Carles Puigdemont y Quim Torra en Bruselas, Bélgica, el 28 de julio de 2018. Foto: EFE/SL

Torra intensifica las maniobras para servir a Puigdemont

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El presidente de la Generalitat busca una aproximación a los soberanistas de Podemos para favorecer el nuevo partido del líder huido

31 de julio de 2018 (04:55 CET)

No son líderes políticos, ni sociales, ni económicos. Tampoco son autoridades extranjeras ni deportistas que vienen de cosechar un gran éxitos. Son dos ex diputados en el Parlament y una diputada en el Congreso, los tres del universo de Podemos. ¿Cómo se explica, entonces, que esta tarde de martes tengan cita con el president Quim Torra en el Palau de la Generalitat? Todos ellos simpatizan con tesis soberanistas.

Torra recibirá a Albano-Dante Fachin (antiguo líder de Podem), a Àngels Martínez (famosa por retirar del hemiciclo las banderas españolas que colocaron los diputados del PP en protesta por la aprobación de las leyes de desconexión) y a Marta Sibina, la única que actualmente ejerce como diputada en el Congreso.

Fachin rompió con Podemos en noviembre de 2017 y en las últimas elecciones del 21 de diciembre pidió el voto para las listas independentistas sin llegar a precisar a cuál, aunque participó en actos de ERC y de la CUP. Desde entonces, ha participado en numerosas manifestaciones convocadas por ANC y Òmnium y se ha especulado continuamente con que acabe ocupando algún puesto en los ámbitos de poder del soberanismo.

De hecho, uno de los trabajos que Carles Puigdemont ha encargado a su valido en Cataluña es que ayude a sentar los cimientos de la Crida Nacional per la República, una formación que pretende fagocitar a buena parte del espacio soberanista.

Torra quiere arrastrar a Colau como sea

En este contexto hay que interpretar la cita de hoy. Existe otro objetivo y es que las formaciones que apoyan al gobierno catalán (Junts per Catalunya y ERC) han asumido que va a ser muy complicado aliarse con la CUP esta legislatura y que no queda otra que aproximarse a los comunes o, mejor dicho, a una parte de ellos al menos para evidenciar las contradicciones del espectro polítco que lidera Ada Colau.

El gobierno de Torra intenta seducir a los comunes, pero los de Colau desconfían de una coalición que incluye a los restos de Convergència. Catalunya en Comú, como tantas otras veces, se está mostrando insosteniblemente ambigua. Marca distancias con Junts per Catalunya, pero no descarta sentarse a la mesa y hablar de presupuestos a cambio de acordar un paquete de medidas sociales.

El presidente de la Generalitat, por su parte, busca complicidades para disimular su minoría en el Parlament. Y sabe que basta con mencionar a los políticos encarcelados para arrastrar ciertas simpatías. Las de Fachin, Martínez y Sibina, por ejemplo.

Torra también intenta presionar a la CUP atrayendo al Palau de la Generalitat a personalidades que figuran en los lindes políticos del partido antisistema. Pero con la CUP será difícil compartir estrategia porque la formación de extrema izquierda tan siquiera entiende que se esté explorando una relación entre Gobierno y Generalitat en el marco de la comisión bilateral. En realidad, el propio Torra tampoco parece particularmente interesado en ella.

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