Arturo Fernández se asfixia con las deudas pero insiste en el reflote

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El presidente de la patronal madrileña pierde casi todas sus cafeterías y restaurantes, pero intenta convencer a los trabajadores de que el despegue es inminente

El presidente de Grupo Cantoblanco, Arturo Fernández | EFE

02 de septiembre de 2014 (23:57 CET)

En el Palacio Real de Madrid, donde los bailarines ya han comenzado los ensayos para las obras que empiezan a mediados de mes se han quedado sin catering ni restaurante. Los trabajadores no pueden tomar un café entre ensayo y ensayo. La empresa de Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña y vicepresidente de la española, dejó la concesión con deudas superiores a los 200.000 euros. Ahora el Palacio Real tuvo que alquilar máquinas de vending mientras licitan la próxima concesión. La situación es casi idéntica en la Asamblea de Madrid donde los grupos parlamentarios han aceptado las máquinas y un horno microondas como solución de contingencia mientras se licita una nueva concesión.

Orange ha optado por retirar definitivamente el comedor para trabajadores. No quieren repetir la experiencia que tuvieron con Arturo Fernández. Dos colegios que hasta el curso pasado eran gestionados por Cantoblanco se han reincorporado a las actividades esta semana. Los trabajadores del grupo recibieron una desagradable sorpresa. El servicio ha sido cambiado y será gestionado a partir de ahora por otra compañía. Los empleados no tuvieron el beneficio de ser incorporados por la nueva compañía.

"Les dijeron que no regresaran más", explica una portavoz de Comisiones Obreras, el sindicato que ha organizado protestas frente a la patronal madrileña para cobrar los retrasos de las nóminas y a quien Fernández acusa de "politizar el problema empresarial".

El restaurante del abuelo


Fernández, nieto del empresario que fundó un restaurante en la calle de Jovellanos, ubicado detrás del Congreso de los Diputados, también está a punto de dejar caer el primer local levantado por su abuelo. Los trabajadores reclaman estos días la cesión de la gestión a la plantilla y el futuro luce incierto. Pero Arturo Fernández intenta convencerlos de que la mala situación de la empresa es temporal y de que en noviembre volverán a cobrar sus nóminas con normalidad.

Pero la realidad parece más dura que los deseos de Fernández. Embargado por Hacienda y la Seguridad Social, las sociedades del jefe de los empresarios han dejado de percibir ingresos. Las cuentas han sido bloqueados por Hacienda, lo que ha ocasionado la caída de los locales como piezas de dominó: e Caixaforum, el Congreso de los Diputados, la Cámara de Comercio, colegios y hospitales, Telefónica y Televisión Española.

Paciencia, sólo paciencia

Muchas de estas entidades tienen dificultades para encontrar empresas que deseen gestionar los restaurantes. Como si de una maldición empresarial se tratase, nadie se ha mostrado interesado por hacerse con el nuevo contrato en la Asamblea de Madrid a pesar de que el parlamento regional ha subido la oferta de 14.000 a 18.000 euros mensuales por la explotación.

Hacienda reclama una deuda de más de 600.000 euros más intereses mientras que la Seguridad Social exige desde 2012 el pago de otros 400.000 euros. El pasivo total de las empresas, que entraron en concurso de acreedores en junio, asciende a 54 millones de euros. Fernández, acusado de pagar en negro a sus empleados, también pide paciencia a sus acreedores. Está convencido en que volverá a conquistar el negocio de la restauración de sus amigos empresarios madrileños.
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