Pedro Sánchez se 'envuelve en la bandera' en su salto hacia Moncloa

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El candidato socialista a las elecciones generales se compromete a construir el Estado federal en un discurso que tuvo como telón de fondo los colores de España

Pedro Sánchez junto a su mujer, Begoña Gómez

en Madrid, 21 de junio de 2015 (15:50 CET)

Pedro Sánchez se ha convertido en el quinto candidato del PSOE a presidir el Gobierno de España. Los varones cerraron filas, incluída Susana Díaz, para respaldar la proclamación de su secretario general, que correspondió a los honores desde "la humildad y la emoción" y con una gran bandera española de fondo.

Sobre el rojo y el amarillo, mensaje hacia Cataluña –recordó a Ernest Lluch durante su relato--, mensaje seguro hacia quien lo tacha de radical y aliado de los radicales, Sánchez se comprometió a liderar un cambio "tranquilo y valiente" y reivindicó el legado de sus predecesores. Desde Felipe González, que no estaba en el Teatro Circo Price de Madrid, a Pérez Rubalcaba, Rodríguez Zapatero y Joaquín Almunia, que sí que escucharon sus palabras en directo.

La otra recuperación

Con ese plus de patriotismo que dan como nadie las banderas y con la foto presidencialista asegurada, el mensaje fue meridiano en un momento en el que nuevas fuerzas amenazan al PSOE con adelantarlo por la izquierda: "Quienes nos precedieron en el PSOE mantuvieron celosamente la autonomía de nuestro proyecto, nunca lo subordinaron a otra fuerza que a la voluntad de nuestro pueblo, ni a otro interés que al interés de la clase media y trabajadora. Nosotros mantendremos la autonomía de nuestro proyecto", proclamó Sánchez.

Y ese proyecto encuentra dos notas sencillas de tocar en el pentagrama que dibuja el CIS: el paro y la corrupción, "dos desafíos que me comprometo a erradicar". Pero no hubo medidas concretas, más bien una filosofía de base que parte del contradiscurso al Partido Popular, empleo no es igual a precariedad, desarrollo no es igual a destrucción del medio ambiente, recuperación no es igual a recortes.

El mundo ideal

En esa hoja de ruta ideal, Sánchez se posicionó en un "crecimiento justo". "Una economía para un desarrollo sostenible, frente al crecimiento insostenible. Que busca la competitividad en la ciencia, la innovación, la cultura y la educación, frente a la especulación. Con contratos estables y salarios dignos en igualdad de género, frente a la explotación y la pobreza laboral", expuso.

Para andar ese camino, el candidato socialista se acercó a Podemos, cargando contra los bancos "rescatados" que desahucian, contra los altos ejecutivos que "pagan sueldos de miseria" y se posicionó a favor de una fiscalidad "justa", frente a quienes tienen su dinero en paraísos fiscales. "Yo soy un político limpio", reivindicó.

Cataluña

Y con la bandera de fondo, no podía faltar Cataluña en su discurso. Acusó a la Generalitat y al PP de falta de diálogo y de vivir de espaldas uno de otro. "Nos une una historia que hemos hecho juntos durante siglos; nos unen las biografías, mestizas, mezcladas; nos une la vida, esa vida que compartimos con familiares, con amigos, con socios, con compañeros. Nos separa la miope ambición de unas élites que medran con el conflicto".  

Sánchez prometió que contruiría una España federal en la que "cada cual pueda ser español y catalán" en "el orden que lo desee".

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