Dolores Delgado, de la fiscalía al Ministerio de Justicia
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Lo tiene mal Delgado, que se apresuró a confesar que había recuperado la memoria, después de conocerse la grabación y de negar a Villarejo

Madrid, 25 de septiembre de 2018 (04:55 CET)

El cronómetro se ha puesto de nuevo en marcha. La liturgia es siempre la misma. En un primer acto del libreto, el acusado niega todos los hechos. Con la aparición de nuevos datos, la negación se matiza. Y cuando ya es demasiado tarde, se admite lo sucedido, con la sordina de que todo se debe a una maniobra de la oposición para hacer daño al Gobierno.

El audio de la comida que conocimos este lunes, de una comida celebrada en 2009, fue grabado presuntamente por el excomisario Villarejo, ahora en prisión provisional. Además, el volumen sube cuando el que habla es él.

Si usted que me está leyendo ha saludado alguna vez a este peculiar policía, conseguidor sumergido en las cloacas del Estado, sepa que estará en su archivo. “Por defecto”, como algunas funciones de los ordenadores, Villarejo está programado para grabar.

Baltasar Garzón junto a su amiga Dolores Delgado, “Lola” para los comensales de esta sórdida reunión, hablaron como viejos amigos con los policías Enrique García Castaño, “El Gordo”, Miguel Ángel Fernández Chico, Gabriel Fernández Chico y Gabriel Fuentes, junto al mencionado Villarejo.

No se puede deducir que los convidados fueran gente refinada. Lenguaje vulgar, expresiones homófobas referidas al magistrado Grande Marlaska, hoy ministro de Interior, y frases soeces de viejos camaradas. No se puede decir que no se conocían bastante por la grosera confianza con la que hablaban entre ellos.

Una más en un universo machista

Lola era “uno” más en este universo machista y en ningún momento puede deducirse de sus palabras en el audio que la ministra, entonces fiscal en la Audiencia Nacional, se sintiera incomoda con ese lenguaje tabernario.

Lo tiene mal la ministra, que se apresuró a confesar que había recuperado la memoria, después de conocerse la grabación y de haber negado dos veces, una con matices, que se hubiera reunido nunca con el excomisario. Se acordó que había coincidido con Villarejo en tres ocasiones.

Cuesta creer que una relación tan asentada y cordial como la que se desprende en el audio de la ahora ministra con Villarejo se le hubiera olvidado de repente. Menos mal que ha recuperado la memoria.

Conviene recordar que todo esto viene a colación de una investigación actual de la Audiencia Nacional sobre los negocios del excomisario Villarejo y del exjuez Garzón por encargo de un empresario español para desactivar su petición de extradición a Guatemala.

Garzón factura 14 millones con su nuevo despacho

Estos días hemos sabido también, que a Garzón le va muy bien en su despacho. Ha facturado catorce millones de euros en los últimos años, pero no precisamente por vestir toga en los juzgados. Ahora la Audiencia está detrás de la actuación como “cuates” –expresión utilizada en México para quienes son casi hermanos en los negocios- del excomisario Villarejo y el exjuez.

La ministra Delgado, después de su ejercicio de memoria, pidió comparecer “a petición propia” en El Congreso, para explicar lo sucedido.

La oposición carga baterías. Las hemerotecas arden para hacer un buen resumen de la trayectoria de la actual ministra de Justicia, desde su participación en una cacería en la finca Cabeza Prieta, en Andújar, provincia de Jaén, en la que participó el entonces ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, quien era Comisario General de la Policía Judicial, Juan Antonio González y Garzón.

Ocurrió en febrero del 2009, unos días después de que el magistrado enviara a prisión preventiva a los cabecillas de la Gürtel. Unos días más tarde, Bermejo presentó su dimisión como ministro.

Lástima que el desaparecido Luis Berlanga no hubiera podido recrear esta cacería de muflones de gente tan distinguida para un remake de La escopeta nacional.

Explicaciones pendientes de Delgado

A buen seguro que la ministra cuestionada va a tener que dar muchas explicaciones también sobre su trayectoria en paralelo con Garzón.

Por ejemplo, su desacuerdo, en los hechos probados y la resolución del Tribunal Supremo, sala en la que estaba el magistrado Pablo Llarena, que apartó de la carrera judicial al magistrado Garzón. ¿Ha tenido algo que ver esa circunstancia con el intento de la ministra de Justicia de negar los gastos de defensa del magistrado Llarena en la demanda interpuesta por Carles Puigdemont en Bélgica?

El presidente de Gobierno, una vez más, tuvo que agarrar el extintor para apagar el fuego de un miembro del Gobierno.

El cronómetro se ha puesto en marcha en la carrera de San Jerónimo y la cosa no pinta bien. En palabras de un diputado socialista “esto pinta peor que los primeros tiempos de Carmen Montón antes de que presentará su dimisión”. ¿Aguantaría Sánchez la tercera dimisión en su gabinete en menos de 140 días?

Sin duda una pregunta inquietante.

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