Nada cambia desde 2003: Tripartito amarillo o rojo

Illa pedía pasar página pero si gobierna lo hará, como Sánchez en Moncloa, rehén del independentismo y la ultraizquierda

Dieciocho años han pasado desde el primer Tripartito allá por 2003. Pasqual Maragall, Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Saura firmaron un pacto y lanzaron el Estatuto que actúo como acelerador de todo el desaguisado que vive Cataluña desde hace dieciocho años.

Este domingo los catalanes regresaron al pasado y como en la película de Michael J. Fox pueden elegir dos opciones de futuro a cual peor: el Tripartito de izquierdas que endeudó, arruinó la administración catalana y dio alas al independentismo mediante un nuevo Estatut abracadabrante, o un nuevo Tripartito indepe que nos llevo al 1 de octubre, el 3 de octubre y la declaración unilateral de la independencia que ha dado paso a la etapa económica y social más negra que ha vivido Cataluña desde 1939.

El poder, de una forma u otra, en manos de partidos desestabilizadores desde una perspectiva institucional y contrarios al libre mercado en un momento de crisis como el actual no auguran nada bueno para los catalanes se forme el Tripartito que se forme.

Salvador Illa pedía pasar página pero si gobierna lo hará, como Pedro Sánchez en Moncloa, rehén del independentismo y la ultraizquierda.

Si gobierna Pere Aragonès con Carles Puigdemont y la CUP iremos directos a una nueva fase del procés pero con una gran diferencia: en el otoño de 2017 en España había un gobierno dispuesto a garantizar el orden constitucional en Cataluña.

En el próximo intento indepe de golpe ni Sánchez ni Pablo Iglesias tendrán voluntad ni capacidad de promover la aplicación del 155 desde el Senado y los catalanes quedaremos al albur de lo que los separatistas quieran hacer.

El resultado de hoy pone de manifiesto que Cataluña está dispuesta a seguir en la trinchera, como en otra gran película, 1917.

Cataluña ha votado hoy para que nada cambie y para que todo siga deteriorándose, quizás a mayor velocidad porque en sus intervenciones Aragonès, segundo pero ganador, ya ha anunciado un incremento del coste de la factura del apoyo a la gobernabilidad de Sánchez y Laura Borràs ya ha dicho que el pacto con Aragonès debe incluir su agenda rupturista.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el candidato del partido al 14-F, Pere Aragonès, comparecen para valorar los resultados de las elecciones catalanas del 14 de febrero de 2021 | EFE/AE
El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el candidato del partido al 14-F, Pere Aragonès, comparecen para valorar los resultados de las elecciones catalanas del 14 de febrero de 2021 | EFE/AE

Casado necesita abarcar el centro a nivel nacional para recoger los cascotes de Cs

Cataluña tras la convulsión de 2017 podría haber apostado por pasar página, por reengancharse a la vida normal pero se ha manifestado cómoda en el fango procecista. Ya hace tiempo que Cataluña renunció a influir en la gobernabilidad de España, solo plantea en Madrid su agenda rupturista.

Después renunció a gobernar Cataluña. Los que han renunciado a todo ahora seguirán en el Gobierno y las instituciones catalanas. Una cosa es ocupar un espacio y el otro ejercer un cargo. De la retorica tóxica a la gobernanza hay un mundo.

Algo sí cambio este domingo por la noche: el gobierno Sánchez es más inestable, Illa no es decisivo, ERC encarecerá el coste de su apoyo y ese coste lo pagara la economía, la seguridad jurídica y el marco institucional en forma de inestabilidad.

Además, Iglesias gana influencia en el Gobierno de la mano de sus amigos independentistas catalanes y eso tampoco es una buena noticia ni para la economía ni para la estabilidad institucional.

Cuanto más Illa se implique en la negociación para formar gobierno en Cataluña peor para España, pero se implicará porque Iglesias es el caballo de Troya de ERC en el consejo de ministros.

No solo el Gobierno se ha metido en un escape room ayer por la noche; la oposición también. El PP ha vivido una campaña que le ha salvado su candidato, Alejandro Fernández, y que era imposible porque Pablo Casado necesita abarcar el centro a nivel nacional para recoger los cascotes de Cs y en Cataluña, en cambio, necesitaba lanzar un mensaje de defensa de los catalanes que se sienten abandonados por el gobierno de España y su Estado.

Vox se beneficia de esa contradicción y su resultado abrirá los ojos a muchos catalanes que creían que en esa comunidad autónoma la gente era mejor biempensante que en el resto de España y hará que Vox ponga sobre la mesa muchos debates que hasta ahora se consideraban políticamente incorrectos.

El próximo round será Andalucía, donde Casado se podrá desquitar pero Vox encarecerá visto lo visto ayer el coste de la factura de su apoyo.