Brufau, solo ante el peligro

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LUCHA DE PODER

El presidente de Repsol, Antonio Brufau

13 de septiembre de 2012 (20:48 CET)

Los últimos años de Antonio Brufau al frente de Repsol se podrían calificar de todo menos de tranquilos. Dice el refranero español que lo que no mata, engorda. Algo muy parecido le está sucediendo al presidente de la mayor petrolera española. Los continuos vaivenes que está sufriendo la compañía no le han dado un respiro.

Tras ocho años al frente de Repsol, Brufau vuelve a sentir el aliento de los cazadores de sillones. El pasado lunes Expansión destapó la caja de los truenos. En una información, un tanto sui generis al no ir firmada, el diario económico aseguraba que los principales accionistas de la compañía (La Caixa, Sacyr y Pemex) preparan la salida de Brufau.

Se trata de un nuevo capítulo en la ya extensa lista de ataques contra su persona o la empresa. Tras su fulgurante carrera en La Caixa y la tranquila presidencia de Gas Natural, Brufau llegó a Repsol en un movimiento promovido por la caja catalana para quitarse de en medio al anterior presidente, Alfonso Cortina, nombrado a dedo por el Gobierno de José María Aznar.

Los primeros años de su gestión, sin contratiempos. Hasta que un día, al grupo Sacyr, comandado por Luis del Rivero, le dio por pedir un crédito y comprarse el 20% de la compañía. Ese movimiento sorprendió a todo el mercado, sobre todo, tras el intento del constructor por hacerse con la presidencia de BBVA.

Una tras otra

Luis del Rivero ha sido el enemigo número uno de Brufau en los últimos años. Tras varios intentos por echarle del sillón de presidente, el último en agosto del año pasado, el directivo catalán consiguió quitárselo de en medio gracias a la colaboración de La Caixa y la propia Sacyr. La alianza con Pemex hizo saltar las alarmas en la constructora, que no tuvo más remedio que echar a Del Rivero de la presidencia.

La jugada salió quasiperfecta. La petrolera tuvo que soltar de su bolsillo 2.500 millones para hacerse con un 10% del capital en propiedad de Sacyr. Ahora ya solo le queda la mitad de esa autocartera.

Tras ello, el siguiente paso era Pemex. La papeleta no era fácil. Al final, Brufau consiguió también llevarse el gato al agua logrando un acuerdo con la mexicana que dio cierta tranquilidad a la sociedad.

El expolio


Lo que no se imaginaba ni por asomo Brufau es que Argentina comenzara a darle problemas en enero. En un principio, los avisos provenientes del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se tomaron en Repsol como algo ordinario, ya que no era la primera vez que intentaban poner trabas a la compañía.

Probablemente, el hecho de no haber tomado tan en serio a Argentina desde un principio es lo que los detractores de Brufau más le han echado en cara en los últimos meses. El presidente de la petrolera siempre ha dicho que se tomó en serio las amenazas, pero finalmente estas se convirtieron en una realidad. Kirchner expropia a Repsol el 51% del capital de YPF y se adueña de la firma argentina, incluido una ocupación de la sede en Buenos Aires con la policía por delante.

El escenario era dantesco. La mayor crisis de la historia de Repsol era ya un hecho. Poco se podía hacer. Perdían el mayor hallazgo de la historia, Vaca Muerta, y una de las bases de crecimiento de la petrolera para los futuros ejercicios. A pesar de ello, Brufau no se amedrentó y decidió dar la cara “por lo que es nuestro”.

Cambio radical

La compañía ha entrado en una batalla judicial contra Argentina. Este hecho incluso ha llegado a enemistar al país austral con el Gobierno de Mariano Rajoy. Asumido el expolio, Brufau decidió tirar hacia adelante y presentó un plan estratégico, sin YPF, de 19.000 millones para los próximos cinco años.

El objetivo no era otro que aminorar el daño que había producido haberse quedado sin la petrolera argentina. En el plan se incluyó unas fuertes desinversiones que tratarán de mejorar los datos de deuda de la compañía.

Herido, pero no de muerte

La expropiación de YPF ha dejado a la compañía coja, y a Brufau, herido. Este hecho ha allanado el camino para que ahora se esté especulando sobre una posible salida del presidente de Repsol. Las distintas informaciones han levantado muchas sospechas. Los principales socios de la compañía siguen mostrando, de momento, su apoyo a Brufau y a la actual directiva.

Se han hablado de varios nombres. Uno de ellos, Borja Prado, presidente de Endesa y muy cercano al rotativo económico. Por otro lado, se habla de que Josep Piqué podría ser el hombre de Fainé para suplir a Brufau. De momento, todo se ha quedado en agua de borrajas. Pero algo hay. Los movimientos se han producido durante este verano, incluido con el Gobierno.

Algunas voces importantes del PP quieren colocar a alguien de su cuerda en la petrolera. Se trata de una práctica que llevó a cabo José María Aznar cuando llegó al poder. Estas voces piensan que Brufau es más de la cuerda socialista. La Caixa metió a Brufau en 2004 cuando llegó Zapatero al Gobierno y echó a Cortina, íntimo amigo de Aznar.

Sabe defenderse

Con todo ello, Brufau se encuentra en una situación complicada. Todos los dedos le están señalando. Es el objetivo. Hasta ahora siempre ha tenido aliados de su parte, como en la lucha con Del Rivero o en el affaire argentino. Esta situación es novedosa. Brufau, un hombre de La Caixa, podría quedarse por primera vez solo ante el peligro.

El presidente de Repsol tiene varios ases en la manga. El que quiera su sillón tendrá que llegar a un acuerdo con La Caixa y si puede ser, otro accionista de relevancia. Tiene el apoyo del consejo de administración, pero eso, como dicen algunas fuentes del sector, “podría no ser suficiente, hay mucho en juego”.

En definitiva, se abre la veda para la caza de uno de los puestos empresariales más codiciados de España, la presidencia de Repsol. Una tarea que no será fácil para el aspirante porque Brufau sabe defenderse. Así lo ha demostrado en varias ocasiones.
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