El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Moncloa

Sánchez supera la Diada con un problema inesperado: sus ministros

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Los soberanistas se colocan a rebufo de Borrell para presionar con las excarcelaciones, mientras el presidente busca relevo para la dimitida Montón

Barcelona, 12 de septiembre de 2018 (04:55 CET)

Pedro Sánchez apenas lleva tres meses como presidente del Gobierno y ya ha tenido que sacrificar a dos ministros. Escogió a Màxim Huerta como titular de Cultura y duró 6 días en el cargo —un récord prácticamente imbatible— después de trascender que había defraudado a hacienda. Algo más ha durado Carmen Montón como ministra de Sanidad.

A Montón le han sacado los colores con sus apaños en un máster y también ha tenido que despedirse. Lo hizo ayer, sólo tres horas después de que Sánchez descartara su caída. Al poco, ya había relevo: María Luisa Carcedo.

No fue el único problema sobrevenido para el presidente del Gobierno, que sufrió un fatídico 11 de septiembre. Sánchez comenzó el día temiendo que la manifestación de la Diada añadiera presión a la agenda catalana y, en realidad, acabó la jornada más comprometido por sus propios ministros que no por las confusas soflamas del mundo soberanista. Primero por Montón y luego por las declaraciones del titular de Exteriores, Josep Borrell

Borrell, en Estrasburgo, dijo a la BBC que preferiría que los presos independentistas catalanes estuvieran en libertad y los actuales rectores del procés —desde la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, a la portavoz de ERC, Marta Vilalta— se agolparon sobre los micrófonos para pedir al Gobierno que actúe en consecuencia.

De poco valió que el ministro de Exteriores matizara sus declaraciones para subrayar que no pretendía defender la excarcelación porque ya tenía al PP en el cogote. "Borrell ha pasado de encabezar marchas en favor de la igualdad de oportunidades y la unidad de España a ningunear al juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena", lamentó el secretario general del PP, Teodoro García-Egea.

Sánchez y el vicepresidente Iglesias

Cien días —algunos más, en rigor— al frente del Gobierno y dos ministros caídos. Otra ministra, la de Justicia, Dolores Delgado, está pendiente de reprobación en el Senado. Pero, visto lo visto, ya es un problema menor.

El mayor es conseguir estabilizar a un gobierno con una mayoría precaria. Sánchez sabe que si no deja caer a los ministros con problemas, el vicepresidente de facto, Pablo Iglesias, puede someterlo a un desgaste insoportable. Iglesias pidió la cabeza de Huerta y la logró; se disponía a pedir la de Montón y ya la tiene. Es el precio de gobernar con 85 escaños.

 

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