No delates a tus amigos y mantén la boca cerrada

 El PSOE no es sino una gran famiglia, con una consigna que parece sacada de Uno de los nuestros, la gran película de Scorsese

Entre las muchas sorpresas que ha generado el auto de investigación/inculpación de José Luis Rodríguez Zapatero, destaca la de quienes señalan el excelente legado del personaje que se habría de celebrar y conservar. Discrepo. José Luis Rodríguez Zapatero es uno de los peores presidentes que ha tenido España desde la Transición. En concreto, ha sido el segundo presidente peor de esta transcendental etapa. Efectivamente, el peor ha sido/es un Pedro Sánchez que puede considerarse como un alumno adelantado de José Luis Zapatero. Tan adelantado que, en una reciente sesión de control del Congreso, afirmó que lo defendía.   

Más allá de lo que la Justicia investiga/impulsa –no es el objeto de este artículo-, estas líneas analizan la política de quienes defienden el legado de José Luis Rodríguez Zapatero; es decir, su política como Presidente del Reino de España.  

José Luis Rodríguez Zapatero es responsable del septenio rosa socialista (2004-2011) que, a decir verdad, debería denominarse el septenio negro. Vayamos por partes.  

La teoría: el populismo gaseoso que remueve intencionadamente los sentimientos del pueblo, el supremacismo ideológico de quien se cree en posesión de la verdad, la ingeniería social propia de quien desea  manipular la sociedad a la carta, la transformación de la política en un spot publicitario pulcramente diseñado y empaquetado, una política frentista que recurre al guerracivilismo para así dibujar a un enemigo a la carta que derrotar, una política económica que prácticamente condujo a la quiebra e intervención de España, una política internacional que puso  en peligro la seguridad y la credibilidad de España; el inicio de la desvertebración de la nación española.  

José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. (EFE: Ballesteros)
José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. (EFE: Ballesteros)

El legado: un pacifismo que legaliza terrorismo y terroristas con lemas como “No a la guerra” y proyectos como la Alianza de Civilizaciones, la apropiación del final de ETA –un Yo acabé con la banda olvidándose de los sacrificios y esfuerzos de muchos otros- aderezado de un blanqueamiento de propina, un humillar al ejército norteamericano con su bandera, huir irresponsablemente de la guerra delegando en los americanos, un multiculturalismo relativista que acepta –incluso, privilegia- toda clase comportamientos ajenos y de morales inadmisibles en una democracia, el retroprogesismo ecologista, el feminismo integrista, el educacionismo analfabetizador, un encabezar el “buenismo” que todo lo acepta, un promover el resquebrajamiento del Estado.   

Y pese a todo o gracias a todo,  José Luis Rodríguez Zapatero participa en los mítines de Pedro Sánchez. Intervención valorada muy positivamente por una militancia socialista que ve en el ex presidente un ídolo. Un Príncipe, en palabras de Delcy Rodríguez.    

Pedro Sánchez –decíamos más arriba- es el alumno adelantado de José Luis Rodríguez Zapatero. Los ejemplos sobran: falsifica el número de ocupados, “No a la guerra” y sí a los redentores de Gaza, desprecio/burla de Ronald Trump, qué bonita es la China comunista, bienvenido sea el Grupo de Puebla con sus autócratas incluidos, corrupción a granel, no a Eurovisión porque participa Israel, regularizar a todos los migrantes, cerremos las centrales nucleares, más sostenibilidad porque no es suficiente con una desconexión eléctrica total, feminismo de Estado, más impuestos y más funcionarios, tanto da el endeudamiento, amnistía de golpistas a cambio de unos votos en la investidura a la presidencia del Gobierno, colonización de las instituciones, desconfianza ante la magistratura independiente, que buena es la democracia iliberal, hay que envenenar la Constitución en beneficio de una España plurinacional. Ahí está el legado de Pedro Sánchez.   

Uno y otro –José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez: el cínico, el cobarde- han diseñado una política de la mentira, del ilusionismo y del vacío; una izquierda prepotente y displicente al tiempo que han implementado una operación de mercadotecnia ideológica y política con la intención de apoderarse del poder. Y vía libre. Y peligro. Y freno.      

José Luis Rodríguez Zapatero deja un buen heredero. O una buena réplica. O una marioneta. Por dos razones: en primer lugar, porque Pedro Sánchez ha canonizado –de momento, beatificado- la doctrina oficial zapaterista; en segundo lugar, porque ahora –cuando pintan bastos- ha proclamado su confianza, apoyo y lealtad nada menos que en el Congreso. Credo quia absurdum est, máxima atribuida a Tertuliano que, literalmente traducida, señala “creo porque es absurdo”.   Vale decir que Tertuliano era un apologético cristiano que creía que la fe está por encima de la razón. Así está el socialismo.     

La secretaria general del PSOE-A y candidata a la Presidencia de la Junta, María Jesús Montero durante su intervención en el acto público. Foto: Europa Press.

No es exagerado decir que, hoy, el PSOE no es sino una gran famiglia, con una consigna que parece sacada de Uno de los nuestros, la gran película de Scorsese: “Nunca delates a tus amigos y mantén siempre la boca cerrada”. La omertà socialista.  

No es exagerado añadir que el PSOE es todo menos un partido. Es una agencia de colocación, una oficina de negocios, una secta posmoderna, un pseudopartido, una especie de patchwork político-ideológico que obedece a intereses concretos y fantasías diversas y tenebrosas. Una película de terror.      

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