Torra recula: acudirá a Tarragona con el Rey

La lista de peticiones de Torra a Sánchez impide cerrar su entrevista

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Los gabinetes de Gobierno y Generalitat no logran cerrar todavía ni la lista de temas ni la fecha para abordarlos. Torra aumenta la presión y la urgencia

Barcelona, 16 de junio de 2018 (04:55 CET)

Pedro Sánchez no quiere precipitarse con su primera cita con Quim Torra, pero a medida que enfría las expectativas de una entrevista (que sigue sin fecha) y que alarga los preliminares del encuentro, éstos van adoptando hechuras de guerra fría.

El Govern, con la mosca tras la oreja, lleva toda la semana insistiendo en que la cita Sánchez-Torra no puede ser una más en una ronda de reuniones con presidentes autonómicos. Sánchez, por su parte, quiere ahuyentar la idea de que piensa pagar un precio político a los soberanistas catalanes y en este contexto hay que encuadrar su reciente anuncio: antes de verse con Torra lo hará con el lehendakari Íñigo Urkullu con el pretexto de que el orden de las reuniones lo marca la antigüedad de los estatutos de cada una de las autonomías.

Torra: "Si Sánchez considera que no es urgente reunirnos es que no ha entendido nada"

La reacción de Torra, como tantas veces, fue vía Twitter: “Si el gobierno del PSOE considera que no es urgente reunirnos y nos sitúa en el paquete de las comunidades autónomas, es que no ha entendido nada”, publicó en la red social, en la que luego se hizo eco de una reunión con el arzobispo de Urgell, Joan Enric Vives, que calificó como su “primer encuentro con un jefe de Estado”, porque Vives es también copríncipe de Andorra.

El president visitaba ayer, viernes, la Seu d’Urgell (Lleida) y, en un encuentro con empresarios, añadió al zurrón de peticiones la retirada del decreto con el que Mariano Rajoy atendió a las empresas que pedían poder modificar su sede social para desplazarla de Cataluña a los pocos días del 1-O. Es la última de las demandas que se van acumulando, mientras la cita con Sánchez no se acaba de concretar.

El papel de Batet y Artadi

El Gobierno, que no ha aclarado cuándo empezará Sánchez con Urkullu la ronda de reuniones con líderes autonómicos, se comprometió a que el encuentro con Torra se produjera antes del verano (21 de junio), pero el soberanismo comienza a dar por hecho que la cita tendrá que esperar hasta julio. Y se impacienta.

La ministra de Función Pública, Meritxell Batet, y la consellera de Presidencia, Elsa Artadi, llevan toda la semana trabajando en el encuentro, para que la entrevista tenga algún contenido al margen de la foto. Batet intenta engrasar el arranque de las conversaciones con la recuperación de las leyes catalanas no relacionadas con el procés que tumbó el Tribunal Constitucional, pero Artadi pide más. "Los gabinetes siguen hablando, no hay nada cerrado", explican fuentes involucradas en las conversaciones.

"Los gabinetes siguen hablando, no hay nada cerrado"

Sánchez prepara otro caramelo: poner sobre la mesa la mayoría de aquellas 46 peticiones que Carles Puigdemont le hizo llegar a Rajoy a principios de la legislatura pasada. Pero, a medida que la espera se ha alargado, el terreno de juego se ha ido envenenando. Singularmente, a vueltas con el acercamiento de los dirigentes independentistas en prisión preventiva, una exigencia que ha ido a más en los últimos días y que ha propiciado un llamativo intercambio entre el Gobierno y el juez Pablo Llarena.

Llarena, tras meses sin pronunciarse  sobre la cuestión, recordó que la decisión sobre un eventual traslado de los presos a Cataluña no le corresponde a él, sino a Instituciones Penitenciarias. Lo hizo en una resolución emitida el jueves, la misma mañana en la que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, le atribuyera a él la decisión.

El culebrón lo zanjó la portavoz del Gobierno, Isabel Celáa, alegando que el Ejecutivo decidirá sobre el acercamiento cuando acabe la instrucción. La percepción de que Sánchez maniobra para posponer una decisión que el independentismo considera “un derecho” ha acabado de tensar una espera para la que aún quedan días y que cada vez más se antoja un campo de minas. 

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