Mas se arrepiente ahora de no haber convocado las elecciones en marzo

stop

PROCESO SOBERANISTA

El President Artur Mas, en el Palau de la Generalitat

desde Barcelona, 21 de febrero de 2015 (19:13 CET)

¡Qué error, qué inmenso error! La frase es de Ricardo de la Cierva, y responde a su perplejidad por el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno en la Transición. Luego resultó un acierto. Tal vez Artur Mas podría tener éxito tras sus últimas decisiones. Pero no se vislumbra.

Ni él mismo está ya convencido de ello, según diferentes fuentes consultadas. El error de cálculo, o la poca valoración de algunos factores, le puede llevar ahora a un auténtico descalabro.

Algunos dirigentes de Convergència admiten que se desaprovechó una oportunidad al no convocar las elecciones justo después del 9 de noviembre. Mas las había programado para el 22 de marzo –al no hacerlo se anticipó Susana Díaz para convocarlas ese día en Andalucía-- y ahora comprueba cómo las circunstancias han cambiado por completo y los próximos meses pueden ser durísimos para él.

La comisión sobre el caso Pujol: un calendario diabólico

Algunas encuestas internas de los partidos, entre ellos CDC, ofrecen ahora unos escasos 68 diputados, la mayoría absoluta, a la suma entre CiU, ERC y la CUP, algo totalmente insuficiente para mantener el proceso soberanista, que no tiene, ni se le espera, una hoja de ruta definida.

Mas no contó con la erosión que iba a suponerle la comisión de investigación sobre el caso Pujol. El calendario acordado entre las fuerzas políticas, con la presidencia de la comisión a cargo del diputado de la CUP, David Fernández, es diábolico para el president.

Tras su propia comparecencia, del pasado 9 de febrero, se unió el pasado lunes la de Francesc Cabana, cuñado de Jordi Pujol, y la del ex jefe de prensa del ex president, Ramon Pedròs, que dejaron muchas dudas sobre el posible conocimiento de Mas acerca de los negocios de los hijos de Pujol. Este lunes comparecerán el propio Pujol, su mujer, Marta Ferrusola, y el hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola.

La traca final, el 25 de mayo

Pero es que el lunes 2 de marzo le tocará el turno a Oriol Pujol Ferrusola, y a dos hijos más. Y el lunes 9 de marzo a tres hijos más. Y el lunes 16 de marzo a Mercè Gironès, la ex mujer de Jordi Pujol Ferrusola, a Ramon Gironès, empresario y padre de Mercè Gironès, y a Sergi Alsina, amigo de Oriol Pujol e imputado en el caso ITV.

Y así hasta que finalice el actual periodo de sesiones, antes de que Mas convoque en agosto las elecciones para el 27 de septiembre, con un plato fuerte fijado para el 25 de mayo, un día después de las elecciones municipales: la comparecencia de Javier de la Rosa, Pascual Estivill, Joan Piqué Vidal, y Carles Vilarrubí.

Posible nueva comparecencia de Mas en la comisión sobre Pujol

El PP ya ha pedido que Mas comparezca de nuevo. Y el resto de grupos, Esquerra incluida, se podría sumar. La oposición considera que el president mintió al decir que no sabía nada sobre los negocios de los hijos de Pujol, y le reprochó que no explicara en su día la cuenta bancaria de su padre en Liechtenstein. Y eso, según fuentes conocedoras, ha afectado a Mas, que se muestra tocado y que es consciente de la erosión que puede sufrir.

Pero existen otros factores. El acuerdo con Esquerra no fue tal. Oriol Junqueras, que había aceptado, tras la mediación de la ANC y de Òmnium Cultural, que Mas fuera a las elecciones con una lista transversal, y él con una de partido, no entendió que el president convocara las elecciones, tras ganar esa batalla, el 27 de septiembre. Demasiado tarde.

Barcelona, en juego, y un puñado de alcaldías

Y es que ese acuerdo no garantiza a CiU que los republicanos apoyen a candidatos de la federación para alcanzar alcaldías en las municipales del 24 de mayo. Hay muchas plazas en juego, pero lo que ocurra en Barcelona será decisivo.

CiU no quiere que Xavier Trias pierda la alcaldía. Pero podría ocurrir, Esquerra mediante. Mas también es consciente de que, aunque a CiU le vaya bien, se perderá mucho poder municipal, porque, sencillamente, CiU logró los mejores resultados de su historia en 2011 y difícilmente se pueden repetir.

Pero es que las relaciones con Unió pasan por su peor momento. Al margen de la pugna por el proceso soberanista --Duran Lleida insiste en que no secundará un programa independentista-- la erosión siempre es enorme a la hora de confeccionar las listas entre los dos partidos. En Vic y en otras localidades no hay acuerdo, y se podrían presentar por separado. Tras las municipales, la ruptura podría ser inevitable.

Un debate sobre la fecha electoral que decidió Mas

Mas optó por llevar las elecciones autonómicas --ya nadie habla de plebiscitarias-- al 27 de septiembre. Algunos dirigentes de Convergència defendieron convocar cuanto antes, y fijar, efectivamente, los comicios el 22 de marzo. Germà Gordó y Antoni Fernández Teixidó estaban en esa posición.

Sin embargo, otros dirigentes como Felip Puig, Andreu Mas-Colell o Santi Vila apostaron por estirarlas unos meses, con la esperanza de rehacer el partido. Puig, incluso, un independentista de primera hora, aseguró que optaba en esa ocasión más con la cabeza que con el corazón. Y Mas acabó decidiendo.

Proceso soberanista en situación de debilidad

Ahora todo se ha precipitado, pero en contra de los intereses de Mas. Convergència, como partido, está desorientado. Los altos cargos del Govern, además, que saben que tienen fecha de caducidad, ya viven los últimos meses con desánimo.

Mas, de hecho, "anunció un ERE", como se apunta en algunos círculos económicos, cuando aseguró en su conferencia en el auditorio del Fòrum de Barcelona que no iba a contar con los partidos, en su pretensión de constituir una lista con nombres de la sociedad civil.

Y como colofón se ha colado Podemos, que en septiembre estará mejor organizado en Cataluña que ahora. Un error, un error de cálculo, que deja el proceso soberanista y la propia suerte de Mas en una situación de extrema debilidad.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad