Valls (izquierda) y Corbacho, en un acto de precampaña. EFE/Alejandro García

La crisis en Ciudadanos condena a Colau a la minoría

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Tras la ruptura de Celestino Corbacho, al gobierno de Colau y PSC ya no alcanzará la mayoría con apoyos eventuales de Manuel Valls

Barcelona, 18 de junio de 2019 (20:56 CET)

Entre las múltiples ondas expansivas que comportan la ruptura de Manuel Valls con Cs y el salto al partido naranja del exministro saocialista Celestino Corbacho, uno de los independientes que integraban la lista liderada por el ex primer ministro francés, está una que sacude muy directamente al bipartito de Ada Colau, que con esa distorsión aritmética ve como se reduce el margen de maniobra del que dispondrá para tirar adelante sus políticas. 

Colau, investida el sábado con los votos de Barcelona en Comú, el PSC de Jaume Collboni y los tres ediles del grupo de Valls que no pertenecen a Cs, él incluido, cuenta con 18 ediles —10 de los comunes y ocho socialistas—, con lo que el ejecutivo municipal está a tres votos de distancia de la mayoría absoluta, fijada en 21 en el pleno municipal.

Así las cosas, que Barcelona pel Canvi (BCanvi) , el grupo de Valls, de seis concejales, se fragmentara en dos de tres ediles cada uno permitía a Colau aprovechar cierto juego de cintura, porque incluso con Cs de espaldas a sus iniciativas, para garantizarse la aprobación de las mismas siempre podría bastarle con convencer a los de Valls, que en la sesión de investidura se ofreció a negociar grandes temas de ciudad y que hasta la fecha exhibe planteamientos menos maximalistas que el partido naranja.

El paso de Corbacho a Cs deja sin embargo a Valls en un grupo de dos con Eva Parera, sin capacidad, por tanto, para decantar por sí mismo una votación, mientras que los de Albert Rivera se quedan con cuatro. De modo que a Colau y Collboni ya no les bastaría con convencer a BCanvi. Y, a priori, se antoja bastante más impensable que consigan los votos de Cs. Aunque este martes, tanto el portavoz de  Cs en el Parlament, Carlos Carrizosa, como fuentes del entorno de Valls remarcaban que ambos grupos coincidirán en muchas votaciones, porque comparten principios y programa electoral.

Geometría variable

Por lo que respecta al resto del pleno, no parece que le queden a Colau muchas complicidades por explotar. El sector constitucionalista lo completa el PP, aún más alejado ideológicamente del ejecutivo municipal, y que también cuenta solo con dos ediles, por lo que sus votos tampoco resultan decisivos. Y en el extremo opuesto del espectro político se sitúan los dos partidos independentistas, Junts per Catalunya (JpC), con cinco concejales y empeñado en un maximalismo que le impide avalar ninguna política no tanto de los comunes como de los socialistas, y ERC, con 10.

De las dos formaciones, la de Ernest Maragall es la más cercana ideológicamente a los comunes, pero el portazo de Colau que ha dejado a Maragall sin alcaldía y en la oposición es una afrenta por la que los republicanos ya han dejado claro que piensan pasarle factura. 

Aún así, Colau y Collboni pueden jugar igualmente a la geometría variable porque sus 18 ediles son tres más que los que suma el bloque independentista, mientras que Valls, Cs y PP se quedan en conjunto en ocho concejales. De modo que bloquear al gobierno implicaría que ambos bloques se alinearan en contra suya, y una coincidencia habitual en las votaciones de unos y otros podría ser explotada políticamente por comunes y socialistas. Pero, pese a que Colau pasa de gobernar con 11 concejales a hacerlo con 18, le espera otro mandato difícil y sembrado de negociaciones intensas, votaciones agónicas y, si la oposición se lo propone, plenos de los de tragar saliva, encajar palos y sudar tinta.

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