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Puigdemont asume que no podrá proclamar la independencia forzado por los mercados y la exhibición de la manifestación constitucionalista en Barcelona

Barcelona, 09 de octubre de 2017 (04:55 CET)

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha comenzado a asumir que no puede forzar las cosas más de lo necesario. Y prepara una declaración sobre la independencia que no tenga efectos inmediatos, dejándolo todo a una mediación que podría cobrar fuerza en los próximos meses si el Gobierno de Mariano Rajoy no toma medidas drásticas. No habrá DUI, tal y como se había previsto. ¿Por qué?

“¿Veis? El proceso soberanista no afecta a la economía catalana” Esa frase se ha repetido en los dos últimos años una y otra vez por parte del consejero de Economía, Oriol Junqueras, y por parte de los principales dirigentes soberanistas. También por el presidente Puigdemont, aunque con la boca pequeña, porque, en realidad, no ha estado muy pendiente de la economía. Hasta ahora.

Porque lo que sucedía es que los mercados no se creían que el proceso soberanista pudiera tener alguna efectividad real. Sin embargo, las cosas han cambiado desde el pasado domingo. El hecho de que cientos de miles de catalanes –el gobierno dice que 2,2 millones—pudiera votar, aunque no se pueda calificar de referéndum, el hecho de que la policía cargara duramente en algunos casos, con imágenes que han dado la vuelta al mundo, provocó un cambio en el mundo económico.

Puigdemont escuchó al Círculo de Economía, ahora es consciente del peligro real

Por primera vez, los mercados han considerado seriamente la posibilidad de una declaración unilateral de independencia. Y se han asustado, dando órdenes de ir muy al tanto con la exposición de sus posiciones en Cataluña.

Eso lo sabe Puigdemont. La junta del Círculo de Economía se dio cuenta de esa circunstancia el mismo lunes, 2 de octubre. A toda prisa intentó redactar una nota de opinión, y, tras el paro general del martes 3 de octubre, decidió darla a conocer el miércoles.

La Junta, que preside Juan José Brugera, se puso las manos a la cabeza y se puso en contacto con el presidente Puigdemont. El jueves por la mañana le pedía una cita urgente, y el mandatario catalán les convocó para el sábado por la mañana en la Diputación de Girona. El equipo de Puigdemont avisó a Brugera en la noche del viernes. Es decir, se improviso rápidamente el encuentro.

Esa entrevista podría resultar clave. Puigdemont escuchó los argumentos del Círculo de Economía, que se basaban en los informes de analistas financieros. El peligro es real. Las empresas, las que pueden hacerlo, buscan otras sedes sociales. Se teme un contagio, un parón total de las inversiones si se produce una declaración de independencia. Ya no hay juegos. La posibilidad real de que suceda ya la ha interiorizado el mundo económico y financiero. Uno de ellos, que trabaja cada día con firmas extranjeras, asegura que “el goteo puede seguir e intensificarse, y el problema es que luego cuesta mucho recuperar esas inversiones, esas sedes sociales y financieras”.

Los analistas financieros se han tomado en serio la posible DUI y pueden reaccionar con virulencia

Puigdemont asumió esa realidad, según fuentes del Círculo de Economía. Es consciente de que ese peligro existe, de que las cosas han cambiado, y que el traslado de las sedes de Caixabank o del Banco Sabadell no es una mera advertencia, sino la reacción lógica para defender los intereses de ahorradores y accionistas.

No hubo más temas de conversación: sólo el hecho de que los mercados se toman en serio la DUI y que la economía catalana puede sufrir y mucho. Puigdemont quiso que Brugera pudiera intermediar para evitar esa fuga de empresas, pero el presidente del Círculo se negó, al recordarle que el mundo económico lo que hace es defender sus legítimos intereses.

Puigdemont recibe otras informaciones y presiones de otros ángulos. De su propio partido, ahora ya sin cuartel, de consejeros como Santi Vila, amigo personal, y de la dirección del Pdecat.

La otra cuestión relevante es la manifestación de este domingo. Cientos de miles de catalanes que hasta ahora no participaban en el debate público, salieron a la calle para pedir que no se aplique la DUI, y se busque una salida. Organizada por Societat Civil Catalana, la manifestación transcurrió sin incidentes, marcada por el discurso final del exministro socialista, Josep Borell, que atacó directamente al bloque independentista al recordar que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea.

El soberanismo se alegraba de esa manifestación, al entender que, por fin, los partidos del no a la independencia se habían organizado, y que eso querría decir que aceptan el terreno de juego de un posible referéndum sobre la autodeterminación. Pero el hecho es que la mitad de la población catalana, la que rechaza el proceso soberanista, ya ha dado el paso y responde, masivamente, en la calle, como ha hecho el independentismo en los últimos seis años.

Ahora todo dependerá de cómo interprete Rajoy las palabras de Puigdemont

Puigdemont sabe ahora que esa parte de la sociedad catalana no se quedará quieta, que se movilizará y que esas manifestaciones en la calle, de un lado y de otro, pueden acabar mal. Explica en su entorno el presidente catalán que esa es una de sus grandes preocupaciones.

Ante todo eso, a Puigdemont le quedan menos de 48 horas para decidir qué respuesta quiere ofrecer a la sociedad catalana, al margen de lo que dijera este domingo por la noche en TV3, en el programa 30 minuts, en una entrevista grabada previamente. Puigdemont aseguró que se debe dar una respuesta sobre la autodeterminación de Cataluña, pero eso se puede formular con una declaración, como apuntan fuentes de su entorno, que no tenga efectos inmediatos.

Si es así, y la presión de los mercados y de la manifestación constitucionalista influye de verdad, todo dependerá de cómo lo interprete Mariano Rajoy para aplicar ya o en breve el artículo 155 de la Constitución.

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