Estrecho de Ormuz: la Lección de Albuquerque que Trump No Aprendió
El dominio de los espacios estratégicos no depende únicamente de la fuerza bruta, sino de la capacidad de integrar recursos, tecnología y visión política en una estrategia coherente
En el siglo XVI, el control del Estrecho de Ormuz se convirtió en una pieza clave del ajedrez geopolítico del mundo moderno emergente. Situado en la encrucijada entre el Golfo Pérsico y el océano Índico, este paso marítimo era —y sigue siendo— uno de los puntos neurálgicos del comercio global. La conquista y posesión de Ormuz por los portugueses, liderados por Afonso de Albuquerque, constituye un ejemplo paradigmático de cómo una potencia relativamente pequeña, con recursos limitados, logró imponerse mediante visión estratégica, innovación naval y una lectura precisa del contexto internacional.
La toma de Ormuz en 1515 no fue simplemente una operación militar; fue la culminación de una política expansionista cuidadosamente diseñada por la Corona portuguesa. A diferencia de los grandes imperios territoriales de la época, Portugal apostó por un modelo de control basado en puntos clave —fortalezas y enclaves marítimos— que permitían dominar las rutas comerciales sin necesidad de extensos territorios interiores. Ormuz encajaba perfectamente en esta lógica: quien controlaba el estrecho, controlaba el flujo de mercancías entre Asia y Europa.
El éxito portugués se explica, en gran medida, por su superioridad tecnológica en navegación y artillería naval, pero también por su capacidad de adaptación y diplomacia coercitiva. Albuquerque supo explotar las rivalidades locales, establecer alianzas tácticas y, cuando fue necesario, recurrir a la fuerza con precisión quirúrgica. La construcción de una fortaleza en Ormuz consolidó un dominio que, aunque no exento de desafíos, perduró durante más de un siglo.

Este episodio histórico ofrece un contraste interesante con la situación actual del Golfo Pérsico, donde el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto de tensión global. En el contexto contemporáneo, marcado por las fricciones entre Estados Unidos e Irán —incluyendo episodios de ataques selectivos, sanciones económicas y amenazas al tráfico marítimo—, la lógica del control estratégico persiste, aunque los actores y las herramientas hayan cambiado.
Mientras que Portugal operaba con recursos escasos, pero con una estrategia coherente y de largo plazo, las potencias actuales disponen de capacidades militares abrumadoras, pero a menudo carecen de una visión estable y consensuada. Los ataques de Estados Unidos contra objetivos iraníes, en distintos momentos de las últimas décadas, reflejan una política reactiva más que estructural, orientada a la disuasión inmediata más que al control sostenido del espacio estratégico.
«Ormuz no es solo un estrecho; es un símbolo de cómo la geopolítica trasciende épocas»
Irán, por su parte, ha desarrollado una estrategia asimétrica que recuerda, en cierta medida, a la lógica portuguesa: consciente de su inferioridad frente a una potencia como Estados Unidos, ha apostado por tácticas indirectas, control de “chokepoints”, y capacidad de interrupción del tráfico marítimo. El estrecho de Ormuz vuelve así a ser escenario de una pugna donde la geografía impone límites y oportunidades.
La comparación entre ambos contextos revela una constante histórica: el dominio de los espacios estratégicos no depende únicamente de la fuerza bruta, sino de la capacidad de integrar recursos, tecnología y visión política en una estrategia coherente. Portugal, en el siglo XVI, entendió esto con claridad. Las potencias contemporáneas, pese a sus ventajas materiales, siguen enfrentándose al mismo desafío fundamental: convertir poder en control efectivo y duradero.
En última instancia, Ormuz no es solo un estrecho; es un símbolo de cómo la geopolítica trasciende épocas. Desde las carabelas portuguesas hasta los portaaviones modernos, la disputa por este paso marítimo refleja una verdad persistente: quien domina los nodos críticos del sistema global, define en gran medida el equilibrio del poder mundial.