Carles Puigdemont, junto a Anna Gabriel, en la sede europea de Naciones Unidas durante un acto sobre los derechos humanos en Cataluña. Efe

El Parlament dedica un último gesto a Puigdemont antes de iniciar su relevo

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La Mesa del Parlament tramita la reforma para la investidura a distancia, a pesar de que está condenada a acabar en los tribunales

Marcos Pardeiro

Economía Digital

Carles Puigdemont, junto a Anna Gabriel, en la sede europea de Naciones Unidas durante un acto sobre los derechos humanos en Cataluña. Efe

Barcelona, 19 de marzo de 2018 (20:58 CET)

No todo lo pactado entre Junts per Catalunya (JpC) y ERC sobre la investidura y sobre el plan de gobierno cabe en un papel. Existe un anexo secreto, una especie de pacto verbal, que incluye la escenificación de ciertas cosas para demostrar que se está haciendo todo lo posible para investir a Carles Puigdemont.

En este contexto hay que interpretar la decisión de este lunes de la Mesa del Parlament (con mayoría soberanista) de tramitar una reforma de la ley de Presidencia para permitir la investidura a distancia, un procedimiento que no reconoce el reglamento del Parlament y que el Gobierno piensa llevar al Tribunal Constitucional (TC) en caso de aprobarse.

Puigdemont renunció a la investidura "provisionalmente"

Los letrados del Parlament ya advirtieron hace unas semanas que esta reforma no se podía realizar mediante procedimiento de urgencia y tampoco sin el gobierno de la Generalitat constituido. Es decir, no se podía forzar las normas al antojo de los soberanistas para contentar a Puigdemont con un traje a medida. 

Pero JpC y ERC se comprometieron a confeccionar ese traje porque, al fin y al cabo, Puigdemont accedió a renunciar a la investidura "provisionalmente". Es decir, que si encuentra una brecha legal por la que colarse en el futuro no lo dudará.

Gobernar desde Bruselas

La reforma impulsada por JpC establece que el candidato a la presidencia no tiene por qué acudir al Parlament, sino que puede defender su investidura por escrito "o por cualquier otro medio previsto" en el reglamento de la cámara.

Y también añade un apartado a la ley de Presidencia para que todos los órganos de la Generalitat puedan "constituir, convocar, celebrar sus sesiones, adoptar acuerdos y remitir actas tanto de forma presencial como a distancia". Esto permitiría a un hipotético candidato que resida en un país extranjero, como es el caso actual de Puigdemont, dirigir la Generalitat desde Bruselas (Bélgica).

La tramitación acabará impugnada y, por tanto, será frenada de inmediato

Los partidos constitucionalistas se apresuraron a anunciar que presentarán peticiones de reconsideración a la Mesa del Parlament para frenar su tramitación y también confirmaron que acudirán al Consejo de Garantías Estatutarias en caso de que sea necesario. Todo ello ralentizará, inevitablemente, esta reforma diseñada para mayor gloria de Puigdemont.

En realidad, de lo que están verdaderamente pendientes las fuerzas soberanistas es de la vista de este martes de Jordi Sànchez en el Tribunal Supremo. Si el Alto Tribunal rechaza el recurso de Sànchez para lograr su puesta en libertad, JpC y ERC pondrán en marcha su plan C para una investidura, esta vez sí, efectiva.

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