La voz del pueblo

Aunque parezca mentira, en Cataluña, durante cierto tiempo, mucha gente creyó que todo el movimiento por el “derecho a decidir” surgía del pueblo y eran los políticos los que se sumaban obligados por las circunstancias. Bien, de hecho, todavía se pueden oír comentarios en esa misma línea.

Por supuesto, dicha afirmación, no resiste ni el más mínimo análisis. Para empezar, la “Plataforma pel Dret a decidir” se creó en 2005, con ERC y 58 ayuntamientos detrás para pedir que se respetara el Estatuto de Autonomía de Cataluña, un Estatuto que, créanme, provocaba bastante indiferencia entre los catalanes. De hecho, fue aprobado con los votos del 36,2% de la población. Cuesta creer ese mantra repetido hasta la saciedad de que la desafección de Cataluña –se empeñan en confundir la parte con el todo– hacia España surge de una enorme marea humana que se siente agraviada por los recortes de un Estatuto que no votó.

Además de esto, en 2011 Jaume López publicó, financiado por Unescocat, Del dret a l’autodeterminació al dret a decidir en el que venía a decir que la comunidad internacional es muy estrecha de miras con el tema del derecho a la autodeterminación y que ahí estaban ellos como avanzadilla democrática para arrojar luz sobre el tema. Quien mejor ha glosado, sin duda alguna, el concepto “derecho a decidir” ha sido Agustí Colomines, quien afirmó en un programa televisivo: “eso del derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos para no decir lo que es. Es derecho a la autodeterminación”. Los contertulios -y cabe destacar que entre ellos estaba Carme Forcadell- aplaudieron entusiasmados estas palabras así que parece que dio en el clavo. Desde luego, tiene toda mi admiración por su sinceridad y su enorme capacidad de síntesis.

Por si todo esto fuera poco, la manifestación de la Diada de 2012 y, sobre todo, la cadena humana de 2013, contaron con un despliegue propagandístico que, de haberlo pagado, hubiera supuesto una auténtica fortuna para sus organizadores, la Assemblea Nacional Catalana. Dicha organización se erige como los representantes de la sociedad civil aunque su dirigente, Carme Forcadell, ha sido miembro de la ejecutiva de ERC así como regidora del Ayuntamiento de Sabadell por dicho partido. Además, la ANC tiene un organigrama restrictivo, vertical y jerárquico y ha sido elegida por tan solo 75 personas, o sea, que de asamblea tiene el nombre y nada más, porque hay partidos con más democracia interna.

Por otra parte, Forcadell decidió un buen día que Ciudadanos y PP eran los adversarios de Cataluña y todos los demás el pueblo catalán. Vaya por Dios, pues si a ese “un solo pueblo” al que representan se queda ya, de entrada, sin más del 20% de las personas con derecho a voto, se nos queda un pueblo con una densidad de población bastante reducidita.

Tenemos, pues, que -según el discurso oficial- todo esto es cosa de los catalanes (excepto los 746.688 votantes de C’s y PP pero no pasa nada, porque ya hemos dicho que no son “pueblo catalán”) que pedimos de forma masiva votar para poder “decidir nuestro futuro”. Todo bien pero, entonces, ¿por qué CiU necesita hacer una campaña por toda Cataluña —la llamada “Ruta del Sí”– para intentar convencer a la gente de la necesidad de hacer la consulta? ¿No habíamos quedado que era el pueblo el que lo pedía y los políticos los que iban detrás? Pues con iniciativas como estas da la impresión de ser justo lo contrario.

Pero eso no es nada comparado con lo que aún nos faltaba por ver. El muy honorable Artur Mas no ha tenido nada mejor que hacer que intentar involucrar al Consejo Escolar de Cataluña en su aventura secesionista. Dicho Consejo está formado por docentes y padres y el Presidente les ha remitido una circular que ha llegado a colegios públicos, concertados y privados así como a los sindicatos del sector para pedirles que se movilicen en pro del referéndum.

Más allá de que resulta absolutamente incongruente pedir a la población que se movilice para eso que se supone que la población ya se ha movilizado y que, por ese motivo, los políticos se han puesto manos a la obra para poder darles la voz, me parece evidente que se debería velar por la exquisita neutralidad del sistema educativo.

Creo que cualquier país que se precie debe mimar la educación y volcar en ella todos los recursos humanos y económicos posibles. Ya sabemos que esto no es así en Cataluña y el último informe de la fundación Jaume Bofill es bastante contundente al respecto.

Pero, además, toda la comunidad educativa debe sentirse cómoda y se me antoja imposible que esto pueda ser así después de la misiva de Mas. ¿En qué tesitura quedan las familias que no son partidarias de la consulta? ¿Y los profesores que ven como aquellos de los que depende su sueldo les piden que se impliquen en promover algo con lo que no están de acuerdo? ¿O es que el Gobierno de la Generalitat da por hecho que el sistema educativo es su feudo, una herramienta más al servicio de su “construcción nacional”? Y, sobre todo, ¿es de recibo mezclar en todo esto a los menores de edad? Porque aunque Irene Rigau afirme que a ningún alumno le ha llegado la carta, la razón de ser de la enseñanza son los alumnos y todo lo que suceda en este ámbito está relacionado con ellos. Después de todo esto, a mí me da la impresión de que hay gente que no conoce la ética ni aunque se tropiece con ella.