El presidente de la Generalitat Quim Torra (d) y el vicepresidente, Pere Aragonès durante el pleno de este martes en el Parlament

El Parlament rechaza la reprobación del rey y la autodeterminación

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El independentismo pierde la mayoría en el hemiciclo debido a la tozudez de Carles Puigdemont con querer ejercer el voto delegado de forma ilegal

Marcos Pardeiro

Economía Digital

El presidente de la Generalitat Quim Torra (d) y el vicepresidente, Pere Aragonès durante el pleno de este martes en el Parlament

Barcelona, 09 de octubre de 2018 (17:55 CET)

No queda rastro del rodillo independentista que hace apenas un año imponía las leyes de desconexión con el resto de España. Junts per Catalunya, ERC y la CUP tan siquiera han sido capaces de sacar adelante este martes en el Parlament de Cataluña una reprobación contra el rey y una reivindicación de la autodeterminación.

La negativa de Carles Puigdemont y del resto de diputados de Junts per Catalunya suspendidos por el Tribunal Supremo (Jordi Sánchez, Jordi Turull y Josep Rull) ha acabado provocando la pérdida de la mayoría del independentismo en el Parlament. La Mesa del Parlament se negó antes del inicio de la sesión a que los suspendidos vulneraran la ley ejerciendo el voto delegado y la mayoría soberanista quedó hecha añicos.

De los 70 diputados que Junts per Catalunya (34), ERC (32) y la CUP obtuvieron en las elecciones del 21 de diciembre, sólo quedan 65 votos operativos. A los cuatro dirigentes mencionados hay que añadir a Toni Comín (ERC), que también se ha encastillado en la desobediencia.

Así las cosas, una propuesta de Junts per Catalunya y la CUP aparentemente sencilla de consensuar para los independentistas como la reprobación del rey y otra que constataba la "persecución política y existencia de presos políticos y exiliados" fueron rechazadas por el Parlament. Los 65 diputados operativos del soberanismo empataron con los 65 no independentistas (Ciudadanos, PSC, Catalunya en Comú y PP) y la propuesta decayó.

Sin autodeterminación

Lo mismo ocurrió con una propuesta de la CUP que reivindicaba "el derecho imprescriptible e inalienable de Cataluña a la autodeterminación, tal como se manifestó en las disposiciones aprobadas en esta cámara para poder ejercer este derecho". Tampoco salió adelante.

La fragilidad del independentismo quedó al desnudo y al independentismo sólo le quedó que volver a refugiarse en el simbolismo. La diputada de la CUP Maria Sirvent tomó la palabra para expresar que, para su partido, "esta propuesta está legítimamente aprobada por el pleno del Parlament" porque consideró que los votos de todos los diputados suspendidos por el Tribunal Supremo deberían ser contados.

Hubo aplausos tímidos de la bancada soberanista. No sirvieron para ocultar que el independentismo parlamentario es un muerto viviente.

 

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