Diez años después de la última gran sequía, Barcelona tiene armas suficiente para afrontar un nuevo periodo de falta de lluvias.

Barcelona se arma para la próxima gran sequía

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Diez años después de la última gran sequía, Barcelona tiene armas suficientes para afrontar un nuevo periodo de carestía hídrica

Economía Digital

Diez años después de la última gran sequía, Barcelona tiene armas suficiente para afrontar un nuevo periodo de falta de lluvias.

Barcelona, 14 de agosto de 2017 (05:55 CET)

En los últimos días de julio Roma estuvo a punto de decretar una medida sin precedentes: cortes de agua obligatorios para un millón y medio de hogares de la capital italiana. Esta era la solución preparada por las autoridades ante una situación de sequía crítica que ha colocado las reservas de la ciudad en mínimos históricos. En el último momento, las administraciones optaron por exprimir uno de los acuíferos que dan de beber a los romanos, evitando así, al menos por el momento, los cortes de suministro. Pero la advertencia, y el peligro, siguen ahí.

La situación en Roma recuerda a la vivida en Barcelona y Cataluña justo hace una década. 2007 fue el año de inicio una sequía de más de diecisiete meses que alcanzó su punto crítico a finales de marzo de 2008. En esas fechas los embalses del Ter Llobregat, claves para el suministro en la provincia de Barcelona, bordeaban el 20% de su capacidad y la posibilidad de cerrar literalmente el grifo a la ciudadanía empezó a cobrar fuerza. Por suerte las lluvias regresaron en aquella primavera, incrementando así de manera paulatina las reservas en los embalses.

Sequía de 2007: con los embalses al 20% se plantearon los cortes de suministro

La experiencia, sin embargo, dejó huella a diferentes niveles dentro de la sociedad catalana. Para empezar, según apuntan los datos aportados por Aigües de Barcelona, la cultura del ahorro se ha generalizado. Desde 1998 los hogares del área metropolitana de Barcelona han reducido su consumo un 23%, hasta situarse ligeramente por encima de los cien litros por persona y día. Esta cifra prácticamente encaja en los rangos de consumo recomendados por la ONU (entre 50 y 100 litros por persona) y mejora con claridad a la media del conjunto de España.

Inversión en la red de suministro

Al mismo tiempo las administraciones y las empresas responsables de la captación y distribución del agua han hecho un esfuerzo inversor continuado en la última década. Fuentes de Aigües de Barcelona, sociedad a cargo del suministro para cerca de tres millones de hogares, cifran en 400 millones de euros la inversión destinada a la “mejora de la red de abastecimiento” en la última década. Esto excluye, por ejemplo, el capital dedicado a actividades como la desalinización u otros proyectos de reutilización de recursos hídricos.

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 Imágenes del centro de control operativo de Aigües de Barcelona

Desde la sociedad público-privada estiman así en alrededor de 40 millones anuales la inversión en el arreglo de tuberías y la mejora de la captación y canalización del agua, entre otras actuaciones, desde 2007. Una cifra más de diez puntos por encima a la de los años inmediatamente anteriores (2005, 2006), cuando la partida rondaba los 35 millones, señalan las mismas fuentes.  

Reducción de las fugas

Otra de las claves, según señalan la mayoría de los expertos, radica en la mejora de la eficiencia de los sistemas de abastecimiento. Esto es, reducir al máximo la pérdida de recursos durante su distribución. A día de hoy en torno al 6% del total del agua que corre por las entrañas del entorno de Barcelona se escapa por diversas fugas. Algo relativamente habitual en redes de abastecimiento tan grandes y complejas, pero que va camino de mejorar.

La inversión en la mejora de la red asciende a 400 millones desde 2007

De acuerdo al programa de Mejora de la Eficiencia Hidráulica impulsado desde Aigües de Barcelona, el objetivo es incrementar en 1,5 puntos el rendimiento del sistema a finales de este ejercicio. Una mejora que se traduciría en un ahorro equivalente al consumo anual de 68.500 personas, de acuerdo a los datos aportados por la empresa. Entre las medidas implantadas destaca la monitorización en tiempo real de la presión y el caudal de los 290 sectores de control instalados en la red. Ello permite identificar y arreglar las fugas que se producen bajo nuestros pies, en la red de distribución subterránea que provee de agua a los grifos de Barcelona y su área metropolitana.

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