Nuevas contradicciones de Rajoy y las presiones que Rivera recibirá

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El líder del PP interpreta a su antojo la Carta Magna para decidir si se presenta o no a la investidura. En tanto, Ciudadanos pondrá a prueba sus resistencias esta semana

Carlos Carnicero

Mariano Rajoy, en el Congreso, con Rafael Hernando y Soraya Sáenz de Santamaría
Mariano Rajoy, en el Congreso, con Rafael Hernando y Soraya Sáenz de Santamaría

Madrid, 31 de julio de 2016 (01:00 CET)

Mariano Rajoy va a coger fama de trilero. Ha escondido la bolita para intentar esquivar el compromiso de ir a la investidura, como determina el artículo 99 de la Constitución. Actúa como un jugador de ventaja. Si las cartas son buenas acepta el juego. Si no le sirven, se levanta de la mesa. Todo indica que aceptó el encargo del rey ante el temor de que, si no lo hacía, Pedro Sánchez podría repetir su intento de formar gobierno.

Y además, declinar dos veces el encargo del rey podría pasarle factura. No están claros los detalles de la conversación del presidente en funciones con Felipe VI, pero hay datos que indican que Rajoy no tuvo más remedio que aceptar, pero se resiste a cumplir con el compromiso de la sesión de investidura.Así las cosas, entramos en una semana que puede ser decisiva. La pelota está en el tejado de Ciudadanos y del PSOE.

En política no siempre se hace lo que se dice. Al contrario, en muchas ocasiones se dice una cosa para terminar haciendo la contraria. Puede ser una posición negociadora, de mercader persa. Es habitual mostrar desinterés para conseguir mejor precio. También se dibuja en el horizonte el deseo  de Ciudadanos y PSOE de hacer pasar a Rajoy por el mal trago de dos votaciones de investidura perdidas.

Una carta peligrosa, porque si ese resultado se produjera, el rey podría optar por dar por cerrado el proceso y obligatoriamente iríamos a unas terceras elecciones. Algo que es un disparate, pero que no se puede descartar en absoluto.

La libre interpretación de la Carta Magna

Vayamos por partes. En primer lugar analicemos la posición de Rajoy interpretando libremente la Constitución a su favor. Mal momento, como se demostró en la rueda de prensa en la que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, anunció acciones contra el Parlament de Cataluña.

Puesta en evidencia su contradicción con la actitud de Rajoy y la investidura, se metió en un lío diferenciando entre prioridades políticas y jurídicas. Un argumento, en esencia, parecido al que emplea la presidenta del Parlament entre la ley y la acción política. Un mal momento para meter en la ruleta rusa al Tribunal Constitucional y a la Constitución.

Rajoy tiene presión aunque él no quiera reconocerlo. Si no consigue apoyos explícitos y pretende eludir la sesión de investidura, su presunto desacato puede motivar un recurso o denuncia ante el Tribunal Constitucional.Las 48 horas que hay entre la primera votación de investidura y la segunda, en su caso, pueden ser determinante para que en una negociación in extremis, alguno de los partidos que votaron en contra en la primera cambie su voto.

Es probablemente por eso, como una razón más, que el artículo 99 establece la obligación de presentarse ante el Congreso. No es un mero trámite porque considera que la negociación entre partidos no se interrumpe hasta que se vaya a producir la segunda votación. El otro riesgo ya enunciado es que si Rajoy declina, el rey opte por otro candidato. Algo que parece hoy día improbable pero que no se puede descartar.

Es momento de evaluar los daños para cada partido si no hay acuerdo que permita formar gobierno. Aún a pesar de la fidelidad mostrada por los votantes del Partido Popular (PP), que han sido más el 26J, la segunda espantada de Rajoy podría ser penalizada al considerar sus electores que ese candidato, aunque volviera a ganar, seguiría protagonizando un bloqueo. Justo o injusto, pero bloqueo.

Ciudadanos bajo los focos

Ciudadanos corre muchos más riesgos. En función de la pérdida de votos y escaños del 26J, podría deducirse que la fuga de votos hacia el PP fueron motivados porque esos electores consideran que es una opción prescindible. Podría revalorizarse si demostrará su utilidad teniendo protagonismo en facilitar la investidura de Rajoy. Y la única manera posible es actuar como lo ha hecho en Andalucía con el PSOE o en Madrid en la comunidad.

Permitiendo la investidura de un presidente poniendo sus condiciones. Además, Ciudadanos va a recibir presiones de los sectores económicos para que llegue a un acuerdo con Rajoy. No será fácil que pueda ignorarlos.La mejor opción, además ofrecida por Rajoy, es la de un gobierno de coalición con Ciudadanos.

Obligaría al PSOE a tener una actitud de abstención si hiciera falta para la gobernabilidad. Sería la coartada para superar los prejuicios que tiene el partido ante sus bases, con el argumento de la responsabilidad de facilitar ya un gobierno para España y eludir sus responsabilidades en caso de fracasar la investidura.

La salida del PSOE

Además le permitiría liderar una oposición dura pero constructiva. Y apropiarse del mérito en parte de las leyes y medidas que evidenciaran un cambio de posición del PP y un acercamiento al programa que pactó con Ciudadanos. Elude además la posibilidad de que en unas nuevas elecciones vuelva a batir el récord a la baja en sus resultados.

Entramos ya en agosto. Y este año no va a ser más tranquilo porque es difícil que Rajoy consiga más tiempo para decidir si se tira a la piscina, haya o no haya bastante agua o decide afrontar un conflicto constitucional. Tenemos que esperar.

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