Trapero, con su abogada, durante su declaración de este jueves en el juicio del 'procés'. Foto: Tribunal Supremo
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El exmayor admite la "incomodidad" con la que vivió los meses previos al 1-O y dice que el dispositivo de Mossos estaba pactado con Policía y Guardia Civil

Iván Vila

Economía Digital

Trapero, con su abogada, durante su declaración de este jueves en el juicio del 'procés'. Foto: Tribunal Supremo

Barcelona, 14 de marzo de 2019 (14:16 CET)

El mayor de los Mossos d'Esquadra, José Luis Trapero, ha acusado al exconseller de Interior Joaquim Forn de actuar con "un punto de irresponsabilidad" cuando aseguró en público que el 1-O los Mossos garantizarían que pudiera votarse con normalidad, unas declaraciones que se encajaron "muy mal" en el cuerpo.

Trapero, máximo responsabiel policial en Cataluña hasta que fue cesado durante la aplicación del artículo 155, podría haberse negado a declarar como testigo en el juicio del 'procés' que se sigue en el Tribunal Supremo porque está procesado en la Audiencia Nacional, pero compareció acompañado de su abogada, Olga Grau, y se ofreció a responder todas las preguntas. 

El exjefe de los Mossos aseguró que la "deriva política" en Cataluña le generó en los meses previos al referéndum la  misma "incomodidad" que motivó las dimisiones, en el verano de 2017, del antecesor de Forn, Jordi Jané, y del director general de la Policía de la Generalitat, Albert Batlle.

La coordinación de los Mossos y la Policía

En su declaración, que proseguirá esta tarde, Trapero defendió el dispositivo de los Mossos el 1-O, consistente en enviar patrullas de dos agentes a cada uno de los 2.300 centros de votación para tener, expllicó, información de primera mano de la situación en cada uno de ellos.

El mayor insistió en que la policía catalana nunca tuvo otro objetivo que "cumplir los mandatos judiciales", y remarcó que ese mecanismo de enviar una pareja a cada colegio estaba consensuado con Policía Nacional y Mossos d'Esquadra, porque "no había tres dispositivos, uno de cada cuerpo, sino uno solo" compartido y en el que cada uno asumía una función.

Según lo entiende el mayor, la de Mossos era la de los avisos e inspecciones previos y esa supervisión sobre el terreno, mientras que la intervención de orden público correspondía a Policía Nacional y Guardia Civil, porque disponían de 6.000 agentes para desarrollar esa tarea, mientras que la policía catalana solo cuenta con 900 antidisturbios de la Brigada Móvil y las unidades Arro."¿Nos hubiera encantado que hubiera mejores resultados? Sí. Los que hubo fueron los que pudimos conseguir entre todos", zanjó.

Garantías de seguridad para la comitiva  del 20-S

El exmayor de los Mossos también aseguró que si tras el registro del 20-S a la sede de Economía hizo salir a la comitiva judicial por una azotea que conectaba con el Teatro Coliseum y no por la puerta principal no fue porque no pudiera garantizar su seguridad, sino para ganar tiempo.

Trapero contó que los antidisturbios de los Mossos montaron sobre las 10 de la noche un cordón policial para facilitar la salida de la comitiva, pero ordenó desmantelarlo a los pocos minutos tras llegarle información que decía que el registro se estaba alargando por algún problema técnico y aún podía durar horas. Cuando, sobre las 11 de la noche, el juez  que había ordenado el registro le instó a sacar a la comitiva tras una llamada de auxilio de Montserrat del Toro, la secretaria judicial encargada de la tarea, el mayor dio orden de activar la opción de la azotea porque sería más rápido que volver a montar el cordón.

Contradicciones o malentendidos

Su relato se contradice en varios puntos con el de Del Toro, que contó que el trabajo estaba hecho antes de las nueve de la noche. “No es esa la información que nos llegó al centro de coordinación”, explicó el mando policial.

No fue ese el único malentendido. Del Toro testificó que ese día el presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez, le hizo llegar tres propuestas consecutivas para salir mediante el teniente de la Guardia Civil encargado del dispositivo de seguridad –una de ellas, usando un pasillo de voluntarios- pero las rechazó porque planteaban exclusivamente la salida de la letrada, no ofrecían una solución para el resto de la comitiva y no le parecían seguras.

Trapero, en cambio, explicó que el plan siempre fue hacer salir a toda la comitiva a través de un pasillo de antidisturbios dentro del cual agentes de paisano organizarían una “cápsula” para evitar que cualquier eventual lanzamiento pudiera impactar en algún miembro del séquito judicial. El pasillo de voluntarios, según él, se formaba también, pero para separar a los antidisturbios de los manifestantes.

A Trapero le preguntaron si tuvo noticias de episodios violentos y apuntó que, aparte de los destrozos en los coches policiales, supo de un lanzamiento de una botella a dos mossos a los que confundieron con  guardias civiles y de algunos más cuando un grupo de manifestantes se colocó delante del cordón que estaban montando los antidisturbios, una situación tensa que se desactivó tras la intervención, a petición de la policía, del servicio de orden de ANC, con cuyo líder Trapero cruzó ese día 37 llamadas telefónicas, después de que el conseller Forn le dijera que Sànchez se había ofrecido para “mediar” con los concentrados y ayudar en lo posible.

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