Las fiestas de Bilbao, el laboratorio de Bildu 

La Aste Nagusia, la Semana Grande de Bilbao 2026, está siendo el laboratorio más interesante que EH Bildu podría haber diseñado para ensayar lo que tiene pensado hacer si algún día gobierna Euskadi

A veces los programas electorales parecen documentos redactados para dormir en una página web hasta que alguien decide despertarlos. Entonces dejan de ser literatura política y se convierten en algo mucho más concreto: en la música que suena en una txosna (caseta festiva), en la primera palabra que te dice el chico de la barra, en el cartel que antes estaba en dos idiomas y ahora solo está en uno. La Aste Nagusia, la Semana Grande de Bilbao 2026, está siendo el laboratorio más interesante que EH Bildu podría haber diseñado para ensayar lo que tiene pensado hacer si algún día gobierna Euskadi. 

Conviene empezar por los hechos, que son suficientemente elocuentes sin necesidad de adorno. Las comparsas de Bilbao han realizado un diagnóstico sobre el uso del euskera en las txosnas y han descubierto algo que les viene como anillo al dedo para victimizarse: solo el 27% de la música que sonaba estaba en euskera. La respuesta ha sido establecer cuotas. Cada comparsa se ha marcado la suya, desde un 33 hasta un 100%.  

Se ha medido también cuántas personas hablan euskera durante el montaje y cuántas podrían hablarlo. Nueve de cada veinte lo utilizan aunque quince saben hacerlo. Entre quienes atienden las barras, el 75% habla en euskera aunque el 90% podría hacerlo. Y se ha adquirido un compromiso sencillo y muy revelador: la primera palabra al cliente deberá ser siempre en euskera. No hay policías lingüísticos. No hacen falta. Esa es precisamente la gracia del sistema. 

La pregonera Onintza Enbeita Maguregi (i) antes del pregón y el lanzamiento del txupín de la Semana Grande de Bilbao, a 22 de agosto de 2026, en Bilbao, Vizcaya, País Vasco (España). Durante el acto se recibe a ‘Marijaia’ la representativa señora de las fiestas de Bilbao y se procede a la lectura del pregón con el que se da el txupinazo para una celebración que se alarga durante toda una semana. H.Bilbao / Europa Press 22 AGOSTO 2026;EUSKADI;CHUPINAZO;ASTE NAGUSIA;FIESTA;FESTEJO;BILBO;PREGÓN; 22/8/2026
La pregonera Onintza Enbeita Maguregiantes del pregón y el lanzamiento del txupín de la Semana Grande de Bilbao. Foto: H.Bilbao / Europa Press.

Porque lo verdaderamente interesante de lo que está ocurriendo en la Aste Nagusia no es la música que suena en el recinto sino el mecanismo que empieza a funcionar alrededor de ella. EH Bildu lleva tiempo defendiendo en sus programas una concepción de la política lingüística que pretende trasladar la normalización desde las instituciones hasta la comunidad: las comisiones de euskera de los barrios, los agentes culturales locales como principales aliados de la política municipal, la implicación de asociaciones, comercios y ciudadanos en la tarea de cambiar los hábitos lingüísticos del entorno. No necesitan boletines oficiales. No necesitan inspectores. Solo necesitan que la propia comunidad interiorice qué comportamiento se considera correcto y qué comportamiento no desentonaría. 

Las txosnas de la Semana Grande de Bilbao son este verano el mejor laboratorio posible para ese experimento: pequeños ecosistemas donde se puede medir, corregir, incentivar y volver a medir

Si en una txosna se mide cuántos trabajadores saben euskera, cuántos lo utilizan efectivamente, qué porcentaje de canciones suena en esa lengua y cuál debe ser la primera palabra dirigida al cliente, ya no estamos únicamente ante una campaña de promoción lingüística. Estamos ante un sistema de modificación de conductas sin necesidad de prohibir absolutamente nada. Nadie obliga a nadie. Simplemente se establece cuál es el comportamiento deseable. Y quien no lo adopta sabe, sin que nadie se lo explique, que está desviándose de lo que el grupo espera de él. 

La sociología llama a esto control social informal. Es mucho más antiguo que cualquier ley y bastante más eficaz que cualquier multa. Lo conocemos de Cataluña, donde lleva años funcionando con una precisión que el legislador nunca habría conseguido por la vía del BOE. La Administración por sí sola no puede transformar los hábitos lingüísticos de una sociedad. Hace falta que las asociaciones, los comercios, las escuelas y los ciudadanos participen en la tarea. La lengua deja así de ser un derecho individual para convertirse en un proyecto colectivo. Y quien no se suma al proyecto colectivo empieza a notar que desentona. 

Durante décadas se nos explicó que la gran conquista democrática consistía en garantizar que cualquiera pudiera hablar euskera sin impedimentos. Eso era proteger la libertad del hablante. Lo que empieza a diseñarse ahora es distinto: conseguir que quienes pueden hablarlo efectivamente lo hagan. La diferencia entre ambas cosas parece pequeña. No lo es. 

Las txosnas de la Semana Grande de Bilbao son este verano el mejor laboratorio posible para ese experimento: pequeños ecosistemas donde se puede medir, corregir, incentivar y volver a medir. Música, cartelería, conversaciones, actividades, primera palabra en la barra. Todo cuantificable. Todo perfectamente diseñado para que cuando EH Bildu llegue al Gobierno de Euskadi, el modelo ya esté funcionando en la calle sin necesidad de que nadie lo haya ordenado desde un despacho. 

El viejo control lingüístico necesitaba un vigilante. El nuevo es mucho más sofisticado: consigue que sea la propia comunidad quien establezca qué comportamiento merece aprobación y cuál no. No habrá ningún vecino tomando nota en las fiestas de Bilbao. Porque cuando todos sabemos lo que debemos hacer para no desentonar, tomar nota empieza a ser innecesario. 

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