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Puigdemont asegura que sólo le corresponde al Parlament destituir o elegir a un presidente, pero se limita a pedir una “oposición pacífica”

Manel Manchón

Economía Digital

Carles Puigdemont ha demostrado que los soberanistas se han quedado atrapados en sus propias trampas. EFE/Generalitat de Cataluña

Barcelona, 28 de octubre de 2017 (14:45 CET)

Carles Puigdemont, con un mensaje ofrecido en TV3, con la bandera catalana y europea, y en la sede de la delegación del Govern en Girona, se ha limitado a pedir una “oposición pacífica” a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Con un rechazo claro a la decisión tomada por el Senado, “le corresponde sólo al Parlament destituir o elegir a un presidente”.

Lejos de convocar elecciones constituyentes, como se había lanzado desde su entorno durante la mañana de este sábado, Puigdemont sólo ha querido insistir en que toda la oposición que se pueda generar, en las calles, sea “pacífica”.

Mientras la televisión autonómica emitía el mensaje, Puigdemont tomaba un vino en un bar de la plaza del Ayuntamiento de Girona. Varios vecinos interrumpían su ágape para hacerse fotos con el presidente cesado. 

El movimiento soberanista está descolocado desde el anuncio de elecciones para el 21D

El expresidente de la Generalitat, como ya lo ha nombrado el BOE, tras la aprobación del 155 en el Senado, ha incidido en la “injusticia” de esa decisión, pero tampoco ha querido impulsar otras medidas alternativas, aunque el movimiento independentista trata de reelaborar su proyecto a marchas forzadas, totalmente descolocado después de que Mariano Rajoy convocara este viernes las elecciones para el 21 de diciembre.

Puigdemont ha reclamado que la ciudadanía, la que ha apostado por la república catalana, muestre su oposición al 155, pero siempre de forma pacífica, y evitando cualquier conflicto. Eso se podría traducir en nuevas manifestaciones en la calle, con concentraciones y protestas, pero, por ahora, Puigdemont, ni el resto de dirigentes soberanistas pueden tomar otras decisiones.

Su compañero, el vicepresidente cesado Oriol Junqueras, muy en la línea, alegó estar consciente de las dificultades, y ahondó en su mensaje de resistencia pero sin llegar muy lejos ni ofrecer otra opción que serenidad y oposición pacífica.

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