Zapatero, su joyero y el PNV de cocinero
Aitor Esteban ha querido marcar distancias con Pedro Sánchez
El PNV ha tomado una decisión política de enorme calado y quizá todavía no es plenamente consciente de ello: ha decidido cocerse en la misma salsa que el PSOE. A fuego lento, al pil-pil si se quiere, pero en la misma cazuela donde hierven ya demasiados escándalos, demasiadas sospechas y demasiadas escenas impropias de una democracia que quiere ser seria.
Porque una cosa es sostener a un Gobierno incómodo por interés táctico. Y otra muy distinta es permanecer abrazado a él cuando empiezan a aflorar casos de corrupción con una estética entre esperpéntica y cortesana, mientras el país asiste atónito al desfile de imputaciones, rescates sospechosos, favores cruzados, mediadores oscuros y joyas halladas en el despacho de un ex presidente del Gobierno.
Aitor Esteban ha querido marcar distancias con Pedro Sánchez. Ha hablado de un Gobierno “sin rumbo, sin presupuestos y sin mayoría estable”. Lo dijo con gesto severo, casi episcopal. Pero el problema para el PNV es que ya no basta con el distanciamiento verbal. Porque después de tantos años sosteniendo la legislatura, resulta difícil convencer a nadie de que los nacionalistas vascos son simples observadores horrorizados de la decadencia “sanchista”. Todo el mundo sabe que son parte indispensable de su supervivencia. Si Sánchez sería un irresponsable, como dice Esteban, por alargar la agonía hasta 2027, también lo sería él por mantenerla.

El gran drama para el PNV es que Sánchez ya no representa únicamente desgaste político o polarización parlamentaria. Ha entrado en esa fase terminal donde el poder comienza a desprender olor a sótano cerrado. Y eso cambia completamente el escenario. En España se ha pasado en apenas unas horas de discutir sobre informes judiciales y redes clientelares a contemplar con perplejidad el hallazgo de relojes, collares, pendientes, discos duros y cajas fuertes en dependencias vinculadas al entorno de José Luis Rodríguez Zapatero y con preocupantes lazos con Venezuela. Algunos ven en estas joyas una sospechosa forma helicoidal.
Y ahí aparece el verdadero problema para el PNV. Porque los vascos mantienen con Venezuela una relación emocional e histórica que se remonta en el tiempo. Venezuela fue refugio, trabajo y esperanza para miles de familias vascas durante décadas. La memoria vasca de Caracas no está asociada al chavismo, sino al exilio, al esfuerzo emigrante y a una cierta idea sentimental de libertad y prosperidad.
Por eso el papel desempeñado por José Luis Rodríguez Zapatero en el país caribeño siempre produjo una incomodidad creciente en sectores importantes del electorado peneuvista. La imagen del expresidente entrando y saliendo de Caracas, legitimando procesos electorales imposibles de homologar democráticamente y ejerciendo de mediador oficioso de Nicolás Maduro ya resultaba políticamente tóxica para muchos votantes del PNV. Especialmente los encabezados por el veterano Iñaki Anasagasti, un caraqueño de nacimiento sin casi poder en el partido pero con mucho predicamento en los medios.
Aitor Esteban tiene que estar preocupado. La imputación de Zapatero en el caso Plus Ultra ha elevado la presión sobre los nacionalistas vascos de una manera que ya no es fácil de gestionar con un comunicado de distancia prudencial. El problema del PNV no es solo Sánchez. Es que sus socios en el gobierno vasco, el PSE, son los mismos socialistas que en Madrid rodean a un presidente cada vez más judicializado, cada vez más rodeado de casos, cada vez más difícil de defender ante el propio electorado nacionalista. Y la contaminación, cuando hay tanta, no respeta fronteras autonómicas.

Aitor Esteban ha querido interpretar en Durango el papel de político íntegro hastiado del desorden ajeno: en 2027 tendrán lugar las elecciones municipales y forales en Euskadi. Las forales son el gran tesoro del PNV, el control de las haciendas vascas, el instrumento real de poder que ningún jeltzale está dispuesto a perder. Y si las generales se celebran el mismo día, arrastradas por el efecto Sánchez, el riesgo de que el desencanto del electorado nacionalista se traslade a las urnas forales es un escenario que Sabin Etxea contempla con una angustia que no aparece en ningún comunicado oficial.
Dicho de otra manera: el PNV no está seguro de si quiere elecciones generales ya, porque teme a la derecha y especialmente si va de la mano de Vox. Pero tampoco puede seguir cargando con el muerto “sanchista” hasta 2027 sin que le salpiquen los juicios, la corrupción acumulada y el desgaste de quien ha sido cómplice por acción y por omisión de todo lo que está ocurriendo.
Así que ha decidido seguir cociéndose en la misma salsa. Como buen cocinero.