Ni Borràs ni Canadell

Ni Laura Borràs ni Joan Canadell pertenecen a la subespecie de humanoides dotados con capacidad de triunfar, y tal vez siquiera de sobrevivir, en el azaroso ring del poder

Mientras esperamos el desenlace de la embestida de Ferraz contra la resistente Susana Díaz ,y después de apuntar que se trata de una auténtica batalla entre líderes provistos de peligrosos colmillos y no menos afiladas garras, pasemos a analizar las cualidades políticas de los números dos y tres de JxCat.

Al contrario de lo habitual en toda Europa, ni Laura Borràs ni Joan Canadell pertenecen a la subespecie de humanoides dotados con capacidad de triunfar, y tal vez siquiera de sobrevivir, en el azaroso ring del poder.

Más por avatares que por capacidades, Borràs se encontró con un cargo muy menor en el insignificante departamento de Cultura. Dejemos para los tribunales la resolución de su juicio, tras solamente apuntar que los mensajes publicados cuando se destapó el feo asunto son bastante explícitos y no tienen nada que ver con la ideología o el procés.

La cuestión es que, en vez de gestionar la arrinconada, cansina y poco menos que siniestra oficina de la Institució de les Lletres Catalanes, se dedicó a promocionarse sin el menos pudor, apareciendo ostentos e incansablemente, día y noche, en un increíble número de lugares con la sola finalidad de hacerse ver.

Hasta que Puigdemont se fijó en ella, en su labia y en su porte, y se propuso promocionarla. Así que Borràs montó en un globo aerostático, o mejor dicho fue depositada en el cesto e inició el ascenso, impulsada por un aire caliente que no era cosa suya.

Claro está que la temperatura y volumen del aire insuflado, no dependía ni depende en lo más mínimo de ella, ya que entre sus virtudes no asoman ni la inteligencia estratégica ni el zigzagueo táctico. A Borràs, excelente anuncio para el producto a promocionar, le bastó con exhibir sonrisas y elocuencia.

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La diputada Laura Borràs. EFE

Es todo lo que se precisaba en un mundo, el de JxCat, pergeñado por un jefe exiliado cuyo principal temor consiste en perder el liderazgo. Desde luego, y a pesar de su contundente presencia, Borràs es incapaz de hacerle sombra a Puigdemont.

Tan de perillas le venía al jefe el nuevo rostro que convirtieron su suplicatorio en un episodio más del encono de la judicatura contra el independentismo. Aunque la naturaleza del presunto delito fuera muy otra, no era cuestión de desaprovechar una imagen ya perfilada sino de adornarla con la aureola del martirologio.

Así habría llegado a la presidencia de la Generalitat de no ser porque el partido de Puigdemont sufrió un descalabro mayor de lo previsto. El caso es que el aerostático, en vez de depositar a Borràs a las puertas de la Casa dels Canonges, se detuvo unos palmos por debajo.

¿Y ahora qué? Menudo problemón, ubicarla un una hornacina visible, sin defenestrarla ni dejarle la menor posibilidad de errar. Pues bueno, esperando a ver cómo lo resuelve Jordi Sánchez, el auténtico cerebro político de la casa, pasemos a Joan Canadell.

Canadell, un zorro en el gallinero de JxCat

Así como Borràs fue un acierto para lo que de ella se pretendía, haber admitido al pequeño empresario Canadell entre sus filas y en puesto destacadísimo equivale, en vez de un activo, a encontrarse con una zorro en el gallinero de JxCat.

Canadell es listo, es osado, es oportunista, es temerario y va a lo suyo saltando de caballo en caballo. La ANC, no él, le ganó la presidencia de la Cambra, pero ya fuera porque se sentía incapaz de pilotar el vetusto transatlántico o movido por el impulso irrefrenable de su estratosférica ambición, se decidió a dar el salto, o sea el asalto, a la presidencia de Generalitat.

Dos cálculos debieron animarle. Primero, que JxCat ganaría a ERC. Segundo, que Borràs fuera inhabilitada más pronto que tarde. Pero como sabemos el primero ha fallado, por lo que lo segundo ha perdido toda relevancia. Menuda frustración. El salto le ha depositado, no de acompañante y sustituto en el cesto de globo sino en una burbuja rellena de vacío.

Pues bueno, en vez de esperar a que las negociaciones entre independentistas fructifiquen se propone tener voz propia torpedeándolas en público. Indisciplina, soberbia y peligro en las revueltas aguas de una formación de aluvión, que dista de ser un partido y se encuentra dividida tanto en el eje derecha derecha-izquierda como todavía más, en el otro, entre pragmáticos y radicales.

Al contrario de Borràs, que sabía donde se metía, cuál era su papel y lo astronómico de la posible recompensa, Canadell es un intruso. Al contrario de Borràs, que cuenta con un cierto aprendizaje, Canadell no posee la menor experiencia política.

Muy difícil sería que no acabe mal parado. Sus de pronto y sin desearlo compañeros le temen en vez de admirarle. No es fiable, no es disciplinado, no se va a conformar con el asiento que se le asigne. Gorda la armará si no lo desactivan de inmediato. La política, para los políticos, como en Berlín, en Génova o en Sevilla. No para los publicistas, y menos para quien se creen los amos del ring sin haberlo pisado jamás