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El expresident apuesta por grandes movilizaciones populares cuando el Gobierno impida la celebración del referéndum

Manel Manchón

Economía Digital

El Tribunal de Cuentas exigirá a Artur Mas que responda con su patrimonio por los gastos del 9-N.

Barcelona, 04 de mayo de 2017 (07:55 CET)

La recta final del proceso soberanista para poder celebrar el referéndum está llena de contradicciones y proyectos cruzados. El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, ha puesto la directa y reclama que nadie se arrugue antes de tiempo, según varias fuentes consultadas. Empuja y presiona al presidente Puigdemont y a todo el movimiento independentista a asaltar la calle frente a Rajoy cuando, tras convocar el referéndum, el Gobierno lo impida.

La intención de Mas es presionar al máximo para buscar una instancia europea o internacional que aconseje al jefe del Ejecutivo español a buscar una salida pactada.

¿Artur Mas? Sí, el mismo. Hasta hace muy poco en algunos foros empresariales, y pese a dejar claro que no iba a renunciar a su proyecto soberanista, algunos responsables patronales, como Joaquim Gay de Montellà, seguían hablando de Mas como un dirigente ‘business friendly’. Pese a mantener distancias con él, se quería seguir contando con Mas de cara al futuro, porque se entendía que, en realidad, el dirigente del Pdecat quería alcanzar un plan B, forzar una negociación, para alcanzar los verdaderos objetivos, como un pacto fiscal o el blindaje definitivo de competencias sobre lengua y cultura.

Eso, sin embargo, ya es pasado. El ensayista y escritor Jordi Amat ha definido a Mas como “travestido de cupaire encorbatado”, y de ello ejerce al entender que, llegado a este punto, el soberanismo no puede ceder y dejar que todo acabe en unas elecciones autonómicas.

Mas ha comenzado a ser un claro problema para el Pdecat con su apelación a la épica

Pero la figura de Mas ha comenzado a ser un problema para todos los actores implicados, porque su propio partido busca una salida que le posibilite mantener su espacio ideológico, y Esquerra Republicana desea aprovechar su momento y demostrar que puede gobernar con eficacia, sin renunciar a su proyecto independentista a medio plazo.

A Mas le acompañan algunos fieles, entre ellos Jordi Turull, el presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí, que, de hombre convergente clásico, también encorbatado, ha pasado a agitador en las redes sociales, acosando a periodistas, como a Cristian Segura, por haber publicado las advertencias del diputado soberanista Lluís Llach a los funcionarios que no cumplan con las leyes de ‘desconexión’.

“Si te interesa el tema –le dice a Segura—qué tal un reportaje sobre el señor Cebrián –presidente de Prisa—guardia civil, referéndum?”, en alusión a las opiniones de Cebrián, exdirector del diario El País, donde escribe Segura, sobre la posible aplicación del artículo 155 de la Constitución sobre la autonomía de Cataluña.

Los fieles de Mas se han convertido de 'encorbatados' a agitadores en las redes

Mas quiere presionar hasta el final, aunque pueda avalar la fórmula por la que se está inclinando el partido, y que tiene en la candidatura de Santi Vila, el consejero de Cultura, una salida para el post-referéndum anulado.

En los últimos días Mas repite que seguirá “luchando”, y que no se limitará a aguantar como pueda los procesos judiciales. De hecho, quiere agotar todas las posibilidades legales y ha presentado un recurso de casación ante el Tribunal Supremo para que anule la sentencia del TSJC por la causa del 9N, que le condenó a una inhabilitación especial para el ejercicio de cargos públicos electivos y funciones de gobierno durante dos años.

Lo que pretende Mas es tener posibilidades, de nuevo, de ser candidato. No se quiere rendir. Y buscará una y otra vez sacar la cabeza para liderar el proceso. Es su voluntad, aunque en su partido sea ya un problema notable, y pese a la posible sentencia en el caso del Palau de la Música, que se prevé para antes del verano y que podría constatar que hubo una financiación irregular y delictiva de su partido, Convergència, siendo él el máximo dirigente.

Las movilizaciones que pide Mas, mientras otros sectores del independentismo insisten en agotar todas las vías jurídicas –este mismo miércoles más de 500 juristas insistieron en que la celebración de un referéndum puede ser constitucional—tendrán otra nueva prueba en los próximos días.

El PNV ha despertado al soberanismo de un sueño, con puro 'peix al cove'

Las dos entidades soberanistas, la ANC y Òmnium Cultural, han convocado movilizaciones para el juicio de los miembros de la mesa del Parlament ante el TSJC, los próximos 8 y 12 de mayo. La presidenta del Parlament, Carme Forcadell y el resto de miembros de la Mesa están citados a declarar por presuntos delitos de desobediencia y prevaricación y por permitir votaciones de resoluciones parlamentarias vinculadas al proceso soberanista.

Mientras, las mismas entidades preparan la Diada del 11 de septiembre, que constituirá el arranque definitivo hacia un referéndum que el Gobierno tratará de impedir. Es en ese momento cuando Mas quiere una gran fuerza en la calle para buscar un pulso cada vez más complicado con el Estado.

Y, ocupados en todo ese embrollo, sin una salida aparente, el nacionalismo vasco ha provocado una gran sacudida al tablero español: el acuerdo del PNV con el Gobierno, que permitirá a Mariano Rajoy sacar adelante los presupuestos de 2017, supondrá la renovación del cupo vasco, y una inyección de inversiones en el País Vasco. Puro ‘peix al cove’ al que ha renunciado el nacionalismo catalán. Por el momento.

 

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