El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (c), junto a la portavoz de la Ejecutiva, Inés Arrimadas. /EFE

PP y Ciudadanos abren una nueva batalla

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PP y Ciudadanos pugnan ahora, a tres semanas del 26-M, por el centro político y coinciden en aflojar la presión sobre el PSOE

Marcos Pardeiro/Iván Vila

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (c), junto a la portavoz de la Ejecutiva, Inés Arrimadas. /EFE

07 de mayo de 2019 (04:55 CET)

Si antes, durante y después de la foto de Colón, los meses previos a las elecciones generales estuvieron marcados por una competición entre el PP y Ciudadanos por el flanco derecho que dejó expedito el centro para el PSOE, desde el 28-A la pugna entre los de Pablo Casado y los de Albert Rivera ha tomado otro cariz.

Por un lado, ambos líderes se disputan la condición de líder de la oposición, que, números en mano, corresponde a Casado (el PP obtuvo 66 escaños, por 57 de Cs). Sin embargo, Rivera se reclama como tal líder en base a la tendencia alcista de su partido, que ganó 25 diputados, y en base a la grave crisis de los populares, que perdieron 71.

Ese desplome, y la presión de los barones del PP, llevó a Casado a anunciar la semana pasada un volantazo al centro que incluyó un desmarque radical de Vox apenas cuatro días después de haber ofrecido a Santiago Abascal un eventual gobierno de coalición. Sobra recordar que el ofrecimiento quedó en entelequia a medida que la noche electoral avanzaba el escrutinio.  

El nuevo talante del PP

Una semana después del giro al centro, y superada la primera fase del duelo, Casado formalizó este lunes su cambio de tono en un encuentro con Pedro Sánchez. El presidente tiró de aritmética parlamentaria y priorizó al líder del PP en su ronda de contactos con los líderes, y Casado escenificó su nuevo talante.

Lejos queda ahora aquella incontinencia verbal de alta graduación que el verano pasado llevó al sucesor de Rajoy en la Moncloa a romper relaciones con el sucesor de Rajoy al frente del partido. Ahora, lo de “golpista”, lo de “felón” y lo de que Sánchez prefiere pactar “con los que tienen las manos llenas de sangre”, es agua pasada. Y los dos se emplazan a futuras citas y futuros pactos.

Hay límites, eso sí. Casado puede dar volantazos al centro, pero no está dispuesto a competir con Cs por liderar la oposición y allanar, a la vez, el camino a la investidura de Sánchez (ni que sea por pasiva, con una abstención). En lugar de eso, el líder del PP cedía el paso a Rivera para que sea él quien se abstenga.

Pero el líder de Ciudadanos no está tampoco por la labor, claro. Y también quiere tocar centro. De ahí las señales emitidas también este lunes por Inés Arrimadas.

Fin de los vetos en Ciudadanos

La formación naranja, que convirtió el veto al PSOE en una bandera de campaña durante las generales, ha optado por una estrategia diferente de cara al 26-M, cuando deben renovarse ayuntamientos, comunidades y también el Europarlamento.

De aquel veto se ha pasado al "ya hablaremos". Y de aquella solemne declaración de la ejecutiva de Ciudadanos contra los acuerdos con el PSOE a no cerrar puertas a nada.

No quiere Ciudadanos pasar ante la opinión pública como el partido anti PSOE ni tampoco quiere quedarse sin posibilidades de alcanzar pactos que le aproximen a tocar el centro, sí, y, especialmente, a tocar poder.

Todo se resume en con qué PSOE sí y con qué PSOE no. Ciudadanos siempre ha realizado esa distinción. Así que todos aquellos dirigentes territoriales del PSOE que han discrepado de los flirteos de Sánchez con el separatismo pueden merecer una versión autonómica o municipal del pacto del abrazo que en su día protagonizaron Sánchez y Rivera.

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