Los motivados
Donde la motivación surgía para acariciar una hospitalidad universal, ahora se impone la defensa de las fronteras
En 1997 nació en Toulouse el movimiento político de izquierda Les Motivés, impulsado por activistas culturales que consideraban imperativo volver a ilusionar a la ciudadanía mediante propuestas destinadas a profundizar en la democracia deliberativa, la lucha contra la exclusión social y la defensa de los barrios populares. En las elecciones municipales de 2001 lograron cuatro concejales en el Ayuntamiento de Toulouse. En 2008, coincidiendo con la crisis financiera iniciada en 2007, decidieron no presentarse a las elecciones municipales para favorecer la unidad de la izquierda.
En octubre de 2010, Stéphane Hessel publicó su célebre ensayo ¡Indignaos!, en el que apelaba a una insurrección pacífica contra la indiferencia y las desigualdades. Entre sus consecuencias políticas estuvo que, en España, los manifestantes del 15-M fueran denominados «los indignados» ante la situación económica derivada de la crisis financiera. Nueve años después, la pandemia de 2019, que se prolongó aproximadamente tres años, mostró una realidad en la que la motivación y la indignación debían dejar paso a la supervivencia, la salud y la solidaridad entre personas confinadas y aisladas del mundo.
Esta breve secuencia de acontecimientos políticos nos permite preguntarnos ahora, cuatro años después de que se diera por concluida la pandemia de la COVID-19, dónde debemos situar la motivación de los ciudadanos ante un escenario de incertidumbre marcado por el cambio climático, la irrupción de la inteligencia artificial, la crisis de la vivienda, las crisis migratorias, el ascenso al poder del populismo de derechas e izquierdas o las guerras de Ucrania, Gaza e Irán, entre otros factores.
Hoy vemos cómo la motivación de los ciudadanos se ha desplazado de la movilización en la calle a la movilización en las urnas. La calle y las plazas, donde se manifestaban los jóvenes, han sido sustituidas por las redes sociales, donde se anuncian nuevas crisis y nuevas formas de crítica que buscan perforar la realidad para activar a una ciudadanía que pretende impulsar el cambio a través del voto, principalmente a partidos de derechas. A la verticalidad de la acción de la izquierda, de abajo arriba, los ciudadanos desencantados con ella oponen la voluntad de modificar la realidad votando, simplemente votando, para aupar a partidos de reacción más que de acción.
Mientras los motivados de 1997 situaban en el centro de sus preocupaciones el barrio, los motivados de hoy colocan en ese lugar la nación. Donde la motivación surgía para acariciar una hospitalidad universal, ahora se impone la defensa de las fronteras y la voluntad de dejar fuera de ellas a los nuevos bárbaros que llegan en patera a las costas. La motivación de entonces nacía de la pérdida de un futuro que creían que les pertenecía; la de hoy busca restablecer el orden para que no desaparezca el mundo conocido, por imperfecto que sea.
El desplazamiento de una motivación de revancha generacional hacia una motivación de ajuste de cuentas nos permite comprender mejor por qué todos los partidos políticos buscan canalizar al nuevo ciudadano motivado.