La caída de una bola de fuego ilumina el sur de Albacete

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El observatorio de La Hita, en Toledo, registra el impacto de una roca de 30 kilos que generó un brillo diez veces más intenso que el de la luna llena

Captura de imagen de la bola de fuego que cayó al sur de Albacete. / Observatorio La Hita

Barcelona, 01 de abril de 2016 (12:50 CET)

El sur de España está camino a convertirse en un observatorio privilegiado de meteoritos y rocas que caen del cielo. En la madrugada del 31 de marzo, una roca de 30 kilos que se desprendió de un cometa estalló al impactar contra la atmósfera, y generó un fulgor que equivale a diez veces el brillo de la luna.

"Ha sido especialmente espectacular", describieron los científicos del complejo astronómico La Hita, en Toledo, que registraron el fenómeno. Hacia las 3.26, la roca chocó contra la superficie a 90.000 kilómetros por hora, y el impacto creó una bola de fuego que pudo ser divisada en Madrid, Castilla-La Mancha, Valencia, Murcia y Andalucía.

 

La noche se hizo día 

El fulgor se generó a una altitud de 100 kilómetros sobre la vertical del pueblo de Villapalacios, en Albacete; y la bola de fuego fue descendiendo en dirección noreste hasta ubicarse a 55 kilómetros a la altura de la localidad de Casas de Lázaro, en la misma provincia, donde se extinguió tras una potente explosión "que convirtió la noche en día durante una fracción de segundo", precisaron los científicos.

El fenómeno pudo ser registrado por los detectores que la Universidad de Huelva opera en varios puntos del país: además del Complejo Astronómico de La Hita, cuentan con sistemas en Sevilla, Huelva y el observatorio de Calar Alto (Almería).

Estos detectores trabajan en el marco del proyecto 'Smart', cuya finalidad es vigilar continuamente el cielo para registrar el impacto contra la atmósfera terrestre de las rocas procedentes de distintos lugares del Sistema Solar.

Hace poco más de un mes, un meteorito que cayó en Córdoba generó un brillo cinco veces superior al de la luna llena. En ambos casos, estas rocas se destruyen en la atmósfera, y ningún fragmento llega hasta el suelo.

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