Sancheando a Sánchez

Sánchez paga por primera vez algún precio político por haber propiciado, tras su dimisión, la traición de 15 diputados al PSOE, en cuyas listas llegaron al Congreso.

“El 18 de brumario de Luis Bonaparte”, una de las obras clave Karl Marx, comienza con una de esas frases brillantes y lapidarias que caracterizaban la prosa de este filósofo alemán nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818: «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa»

En este libro, publicado en 1858 en la revista “Die Revolution” Marx hablaba del golpe de estado dado por Luis Bonaparte en 1851, pero lo cierto es que puede aplicarse a muchos otros hechos históricos, ya sean estos revolucionarios, contrarrevolucionarios o mediopensionistas. Les voy a poner un ejemplo.

Comencemos si les parece por la tragedia, porque no puede calificarse de otra forma la votación producida en el congreso de los diputados el 30 de Octubre de 2016 en la que 15 diputados, entre ellos la actual presidenta del Congreso, Meritxell Batet, y la recién elegida vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, se saltaron la decisión del comité federal de su partido, y votaron “no” a la investidura de Mariano Rajoy en lugar de la abstención decidida mayoritariamente por el máximo órgano entre congresos de su partido.

Una revuelta palaciega propiciada por un Pedro Sánchez defenestrado escasas semanas antes de la secretaría general de su partido que además le sirvió como plataforma política y bandera para su victoria en las primarias sobre Susana Díaz. ¡No es no! ¿Recuerdan?

Una flagrante indisciplina que significó el trágico fin del PSOE tal y como lo conocíamos y el nacimiento de lo que tenemos ahora, una mera plataforma electoral al servicio de Sánchez.

Y vamos ahora con la farsa, porque lo que ha pasado hoy en la votación de los vocales del CGPJ en el Congreso de los Diputados no puede calificarse de otra forma, una verdadera farsa en la que tras el acuerdo al que habían llegado PSOE y Podemos con el Partido Popular para cumplir con el mandato constitucional, once diputados de ambos partidos se han saltado la disciplina de voto de sus grupos.

Una farsa que muestra que ni PSOE ni Podemos son de fiar, ya que son incapaces de hacer cumplir los acuerdos a los que llegan con otros partidos en la sede de la soberanía nacional.

Una farsa que en cierto modo podría calificarse de justicia poética ya que hace que Sánchez pague por primera vez algún precio político por haber propiciado, tras su dimisión, la traición de 15 diputados al partido en cuyas listas llegaron al Congreso.

Una farsa que muestra a las claras las consecuencias de haber destrozado una cultura política basada en la lealtad a unas siglas, la lealtad a una historia plena de sacrificios, el compromiso con unos valores y en el cumplimiento de la palabra dada.

Y por último, una farsa muy conveniente ya que salva la cara de ambos partidos ante un acuerdo que tras haber sido sellado con el PP no han dejado de boicotear en declaraciones de todo tipo.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en una sesión de control al Ejecutivo en el Congreso. EFE/ Emilio Naranjo

Hoy once diputados de los que componen la mayoría del gobierno en el parlamento han vuelto a insultarse a sí mismos, a sus partidos y de paso a la tradición de honestidad de la izquierda española sancheando al propio Pedro Sánchez. Un verdadero drama.

Por cierto, otro día hablamos de esa prensa que cuando los partidos no llegan a acuerdos les acusan de inútiles e incapaces y cuando consiguen hacerlo lo tachan de “pasteleo inaceptable”, porque es como para que se lo hagan mirar.

César Calderón