La debilidad neoconvergente por la CUP

Toda formación tiene puntos débiles: el de JxCat se centra en la necesidad que tiene por la CUP

La candidata de JxCat, Laura Borràs, en un acto de la campaña del 14-F en Mataró, el 1 de febrero de 2021 | EFE/EF
La candidata de JxCat, Laura Borràs, en un acto de la campaña del 14-F en Mataró, el 1 de febrero de 2021 | EFE/EF

Los procesos electorales sirven para consolidar el voto o ganarlo. Los mensajes siempre van dirigidos a esos perfiles de votantes, y sólo errores muy gruesos pueden acabar con un aspirante en la lona. Se han dado casos, pero no son habituales. Las tendencias ganan.

El votante español es muy cíclico. Se enamora y desenamora, pero de forma lenta. Y su cambio de papeleta acostumbra a ser limítrofe a la idea anterior. Por otro lado, no existe cultura de voto en blanco. Son pocos los que optan por esa propuesta. Se prefiere la abstención. El voto que no cuenta.

En Cataluña, las cosas son muy parecidas. Sin embargo, la trasmutación entre la izquierda y la derecha es más habitual a través de las modas independentistas de los últimos años. De CDC a JxCat es un camino por el que han optado muchos de los votantes separatistas en los últimos años. Sobre todo, aquellos que sitúan como una farsa todo lo que está relacionado con España en lo judicial, lo político o lo económico.

Pero ese votante, en otro tiempo nacionalista, adscrito a su línea más ‘pujolista’, trastocado por el Estatut de Artur Mas y sacudido por los 18 meses hacia la independencia de Carles Puigdemont, cogió una gestualidad ‘cupaire’, cercano a la CUP, que desentonaba absolutamente en los principios burgueses y de liberalismo que albergaba en sus inicios la Convèrgencia de los 80.

Ese ‘feeling’ se siente. Está patente. Por ello, cuando esta semana la primera en la lista de la CUP y ex alcaldesa de Badalona, Dolors Sabaté, aseguró que ella no podía respaldar a una candidata imputada por un caso de corrupción como Laura Borràs, saltaron las alarmas. En Bruselas y en Barcelona.

Inmediatamente el aparato del partido radical hizo un comunicado para matizar sus declaraciones asegurando que sólo vetaría a un Govern “del 155” o que siguiera con una parálisis como la del actual. Y es que toda formación tiene sus puntos débiles. El de JxCat se centra en la necesidad que tiene el partido por la CUP. Les une el independentismo; les separa sus fórmulas de sociedad.

Este marco es una trampa más de las que representa la formación de Puigdemont. Sus orígenes no son los mismos. La tradición, tampoco.

La CUP viene de los movimientos sociales, lo asambleario y el anticapitalismo. En cambio, JxCat de todo lo contrario. Esta constituido de políticos que consideran el capitalismo una forma de organizarse. Cualquier tipo de capitalismo. Menos el que utiliza la denominación “español”, por supuesto. Ese de entrada es muy malo.

Los errores concentrados distancian a JxCat de sus votantes

Ese punto débil lo ha detectado desde el principio el Pdecat de Àngels Chacón. De hecho, entre el abrazo de Artur Mas al líder entonces de la CUP, David Fernàndez –dicen que se arrepintió– y los votos de la CUP a la elección de Puigdemont como president, se encuentra todo el magma del procés.

Esos errores concentrados distancian al partido de Laura Borràs de sus votantes. Sin embargo, parece no haber llegado el momento de reflexión profunda. Ya no se trata de pedir perdón. Esa acción parece no ser computable en la política actual, aunque un simple reconocimiento de las profundas torpezas cometidas bastaría.

Justo ahí es donde comienza el mensaje del Pdecat. Puede que tardío, puede que poco creíble. Pero es indudable que las propuestas independentistas llegaron para quedarse, a la vez que destruirse muy poco a poco.

Y así, existe un independentismo irreal e iluminado, dispuesto a impulsar nuevamente la DUI de no existir vías de negociación y sólo con el 50% del Parlament, y otro, desfasado, pero con la premisa de conocer los errores cometidos, al menos de momento.