La política de la semana pasada
La agenda política se impone por impacto mediático mientras los conflictos internacionales con mayor alcance quedan en segundo plano
Hace una semana, el Gobierno desclasificó los documentos del golpe de Estado fallido del 23 de febrero; Alberto Núñez Feijóo pidió que el rey emérito, Juan Carlos I, volviera a España como un ciudadano más, una vez quede demostrado que fue él quien salvó la incipiente democracia española; Pedro Sánchez no pudo aprobar su “escudo social”; Yolanda Díaz anunció que no volvería a presentarse como líder de Sumar en las próximas elecciones generales; Pedro Sánchez comunicó que presentará ante la Unión Europea una serie de medidas para que los ultra ricos paguen más; y la campaña electoral en Castilla y León volvió a pivotar sobre cuál será el auge electoral de Vox.
Estas son algunas de las noticias que han centrado la atención de la opinión pública de esta semana y que tienen un rasgo en común: ninguna de ellas seguirá ocupando un lugar destacado en los medios de comunicación. Lo significativo es que tampoco ninguna tendrá un gran impacto en la vida de los ciudadanos. Los nuevos datos sobre el 23F y su desclasificación no permiten albergar ninguna esperanza de que la democracia española se fortalezca más de lo que ya está; del mismo modo, la apelación de Feijóo para restituir la dignidad a Juan Carlos I no abre necesariamente la puerta para su retorno a España; la renuncia de Yolanda Díaz no plantea ningún debate de fondo en la izquierda; y las medidas sociales que deseaba aprobar Pedro Sánchez podrán sacarse adelante más adelante por separado.
En relación a la propuesta española de que los ultra ricos paguen más mediante la creación de un nuevo impuesto europeo a las grandes fortunas, basta con que lo vete un país de la Unión Europea, como Luxemburgo, para que no pueda aprobarse. Y la campaña electoral en Castilla y León sigue su curso como cualquier otra campaña.
La enseñanza que nos ofrece la casi nula incidencia de estas iniciativas, medidas y acciones políticas es que la política actual ya no se mide por sus logros, sino por su incidencia mediática, su exposición pública y su capacidad de abrir debates que, para ser útiles a sus fines, no deben durar demasiado, a fin de evitar que se conviertan en verdaderos debates de fondo.
La política actual ya no se mide por sus logros
La pregunta que también debemos hacernos es por qué la noticia más importante de la pasada semana —la escalada militar entre Pakistán y Afganistán, la guerra abierta en la que están inmersos y que puede tener grandes consecuencias en Asia Central y en la estabilidad de la región— ha tenido una cobertura mínima en comparación con las otras noticias. La respuesta, como suele ocurrir, es que este conflicto no afecta de manera directa o inmediata a los líderes políticos españoles, aunque pueda llegar a producir un aumento del riesgo de terrorismo internacional, tensiones en los mercados energéticos, subida del precio de la energía, volatilidad en la bolsa y, si el conflicto se prolonga, movimientos migratorios.
La política de la semana pasada contrasta con la que estamos viendo esta semana, en la que el conflicto bélico desatado por Estados Unidos e Israel en Irán ha desplazado todos los debates políticos españoles, como si se hubiera invertido la tendencia informativa de hace cinco días.
O no tanto, porque la escalada militar en Oriente Medio solo ocupa la agenda política española para seguir en la misma senda de concreción de las iniciativas políticas de la semana pasada, que tenían muy poca incidencia en la vida de los ciudadanos.