Trias y Colau, el día que esta fue investida alcaldesa. EFE/Alberto Estévez

Cuando Colau hizo el agosto desgastando a Trias con un incendio veraniego

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Colau, que acusa a la oposición de exacerbar problemas típicos estivales, usó esos mismos conflictos para desgastar a Trias en su último año como alcalde

Barcelona, 12 de agosto de 2018 (04:55 CET)

“Revisen la hemeroteca de los últimos 15 años”, le espetó el miércoles a la oposición la teniente de alcalde Laia Ortiz. Todos los grupos salvo el del gobierno municipal y la CUP se pusieron de acuerdo en denunciar que Barcelona ha ido a peor en materia de seguridad y civismo y sometieron a Ada Colau y su ejecutivo a un nuevo castigo político en forma de reprobación. Ortiz, alcaldesa accidental por ausencia de Colau, de vacaciones, fue la encargada de encajar el chaparrón de reproches.

La teniente de alcalde alegó que todos los veranos, con Barcelona sometida a la llegada masiva de visitantes, un fenómeno que tiene “consecuencias en la convivencia”, remarcó, hay polémicas relacionadas con el uso intensivo del espacio público, y acusó a la oposición de orquestar una campaña inflamando todas esas tormentas de verano.

Como dice Ortiz, es habitual que en verano irrumpan polémicas de este tipo, y no solo desde que está Colau. Hasta hace una década, era habitual asociar las fiestas de Gracia a disturbios, y, efectivamente, la hemeroteca acredita que Joan Clos, Jordi Hereu o Xavier Trias, los tres alcaldes anteriores a Colau, ya encajaron críticas veraniegas de la oposición de turno por polémicas relacionadas con el botellón y otras conductas incívicas, las prácticas sexuales y pagadas en plena calle (o bajo los porches del mercado de la Boquería) o el aumento de los carteristas en el metro o de los trileros en la Rambla.

El verano horribilis de Trias

Pero si un verano es susceptible de ser comparado con este último del primer mandato de Colau es el último del mandato de Trias.

El entonces alcalde convergente, también, como ahora su sucesora, en minoría, encajó un último año horribilis que tuvo su cénit en los meses estivales. Trias, que cerró el mayo de 2014 lidiando con los disturbios de Can Vies, empezó aquel verano, un mes después, encajando su primera reprobación, precisamente por su gestión de aquella crisis, y lo siguió con el estallido vecinal en pleno agosto la Barceloneta, harta de los excesos de los visitantes low cost que invadían el barrio gracias a la proliferación de pisos turísticos ilegales.

Aquella llamarada tuvo entre sus impulsores a Gala Pin, entonces ferviente activista vecinal y hoy concejal de Ciutat Vella

Aquella llamarada tuvo entre sus impulsores a Gala Pin, entonces ferviente activista vecinal y hoy concejal de Ciutat Vella, y sería convertida en su principal caballo de batalla (contra el imparable boom turístico barcelonés) por la futura candidatura de Colau a la alcaldía.

Colau presentó la plataforma que acabaría convirtiéndose en Barcelona en Comú (BC) el día después de la reprobación a Trias por Can Vies. Y, casualidad o no, el 20 de agosto, el mismo día que la plataforma anunció que se convertiría en lista electoral al haber conseguido las 30.000 firmas de apoyo que se exigió como condición para hacerlo, los vecinos de la Barceloneta distribuyeron a los medios la icónica foto con dos turistas desnudos a las puertas de una tienda del barrio, una imagen que Pin ya había hecho circular vía Twitter un par de semanas antes.

El hartazgo vecinal en la Barceloneta fue uno de los principales combustibles usados para propulsar a Colau, que acusó a Trias de pasividad, insistió en su carrera a la alcaldía en que no tener las competencias en algún ámbito no era excusa para que el Ayuntamiento no actuara y no en vano arrancó su campaña electoral en el barrio marinero. Colau aprovechó los incendios estivales –o las tormentas de verano, como se prefiera–, para desgastar al alcalde y el gobierno municipal como el que más.

Baño de realismo

Esta semana, en la comisión en la que encajó su tercera reprobación, al gobierno municipal le recordaron aquel lema de Colau de que no valía escudarse en la falta de competencias para no afrontar un problema, porque la alcaldesa ahora se remite a los Mossos como garantes de la seguridad ciudadana. Querer, ha asumido la alcaldesa tras el baño de realismo que impone asumir tareas de gestión, ya no es poder.

Y del mismo modo que es cierto que Colau ha desplegado una intensa actividad inspectora para perseguir los pisos turísticos ilegales, también lo es que en Barcelona han aumentado los hurtos, que el Raval ha sido sembrado de narcopisos, que hay muchos más manteros que a principios de mandato y que en la Barceloneta no han dejado de protestar ninguno de los veranos posteriores a aquel del estallido.

Cuatro años después, los vecinos siguen hartos. Del incivismo asociado al turismo low cost que sigue asolando el barrio y ahora muchos también del top manta que invade de punta a punta el paseo Joan de Borbó.

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