Tras aplicar el 155, el Gobierno de Mariano Rajoy convocó a elecciones en Cataluña para el 21-D. EFE/ED
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A cinco días del 21-D, es indiscutible que la aplicación del 155 y la convocatoria de elecciones han surtido efecto en Cataluña

Barcelona, 17 de diciembre de 2017 (04:55 CET)

Solo cinco días para conocer los resultados. Como nos domina la expectación, el tiempo se expande, se hace eterno. Una paradoja, porque es el primer paso en la solución de un problema que se ha larvado durante años. Ahora nos desesperamos por conocer el desenlace de un proceso que necesitará mucho tiempo para sedimentar una solución. Empieza el tiempo de la política.

Casi todos los análisis vaticinan un bloqueo para la formación de Gobierno. La tentación masoquista es considerar que nada de lo que se ha hecho sirve para solucionar el problema. Una crisis grave, profunda y compleja no admite soluciones instantáneas. Será un éxito si conseguimos un punto de partida. Y contra los pronósticos dominantes, cosas muy importantes habrán cambiado en Cataluña el día 21. También en el conjunto de España.

La sociedad líquida de las redes promueve hiperventilación mediática. Ansiedad por conocer todo instantáneamente y online. Sobre todo, nos ocurre a periodistas y políticos.

Me explicaré: la hiperventilación es una descompensación de la respiración al inhalar un exceso de oxigeno que rompe el equilibrio con el dióxido de carbono que expulsamos. Al estar hiperventilados, paradójicamente tenemos sensación de asfixia y tratamos de respirar más y más profundamente. El remedio improvisado agudiza el problema y promueve pánico por miedo y sensación de asfixia.

Ese síndrome promovió la creencia de que la aplicación del 155 causaría un tsunami. Se disolvió el Parlament, la Justicia envío a una parte de los líderes del secesionismo a prisión y otros se fugaron al extranjero. Se convocaron elecciones desde el Gobierno del Estado y los insurgentes aceptaron la convocatoria. De hecho, se doblegaron ante la ley. Los presos preventivos acataron su cese. Lo hicieron solo para salir de la cárcel. Unos lo consiguieron y otros no. Pero las turbamultas y las protestas anunciadas nunca se produjeron. Estamos en el comienzo de la normalización. Y eso nos debiera llenar de satisfacción, tal y como estaban las cosas.

Si bien debemos esperar a la noche del 21 para ver los resultados, ya hay logros indiscutibles

Convengamos en que es arriesgado y probablemente inútil establecer pronósticos sobre los resultados electorales. Debemos esperar a la noche del 21 de diciembre para procesar las urnas y sacar conclusiones. Pero hay logros indiscutibles.

Hagamos un arqueo de lo conseguido.

Primero, parece al alcance de la mano que un partido constitucionalista gane las elecciones en Cataluña, tanto en porcentaje de votos como en escaños. Un milagro dada la descompensación a favor de las circunscripciones menos pobladas y más rurales, con predomino de población independentista.

La mitad de la sociedad catalana, escondida desde sus sentimientos también españoles, ha salido a la luz, se ha movilizado y forma parte de una paisaje sociológico y político del que es probable que ya nunca desaparezca. No hay un pueblo unido que quiere la independencia. Se ha demostrado que es una sociedad plural en la que unos querían imponer la secesión a los demás.

Segundo, la unidad independentista está quebrada, tal vez por mucho tiempo o para siempre. La lucha por la hegemonía nacionalista entre lo que queda de la antigua CiU y ERC, abrirá un proceso de contradicciones que dificultará la unidad de intereses y de acciones de los partidos que estaban coaligados. La CUP sería necesaria en el intento de reditar una nueva mayoría, pero esta vez con dos socios en vez de uno.

¿Cuanto tiempo aguantará otra vez una alianza contra natura de un movimiento transversal dividido con un partido antisistema, controlando todos los movimientos secesionistas? El imaginario de un solo pueblo unido en torno a la independencia, será mucho más difícil de mantener.

Tercero, los daños producidos por la intentona separatista se han demostrado innegables. Fuga de empresas, caída del turismo, empeoramiento de todos los parámetros económicos en relación al conjunto de España, caída del consumo... Innegable el horizonte de deterioro de una hipotética Cataluña independiente. Aviso para futuras tentaciones.

Las promesas de resistencia de los héroes del procés se han diluido al aceptar la aplicación del 155

Cuarto, aislamiento internacional irrebatible. Ni un solo apoyo exterior de fundamento. Se ha desmontado el camino de una Cataluña independiente reconocida en la comunidad internacional.

Quinto, confesión del fracaso del procés por sus autores. Exculpaciones que solo pueden interiorizar los fanáticos. El tiempo hará su trabajo ante los intentos de reedición. Será mucho más difícil repetir el engaño.

Sexto, prevalencia del estado de derecho. Demostración de que el incumplimiento de la ley tiene consecuencias penales, respaldado por la comunidad internacional. Aplicación de la Constitución ordenada y eficaz, sin grandes desordenes ni movilizaciones.

Séptimo, derrota del relato y la épica secesionista. Construido durante mucho tiempo, con utilización del sistema educativo, la arcadia y el acceso a la independencia como un camino posible se ha desmoronado. Se ha demostrado que cualquiera que vulnere la ley paga las consecuencias.

Los sediciosos, cuando han visto la fuerza de la ley, se han acomodado a la sumisión para intentar aliviar la acción de la Justicia. A los héroes del procés les han temblado las piernas y sus promesas de resistencia se han diluido al aceptar de hecho la aplicación del 155, empezando por reconocer y participar en unas elecciones convocadas desde el Gobierno de España en aplicación de la Constitución.

El PP sufrirá una derrota en Cataluña que puede influir electoralmente en el resto de España

Octavo, la intentona de fragmentar la soberanía nacional ha despertado un patriotismo constitucional español que estaba dormido o no se había formulado. Ha puesto en valor la Constitución de 1978 y, probablemente, la necesidad de reformarla para que mantenga su vigencia. Un logro importante en un país acostumbrado a minusvalorar sus potencialidades y las garantías de su estado de derecho.

La lista podría ampliarse. No creo que sea necesario ser exhaustivo. Hay algunos otros logros que pueden ser positivos o negativos, según la interpretación que se haga.

El Partido Popular va a sufrir una importante derrota en Cataluña que puede tener influencia electoral en el conjunto de España. Un gobierno sustentado en poco más de un seis por ciento de los votos en Cataluña tendrá dificultades para liderar el proceso de solución del problema. Y la amenaza de un sorpasso en el conjunto de España por Ciudadanos no le augura a Mariano Rajoy un final de legislatura cómodo. El corolario de esta consideración es que la alternancia en el gobierno de España será más asequible.

Manejar los resultados electorales será un gran reto político. El punto de partida es la pérdida de poder de los dirigentes del procés y el fortalecimiento de los planteamientos de convivencia. La vía unilateral, que sus protagonistas reconocen agotada, será casi imposible en el corto plazo. ¿Puede Cataluña seguir sin un programa de gobierno para atender las demandas de sus ciudadanos ocupándose las instituciones solo de la quimera de procés?

El horizonte después del 21-D será complejo. Es posible que haya que repetir elecciones si la matemática y la finezza política no encuentran camino. Pero este escenario no será peor que el que perfiló el golpe contra la democracia y la declaración unilateral de separación de una parte tan importante de España como es Cataluña.

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