Grazalema, el pueblo donde no deja de llover: 600 l/m² en 24 horas y una causa clara
Algunos expertos comparan la Sierra de Grazalema con “una esponja que exprime” las nubes atlánticas
Dana en Andalucía
Grazalema en apenas diez días ha recogido del orden de 1.300 litros por metro cuadrado, el equivalente a lo que cae en un año en ciudades como A Coruña, y en solo 24 horas ha llegado a acumular cerca de 400 litros, similar a la precipitación anual de Madrid.
Lo que para el resto del país es un temporal excepcional, en este pueblo blanco de la Sierra de Cádiz es casi una seña de identidad. Sus registros superan habitualmente los 2.000 litros por metro cuadrado al año y en ocasiones extremos se han rebasado los 4.000, lo que lo consolida como uno de los puntos más lluviosos de España según la caracterización climática de la Junta de Andalucía.
Una “esponja” en la primera muralla de la sierra
La clave está en el mapa y en el viento. Grazalema se asienta justo en la primera barrera montañosa que encuentran las borrascas atlánticas cuando entran por el golfo de Cádiz.
Se trata de sierras abruptas como una muralla que obligan a las masas de aire húmedo del oeste y suroeste a ascender de golpe. Ese ascenso forzado, lo que los meteorólogos llaman forzamiento orográfico, enfría el aire, favorece la condensación y dispara la lluvia en la ladera de barlovento.
La Aemet explica que, en este entorno, el viento cambia con la altura (cizalladura), genera turbulencias y facilita la unión de microgotas, de modo que las nubes, aunque no sean muy altas, precipitan con enorme eficacia.
Algunos expertos comparan la Sierra de Grazalema con “una esponja que exprime” las nubes atlánticas, el efecto Foëhn hace que el aire se deje buena parte de su humedad en este macizo antes de descender ya más seco hacia el interior.
Récord de litros
El relieve local multiplica ese efecto. El corredor del Boyar actúa como un embudo que canaliza los vientos húmedos y acelera su velocidad, generando un “efecto Venturi” que potencia aún más el ascenso sobre las cumbres del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.
En temporales como el de estos días, con sucesivas borrascas entrando alineadas desde el Atlántico, el resultado son acumulados casi desproporcionados. En diez días se ha sumado tanta agua como en un año completo de lluvia en buena parte del norte peninsular, y no es la primera vez que esta zona pulveriza sus propios récords.
Según estudios locales, no es raro que en el macizo se superen de media los 2.500 litros anuales y en puntos concretos se alcancen valores que rebasan los 3.000 o 3.500 litros, cifras por encima incluso de muchas estaciones del Cantábrico húmedo.
Principales riesgos
Esta sobreabundancia de lluvia moldea el paisaje y la vida cotidiana. Los enormes volúmenes de agua que caen sobre los relieves calizos de la sierra alimentan un complejo sistema de simas, grietas y manantiales que, cuando el nivel freático se dispara, “revientan” de forma espectacular
Es el fenómeno localmente conocido como “Los Caños reventaos”, cuando el agua brota a presión por oquedades y surgencias que normalmente permanecen discretas.
Ese mismo régimen hídrico sostiene una vegetación exuberante, con pinsapares relictos y una biodiversidad que ha justificado la declaración de parque natural y reserva de la biosfera, pero también obliga a convivir con frecuentes cortes de carreteras, desbordamientos puntuales y problemas de erosión en caminos y laderas.
En los últimos episodios, los servicios de emergencia han tenido que vigilar ramblas y cauces secundarios ante subidas súbitas de nivel, aunque la fuerza del relieve y la capacidad de infiltración kárstica actúan como válvula de escape natural para buena parte de las lluvias extremas