Toda la verdad sobre el falso apoyo de la ONU a Carles Puigdemont. En la imagen, el expresidente catalán durante su visita a Helsinki, Finlandia. Foto: EFE/JG

¿Puigdemont huye de Finlandia como especie inexplorada?

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Puigdemont tenía la casa montada en Waterloo... ¿Para qué se habrá metido en un nuevo lío viajando a Finlandia?

Carlos Carnicero

Toda la verdad sobre el falso apoyo de la ONU a Carles Puigdemont. En la imagen, el expresidente catalán durante su visita a Helsinki, Finlandia. Foto: EFE/JG

Madrid, 25 de marzo de 2018 (04:55 CET)

Los ratones solo tienen una forma de ganar al gato: por agotamiento. Quizá esa era la ilusión óptica del procés. Uno no deja de sorprenderse de las dosis de simpleza e ingenuidad de quienes diseñaron la estrategia para desafiar a las instituciones.

¿De verdad creían que un estado con quinientos años a sus espaldas tiraría la toalla frente a estos aprendices de Rasputín? De nada les ha servido la historia. En España, como certifica el Lazarillo de Tormes, se es permisivo con la picaresca, pero no se permite que alguien quiera romper la bolsa y la patria. Es este un país en el que el marido de la hija del Rey está a punto de ingresar en prisión por pasarse de listo.

Carles Puigdemont debería haber reflexionado sobre estas cosas.

Todas sus previsiones han resultado fallidas. El imán económico de una Cataluña independiente se ha transformado primero en una fuga de empresas. Con el tiempo ni siquiera los mercados les toman en serio. Fuegos de artificio. En estos días ya no se habla de Cataluña en Europa. Ni siquiera se tienen que pronunciar los líderes respaldando la Constitución, porque se han dado cuenta que estamos más ante un vaudeville que ante una ópera. El libreto carece de épica, de grandeza.

Las amenazas están para cumplirlas porque si no nadie te toma en serio

Amenazaron con una heroica resistencia y están a punto de generar una crisis migratoria si sigue el ritmo de prófugos escapando de la Justicia. Iban a desbordar las calles con la protesta y los vecinos se han ido de vacaciones de Semana Santa sin acudir al asalto a la Delegación del Gobierno. Las amenazas están para cumplirlas porque si no nadie te toma en serio.

Lo primero que ha declarado Marta Rovira al llegar a Suiza, después de haber dejado a los pies de los caballos a sus colegas de aventura, es que seguirá luchando para que puedan volver todos. ¡Casi nada! ¡Épica revolucionaria en estado puro desde uno de los países con el coste de vida más caro del mundo!

El ratón Puigdemont quería agotar al gato. Y ahora está en el cepo.

Hay noticias contradictorias sobre el paradero de Puigdemont. Sigue jugando al ratón y al gato. Algunas fuentes le sitúan en tránsito clandestino hacia Bruselas. Si huye de Finlandia tendrá sus motivos.

Pero a buen seguro de que las autoridades de toda Europa toman nota de este nuevo desafío. Hay un dato a tener en cuenta. Si ha huido en coche con destino a Bruselas, según Google Maps tiene veintisiete horas de viaje por la vía más corta. Con el riesgo de ser detenido en alguno de los países que tiene que recorrer.  

No sabría cómo explicarle a un periodista finlandés lo que está pasando

Tuve ocasión de visitar Finlandia con detenimiento. Un país que ha resistido invasiones y bloqueos. Menos población que Cataluña. En su constitución está muy clarito que con la integridad territorial y con la patria no se juega. En Finlandia casi no hay fraude fiscal porque nadie entiende que los impuestos, que son obligatorios por ley, no se paguen. Como para tratar con comprensión a un fugado especialista en ponerse la ley por montera.

Si se queda, tendrá hasta tres meses en Finlandia, hasta que la justicia decida. Helsinki está más lejos que Bruselas en todos los sentidos. Si tenía la casa montada en Waterloo con pretensiones de palau presidencial, para qué se habrá metido en un nuevo lio... Ahora otra vez a buscar abogado, mansión representativa para recibir a los peregrinos de su causa.

El prófugo Puigdemont ha ido de sobrado. Un niño malo con un botón nuclear sobre su legitimismo trasnochado en instituciones ficticias. Y en esas le cogió gusto a burlarse de los tribunales. Rizando el rizo, se apuntó a un tour europeo. Y en estas, el juez Llarena mandó parar. Y le cogió al prófugo con el pie cambiado, nada menos en la capital más boreal de Europa.

No sabría cómo explicarle a un periodista finlandés lo que está pasando. Son nórdicos, fríos, serios, con un muy parco sentido del humor. Incumplir la ley no está en su ADN. Cuando el ex president se presente en una comisaria o le detenga la policía tendrán la tentación de llevarle a un museo para que lo cataloguen como especie desconocida, inexplorada.

Les pudo más la soberbia y el infantilismo de seguir utilizando la picaresca contra el estado

El pleno que ayer se empecinó en celebrar Roger Torrent fue simplemente una reunión de plañideras quejándose en sede parlamentaria de que al estado español se le haya agotado la paciencia.

Podían haber recuperado las instituciones, tener Govern y presupuesto. Volver a los coches oficiales, seguir subvencionado a la prensa amiga. Podían haber empezado de nuevo. Les pudo más la soberbia y el infantilismo de seguir utilizando la picaresca contra el estado.

Es posible que antes de final de año haya sentencia. No tiene buena pinta para los golpistas porque el auto que dicta procesamiento está muy bien fundamentado. Aguardarán en prisión a sentarse en el banquillo.

Los nuevos líderes independentistas tendrán que decidir si siguen los pasos de sus mayores

Tienen unas semanas para decidir si quieren un president legal o si siguen jugando a destrozar las instituciones. Pueden arriesgarse a una nueva convocatoria electoral, pero la depresión no es un energético para reclutar votantes. Ahora, con Puigdemont en Helsinki o Bruselas, pero ya procesado por delitos muy graves tienen más fácil deshacerse de este muñeco roto. Y elegir un gobierno constitucional y estatutario.

Los partidos y las organizaciones independentistas tendrán que elegir nuevos líderes. Ahora casi todos están fuera de juego. Y los nuevos tendrán que decidir si siguen los pasos de sus mayores.

Hay una cosa que deberían haber aprendido. Este ratón no puede ganar en su guerra contra el gato, sobre todo porque el felino no da para nada signos de agotamiento. Solamente han conseguido que estemos todos profundamente aburridos.

Cuando en un circo se repiten siempre los mismos payasos con los mismos chistes, el publico termina por marcharse a casa.

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