Silicon Valley, en San Francisco, alberga a las empresas de tecnología más importantes del mundo.

Las familias de Silicon Valley crían niños analógicos

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Muchos de los adultos de Silicon Valley que laboran para tecnológicas como Google y Apple impiden a sus hijos utilizar móviles, ordenadores y redes sociales

Alessandro Solís

Economía Digital

Silicon Valley, en San Francisco, alberga a las empresas de tecnología más importantes del mundo.

Barcelona, 24 de noviembre de 2018 (04:55 CET)

Una casa en Silicon Valley en la que no hay televisores instalados. Mucho menos dispositivos tecnológicos de punta. A la hora de la cena, ni la madre ni el padre gastan su atención en el móvil, y en cambio ambos intentan evitar el uso de "smartphones" o "tablets" al menos en presencia de los niños. Las reglas de la casa son tan estrictas que ya han tenido que poner en orden a la niñera, después de que la sorprendieron mientras echaba un vistazo al "feed" de Instagram.

La escena es tan inverosímil que cuesta imaginarla, máxime si la residencia en cuestión se ubica en el núcleo tecnológico del mundo; la ciudad donde nacieron, crecieron y se desarrollaron algunas de las empresas más poderosas del planeta, pioneras de la revolución digital que nos ocupa.

Pero esa casa es real, y es uno de los muchos ejemplos de padres de familia de Silicon Valley que se las ingenian para criar niños analógicos. Por abordar más ejemplos, está también una pareja de inmigrantes que trabajan, una en Apple, y el otro en una startup que fundó después de salir de Google. Pese a existir profesionalmente en la esfera tecnológica, lideran un hogar en el que no hay consolas de videojuegos y el uso del móvil está limitado a 10 minutos... ¡por semana!

"Sabemos que en algún momento necesitarán sus propios móviles, pero estamos prolongando ese momento lo máximo posible", explicó la madre, según un informe de Business Insider sobre la tendencia de expulsar la tecnología de las paredes de la casa que asumen cada vez más familias de Silicon Valley. El iPad más reciente que compraron, hace unos cinco años, acumula polvo en uno de los muebles de la sala, mientras que la colección de juegos de mesa vive una popularidad tremenda.

Hacer hogar en tiempos de dependencia digital

La prevalencia tecnológica en nuestras vidas es un asunto de factura reciente, lo que juega en contra de los estudios científicos, médicos, sociológicos y psicológicos que pueden iluminar sobre los efectos para la salud y el bienestar de tener una pantalla frente a la cara durante el grueso del día. Sin embargo, los escasos estudios que ya conocemos dan un balance negativo sobre nuestra adicción a la tecnología, y ponen en un primer plano los estragos que causa en la infancia.

La dependencia digital del siglo XXI es un hoyo negro al que los adultos entraron sin cuestionarlo, pero es uno de esos errores que muchos adultos no quieren heredar a sus hijos. Una encuesta a unos 900 padres de familia de Silicon Valley reveló que, a pesar de tener gran confianza por los avances tecnológicos, muchos tienen grandes preocupaciones sobre el impacto de estos dispositivos en el desarrollo social y psicológico de los niños.

Algunos comparan la edad de iniciación de los niños en las redes sociales y los móviles con la publicidad de las cadenas de comida rápida, que tiran de productos dirigidos a la población infantil para engancharles de por vida, según estudios realizados en el sector. La lealtad desde la juventud es rentable en cualquier industria, pese a los esfuerzos de las tecnológicas de Silicon Valley para distanciarse de sectores popularmente considerados como nocivos, como es el caso de la "comida basura".

"Las tecnológicas saben que cuanto antes se acostumbren los niños y adolescentes a sus plataformas, más fácil será que eso se convierta en un hábito de por vida", dijo a Business Insider uno de los padres de familia de Silicon Valley, ex empleado de Google, que considera que no es una coincidencia que la empresa haya logrado ingresar en las escuelas productos como Google Docs, Google Sheets y Google Classroom, además de los ordenadores para estudiantes Chromebook.

Los altos ejecutivos de estas compañías entienden este peligro mejor que los mortales. Steve Jobs, el difunto fundador de Apple, no permitía a sus hijos usar los iPads que fabrica su compañía. El nuevo consejero delegado de la empresa, Tim Cook, prohibió a su sobrino suscribirse a cualquier red social. Y el fundador de Microsoft, Bill Gates, restringió a sus hijos el uso del móvil hasta que tenían 14 años. Algunas buenas razones tendrán para no dejar entrar a casa los productos que inflaron sus fortunas en primer lugar.

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