CGT, el sindicato más duro de TMB, se divide

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Los representantes de metro y autobuses chocan por el tono de las protestas. “Ante los recortes, no podemos protestar como Ghandi”, asegura Saturnino Mercader, el delegado sindical que renunció por las actitudes 'blandas' de sus compañeros

Miembros de CGT protestan en un edificio okupado en Barcelona.

30 de abril de 2012 (20:13 CET)

Es considerado el sindicato más radical, pero la dura situación económica y la amenaza de pérdida de puestos de trabajo han causado un cisma entre quienes abogan por una acción contundente en la calle (quema de contenedores y autobuses incluida) y los que apuestan por negociar recortes.

CGT, el sindicato más duro de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), la empresa que gestiona el metro y los autobuses, sufre una profunda escisión entre sus miembros que ha acabado por enfrentar a los máximos representantes de los autobuses con los del suburbano. El histórico sindicalista Saturnino Mercader renunció a su condición de delegado y dejó un vacío aún sin resolver en el comité de autobuses.

Actitud 'blanda'


“Ante los recortes de los derechos de los trabajadores, las acciones de lucha deben ser más duras. Si la patronal actúa con métodos de los años 30, no podemos protestar como Ghandi”, explica Saturnino Mercader, el delegado de CGT que renunció al cargo que tenía en los autobuses por la actitud blanda --considera-- de sus compañeros de metro.

La entidad anarcosindicalista cuenta con unos 60.000 afiliados en toda España y 5.000 delegados sindicales. Junto con UGT, es la organización con más delegados sindicales –seis-- en TMB, donde presidió el comité de empresa entre 2006 y 2010.

La huelga frustrada

La dimisión de Mercader ha ocasionado una falta de timonel dentro del sindicato CGT en autobuses que aún no está por resolver. Las enfrentamientos entre los representantes del suburbano y los de superficie comenzaron a raíz de la convocatoria de huelga durante el Mobile World Congress, la feria de móviles más importante a escala internacional.

“Hicimos la convocatoria y los compañeros de metro se echaron para atrás. Considero que fue una traición. Ante el miedo de pérdida de puestos de trabajo, parecía que se paralizaría el mundo si hacíamos una huelga durante el MWC”, explica Mercader.

Fuentes de CGT aseguran que el sindicato, uno de los más votados en TMB, se ha convertido en los últimos años en una entidad similar a CCOO y UGT y lejos de las posturas más radicales de los movimientos de izquierda más cercanos. “Hemos recibido críticas porque un compañero fue en las listas de Alianza Internacionalista, un partido apoyado por Batasuna, al Parlamento Europeo. Pero no todos hemos estado de acuerdo con este tipo de alianzas”, asegura un sindicalista de metro.

Desde la secretaria general de la organización prefieren no inmiscuirse en el enfrentamiento interno de TMB. La confrontación ha coincidido con la detención de una representante de CGT en Catalunya por quemar objetos frente a la sede de la Bolsa de Barcelona durante las protestas de la huelga general del 29M.
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