Empleados junto al logotipo de la multinacional estadounidense Google durante la inauguración de una oficina de la compañía en Berlín, Alemania. EFE/ Clemens Bilan
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Google suprime su recién estrenada junta de ética de la inteligencia artificial tras las críticas de los empleados preocupados por algunos de sus miembros

Alessandro Solís

Economía Digital

Empleados junto al logotipo de la multinacional estadounidense Google durante la inauguración de una oficina de la compañía en Berlín, Alemania. EFE/ Clemens Bilan

Barcelona, 05 de abril de 2019 (12:03 CET)

Poco más de una semana existió la junta de ética de la inteligencia artificial creada por Google. Las protestas de los propios empleados, así como las críticas de la prensa y del público, ejercieron tanta presión que la compañía ha tenido que dar un paso atrás y cesar el proyecto antes de liarse más y caer presa de la publicidad negativa que seguramente iba a seguir generándole.

Integrada por ocho miembros, la junta de ética tenía la misión de reunirse cuatro veces este 2019 para analizar las venturas de inteligencia artificial de Google, amén de las controversias que han azotado a la compañía en este campo. Por ejemplo, la plantilla se rebeló en 2018 al enterarse de que Google estaba colaborando en un proyecto de drones del Pentágono.

El consejero delegado de Google, Sundar Pichai, prometió a los críticos que la empresa abandonaría el proyecto del Pentágono y que rechazaría cualquier vinculación de su inteligencia artificial al desarrollo armamentista. Adicionalmente, la tecnológica anunció la creación del Consejo Consultivo Externo de Tecnología Avanzada, la junta que evaluaría los aspectos éticos de su inteligencia artificial.

La ficha polémica del consejo de ética de la IA de Google

El problema no era tanto la junta como tal, sino algunos de sus miembros. Casi 2.500 trabajadores de Google firmaron una petición para exigir la destitución de Kay Coles James de la junta. Esta ex funcionaria pública es la presidenta de la fundación Heritage, un think tank conservativo de retórica anti derechos LGTB, transfóbica y escéptica del calentamiento global.

En la petición de los empleados de Google para sacarle de la junta, se dice que, "al nombrar a James como miembro del Consejo, Google eleva y respalda sus opiniones, lo que implica que la suya es una perspectiva válida que merece ser incluida en su toma de decisiones". Y añaden: "Esto es inaceptable" para un grupo que pretende evaluar la ética de la inteligencia artificial y la robótica.

Además de la presencia de Kay, otro miembro incomodaba a algunos de los empleados de Google: el consejero delegado de la compañía de drones Trumbull Unmanned, Dyan Gibbens, cuya inclusión en la junta reabrió viejas diferencias de criterio sobre el uso de la inteligencia artificial de la tecnológica para fines militares, una de las razones por las que el Consejo fue creado en primer lugar.

El profesor de Carnegie Mellon, Alessandro Acquisti, renunció a la junta el pasado fin de semana, alegando que "si bien me dedico a la investigación para lidiar con cuestiones éticas clave de imparcialidad, derechos e inclusión en la inteligencia artificial, no creo que este sea el foro adecuado para participar en este importante trabajo". Otros miembros fueron presionados a justificar su permanencia en el grupo.

Google: "El Consejo no puede funcionar como queríamos"

Ahora, Google dice que sepultará el Consejo Consultivo Externo de Tecnología Avanzada. "Ha quedado claro que, en el entorno actual, el Consejo no puede funcionar como queríamos", explicó la tecnológica en declaraciones recogidas por el digital Vox. "Damos por terminado el Consejo y volvemos a la mesa de dibujo", agregó.

Google afirmó que seguirá intentando ser "responsable con nuestro trabajo en los temas importantes que plantea la inteligencia artificial, y encontraremos diferentes formas de obtener opiniones externas sobre estos temas". Se especuló durante esta semana que la membresía de James en la junta respondía a un interés de la empresa por acercar a políticos republicanos y conservadores.

El caso de la efímera junta de ética de la inteligencia artificial de Google es un ejemplo del poder de los trabajadores de la tecnológica. Los empleados ya han presionado antes para cesar a altos directivos acusados de abuso sexual y han exigido un cambio en el trato a las mujeres, y eliminar las reglas y prácticas injustas y explotadoras como el arbitraje forzado y el trabajo por contrato.

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