Adiós a un icono de Málaga: cierra tras 60 años en activo el restaurante que servía el cochinillo más famoso

El cierre del Mesón Huesca supone el adiós de un restaurante que ha estado más de seis décadas siendo una de las referencias de Málaga

La calle Larios durante la feria.

La calle Larios durante la feria. Álex Zea / Europa Press

Cada ciudad tiene un restaurante que cuenta una historia por sí solo. En Málaga, entre las muchas opciones existentes, el Mesón Huesca es uno de los más emblemáticos de toda la provincia, con un bagaje de más de seis décadas. Sin embargo, este 2026, 62 años después de su apertura en la provincia malagueña, echa el cierre definitivo para desgracia de los malagueños.

Y es que la noticia ha sorprendido a muchos clientes habituales, aunque, tal y como reconocen sus responsables, se trataba de una decisión meditada que ya había sido comentada en círculos cercanos. Con este adiós, la ciudad pierde un establecimiento que ha sido referente de la cocina tradicional malagueña durante generaciones.

El adiós de Málaga a un restaurante familiar con una historia familiar de más de seis décadas

Este emblemático enclave turístico y gastronómico se encuentra ubicado en la calle Cañón, en pleno centro histórico, frente a la Catedral de Málaga, una localización que se convirtió en su última etapa. No obstante, el Mesón Huesca es inseparable de su histórica sede en Carranque, considerada la más reconocida por sus clientes. Fue allí donde Pepe González, padre de Ignacio, decidió abrir el negocio que acabaría marcando una época en la gastronomía local.

Un restaurante con una larga y extensa historia, cuyos inicios se remontan a 1964, cuando abrió sus puertas como una taberna familiar. Con el paso del tiempo, el establecimiento evolucionó hasta convertirse en un punto de encuentro intergeneracional, manteniendo siempre su esencia.

En 2019, tras 55 años en Carranque, el negocio se trasladó al centro de la ciudad, cerrando así un ciclo que ahora llega a su fin con el anuncio del cierre definitivo, y que ha hecho tanto a los propietarios como a una larga lista de clientes habituales rememorar todas las vivencias cosechadas entre las paredes de este emblemático enclave.

Ignacio González, hijo del fundador y alma del restaurante durante décadas, ha compartido su sentir tras la despedida, dedicando unas palabras que han recalcado no solo lo bueno a nivel de negocio, sino en lo humano: “Me siento fenomenal porque nos vamos por la puerta grande, sin deudas y con clientes que son amigos”.

Sin embargo, también ha querido recalcar todos los aspectos relativos a este restaurante, que ha desembocado en una vida entera dedicada al negocio: “Han sido 45 años dedicados en cuerpo y alma al negocio que fundó mi padre; empecé con 14 años y lo he dado todo”. Sobre las distintas etapas del local, además, añade: “Carranque fue mi escuela y el centro ha sido el colofón”.

Las claves de un restaurante que ha cosechado identidad propia a lo largo de los años

Son muchos los aspectos que, con el paso de los años, han llevado a este restaurante a lo largo de los años. Sin embargo, dentro de todos los aspectos a destacar, especialmente basándose en la carta, entre los platos que han quedado grabados en la memoria de los clientes destaca especialmente el cochinillo, una de sus especialidades más reconocidas, junto a otras propuestas tradicionales y guiños creativos como la porra republicana.

Ignacio también recuerda innovaciones como los molletes gourmet, pensados para que los comensales no tuvieran que compartir platos, que se convirtieron en otro de los grandes motivos por los que cientos de clientes visitaban su restaurante. Por otro lado, en el apartado dulce, confiesa su predilección por “la biznaga de chocolate blanco y la leche frita”.

Más allá de todo lo relativo a la carta, la excelencia de este restaurante a lo largo de sus más de seis décadas ha llevado a un sinfín de numerosas figuras de la cultura y la comunicación, entre las que se encuentran Gloria Fuertes, Joaquín Sabina o Antonio Orozco, a visitar sus comensales y poner su granito de arena en la historia de este restaurante.

Y es que a un nivel global, Ignacio resume el espíritu del local con una frase reveladora: “Aquí siempre hemos tenido dos cajas, la de los impuestos y la de las emociones”. Y esa ha sido la clave principal que ha llevado a este local no solo a sobrevivir durante tantísimos años, sino a convertirse en un punto de referencia para miles de malagueños.

Como reflexión final, Ignacio fue claro: “Un tabernero es como un cura, sabe más por lo que calla”. Ahora, el local pasa a manos de un grupo de empresarios de la restauración malagueña que impulsará un nuevo proyecto, aunque el nombre del Huesca ya no continuará, poniendo punto final a una historia irrepetible.

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