bajar el precio medio del contrato y subir el precio por metro cuadrado? Muy sencillo: los pisos son más pequeños. Es decir, el inquilino paga una renta media que parece contenida, pero vive en menos espacio y paga más por cada metro. No estamos pagando lo mismo por vivir igual. Estamos pagando más por vivir peor. Exactamente eso es lo que ocurre cuando el poder político decide intervenir ignorando los incentivos. 

Barcelona. Foto: Freepik.
Barcelona. Foto: Freepik.

Y hay otro dato que desmiente el triunfalismo oficial: el saldo de contratos vigentes en Barcelona ha registrado la mayor caída desde que hay registros, si exceptuamos la pandemia. Primero se desincentiva al propietario. Después se reduce la oferta. Más tarde sube el precio por metro cuadrado. Finalmente, se alquilan pisos más pequeños. Era previsible. No pocos lo advertimos.  

Por eso, no estamos ante un accidente. Las izquierdas españolas abrazaron hace tiempo la teoría del decrecimiento económico. Y el decrecimiento, en la práctica, significa menos inversión, menos oferta y, en último término, pobreza. Cuando esa filosofía se traslada al mercado de la vivienda, el resultado es el que hoy vemos en Barcelona: menos pisos disponibles y más caros por metro cuadrado. 

Las izquierdas españolas abrazaron hace tiempo la teoría del decrecimiento económico

Y lejos de rectificar, se profundiza en la misma lógica destructiva. El pacto entre el PSC y los Comunes para decidir a quién puedes vender tu vivienda y en qué condiciones introduce un nuevo factor de inseguridad jurídica. Si el propietario ya duda a la hora de alquilar por la intervención de precios, ahora dudará también a la hora de vender. Limitar la libertad de transmisión, condicionar al comprador y politizar la compraventa no ampliará la oferta: la retraerá aún más. Menos incentivos para poner vivienda en el mercado significa, inevitablemente, menos vivienda disponible. 

El intervencionismo permite fabricar una estadística vendible a corto plazo. Pero la realidad económica termina imponiendo su lógica. Si se reduce la rentabilidad, se aumenta el riesgo regulatorio y se condiciona incluso la venta, la oferta se contrae o se transforma. En Barcelona se transforma en menos metros, más euros por metro y ahora también en más incertidumbre para quien quiera vender. 

Estamos pagando el precio de la ideología socialista. Una sociedad de propietarios y pequeños arrendadores es una sociedad más autónoma. Una ciudad donde cada vez hay menos oferta y donde el acceso a la vivienda depende crecientemente de la tutela pública es una ciudad más frágil. Y más dependiente. 

Barcelona vive hoy la mayor pérdida neta de pisos de alquiler y encadena un año de subidas del precio por metro cuadrado. Pagar más por menos no es un éxito. Y es que la vivienda no se abarata reduciendo la oferta, ocultando datos incómodos o restringiendo la libertad de vender. Se abarata generando seguridad jurídica, incentivando construcción, movilizando suelo y facilitando que haya más pisos en el mercado. Todo lo demás son atajos ideológicos que terminan saliendo caros. Muy caros. 

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