Puigdemont arrastra a Junqueras para convocar ya el referéndum

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El presidente se apoyará en el fervor soberanista a favor de Artur Mas, que será juzgado de inmediato, frente a las dudas del consejero de Economía, presionado también por la CUP y la ANC

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en el Parlament / EFE

Barcelona, 30 de enero de 2017 (21:00 CET)

Todo se puede precipitar en los próximos meses. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont arrastra a Oriol Junqueras para convocar ya el referéndum de autodeterminación. Con los presupuestos ya orientados, tras el apoyo de la CUP, el mandatario catalán va directo hacia su objetivo: convocar la consulta, al calor del fervor soberanista que se ha ido canalizando para apoyar a Artur Mas, y a las ex consejeras Irene Rigau y Joana Ortega, que se someten al juicio oral por la causa del 9N el próximo lunes.

Aunque el asunto de Santi Vidal, el senador de ERC que se ha visto forzado a dimitir por asegurar que el Govern está cometiendo "ilegalidades" para obtener los datos fiscales de todos los catalanes, ha dejado al ejecutivo catalán en una posición delicada, la reacción no puede ser otra que la de seguir adelante, y de forma acelerada.

Para Puigdemont es la razón por la cual aceptó ser presidente, en sustitución de Mas, después del veto de la CUP. No dejará el cargo sin haber intentado convocar el referéndum. Y trata de implicar a Oriol Junqueras, a quien le enconmendó la coordinación e impulso de todo lo relacionado con la consulta soberanista.


A votar los mayores de 18 años

Junqueras se ha limitado hasta ahora a asegurar que "es posible" que el referéndum se convoque para antes del verano, pero sigue pensando que la mejor fecha es la segunda quincena de septiembre, tras la Diada del 11 de septiembre. El vicepresidente del Govern y líder de ERC no se esconde, y afirma que el ejecutivo "dispone de suficientes datos", en referencia al censo electoral.

Para ello, esta vez, a diferencia del 9N, el gobierno catalán quiere pegarse a la Comisión de Venecia, que es el referente que se toma para la celebración de referendos. Eso quiere decir que estarán llamados a votar los mayores de 18 años, y no a partir de los 16 años, como ocurrió el 9N.

Los intereses ahora de todos los implicados son distintos. Puigdemont se ha propuesto ir hacia adelante, con toda la carga. Pero en su partido, el PDECat, hay más dudas. "No nos escucharéis hablar de fechas para el referéndum", aseguró este lunes Marta Pascal, la coordinadora general del partido. La ex Convergència no sabe qué hacer, ni tiene candidato, ni sabe si quiere retener o no a una parte de su electorado más moderado. Pero Puigdemont sí lo sabe.


En abril o mayo

La presión llega también desde la CUP. Tras la decisión de apoyar los presupuestos, la formación anticapitalista quiere ver los réditos: "Para abril o mayo se debe poder garantizar el referéndum con todas las garantías", sentencia Quim Arrufat, portavoz del secretario de la CUP.

Las entidades soberanistas han iniciado sus campañas. En el caso de la ANC se trata de convencer "directamente" a personas cercanas a los Comuns, el partido de Ada Colau, o del PSC, con una "lluvia de razones" para que voten sí en la consulta. Y la propia ANC ya ha registrado a 15.000 personas para que se manifiesten el próximo lunes en apoyo a Artur Mas.

Lo que ha ocurrido es que el apoyo de la CUP a las cuentas de 2017 ha permitido el pistoletazo de salida para convocar el referéndum, al margen ya de la actuación del Gobierno central que preside Mariano Rajoy.

Y, como en otras ocasiones, el soberanismo lo pone todo sobre la mesa, y ha movido hilos, por ejemplo, para que Carme Forcadell publique un artículo en The New York Times, en el que ataca a España por "no permitir la libertad de expresión", en relación al caso por el que está procesada, como presidenta del parlamento catalán.


Denuncia a Rajoy

La olla se calienta más, y el diputado en el Congreso del PDECat, Francesc Homs, ha denunciado a Mariano Rajoy ante la Fiscalía por desobediencia y prevaricación, al entender que es el responsable de que no se apliquen sentencias del Tribunal Constitucional que han fallado a favor del gobierno catalán en diferentes cuestiones.

La intención de Puigdemont, sin embargo, es que, antes de convocar el referéndum, pueda mantener una entrevista con Mariano Rajoy. Sería la coartada perfecta para dejar constancia de que el gobierno español no atiende las demandas catalanas, y, por tanto, se vería en la obligación de consultar a los catalanes. Es lo que ocurrió en 2012, cuando Artur Mas se entrevistó con Rajoy, con la excusa de pedir el pacto fiscal. Ya tenía decidido que adelantaría las elecciones. Y así fue.

El Gobierno español, esta vez, está determinado a impedir ese referéndum. El problema para Rajoy y su gabinete es acertar el cómo.

Puigdemont y Junqueras ya saben que no se podrá celebrar, pero mantienen el guión: referéndum cuanto antes, y, después, elecciones, previsiblemente, éstas sí, en septiembre, tras el fervor –otra vez-- de la manifestación de la Diada.

Y Junqueras espera llegar a ese momento más o menos a salvo, preparado para gobernar la Generalitat, aunque sabe que podría estar pendiente de una inhabilitación.
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