En la imagen, una tienda de los supermercados DIA en plena reforma.

El año en que DIA se asomó al precipicio

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Franquiciados, inversores y analistas comenzaron a emitir señales de alarma hace cuatro años pero la cadena decidió creer en su consejero delegado

Madrid, 31 de diciembre de 2018 (18:22 CET)

A mediados de 2015, cuando los supermercados DIA alcanzaban su valor máximo en la bolsa de valores, las tiendas de la compañía comenzaban a emitir señales de alarma. La empresa había adoptado una agresiva política comercial para captar inversores en su ambicioso plan de ampliación: se buscaban quiosqueros, charcuteros, obreros y trabajadores de baja cualificación para montar tiendas DIA. 

La red de comerciales buscaba a toda costa nuevos inversores. Y cuando comenzaron a tener dificultades para lograr sus objetivos, comenzaron a vender franquicias de unos 100.000 euros a los propios empleados: cajeras, carniceros, fruteras, muchos de ellos inmigrantes y la mayoría sin conocimientos previos en comercio. No sabían leer un balance o hacer un inventario. Era el perfil que había elegido la cadena de supermercados DIA para abrir más tiendas, inflar sus ingresos en el corto plazo, aumentar la facturación de forma artificiosa y cobrar los bonos. 

Los comerciales de la red de franquicias cobraban sus comisiones y también el consejero delegado, Ricardo Currás, que supeditó toda la estrategia comercial de la empresa al cobro de sus bonos anuales, tal como advertían hace un par de años directivos de su entorno. 

Rápidamente, las tiendas comenzaron a quebrar. DIA exigía cada vez peores condiciones a sus franquicias. Y los establecimientos comenzaron a caer, uno tras otro, como piezas de dominó. Las franquiciados denunciaban que DIA les engañaba en su facturación e inventario. Les enviaba mercancía no solicitada y les timaba en las cuentas. 

Los fondos de inversión y los llamados bajistas comenzaron a estudiar la situación comercial de DIA y rápidamente confirmaron las señales de alarmas. Y DIA se catapultó como la empresa del Ibex 35 con más fondos bajistas apostando a su desplome. 

Pero el consejero delegado Ricardo Currás, que tuvo que enfrentar una ola de demandas y querellas en toda España, aseguraba que las cuentas de la empresa iban bien, que las ventas subían y que DIA era una cadena de supermercado de futuro. 

La salida anunciada 

El 25 de marzo de 2017, Economía Digital pronosticó la caída de Ricardo Currás en un artículo en el que su entorno aseguraba que el máximo ejecutivo, el máximo responsable de la actual situación de DIA, planificaba su salida a mediados de 2018 después de cobrar su bono bianual. Este diario no tenía información secreta. Los malos manejos de la compañía comenzaron a ser un secreto a voces entre los directivos pero nadie se atrevía a cuestionar a la directiva o cuestionar la verdadera situación de la empresa. 

Pero la hecatombe precipitó la salida. Currás no se fue por cuenta propia, sino que fue fulminado por el consejo de administración que había hecho a su medida y que controló hasta casi el último día. La presidenta de la empresa, Ana María Llopis, también había avalado una situación de catástrofe empresarial. 

Este año 2018 se consumaron todos los malos pronósticos que, desde siempre, habían negado la presidenta, el consejero delegado y la cúpula de DIA. La directora de comunicación insultaba a los periodistas críticos y el director financiero avaló unas cifras infladas y que han sido corregidas por la nueva administración. 

Hoy, casi toda la cúpula fue fulminada y ha confirmado que el anterior equipo directivo no sólo mentía a los franquiciados, sino que también lo hacía al consejo de administración y a los propios accionistas. DIA ha reconocido que sus cuentas de resultado estaban infladas y que el beneficio de 2017 no habían sido 110 millones de euros, como había anunciado el fulminado Ricardo Currás, sino 90 millones de euros. 

Tres consejeros delegados en un año

Ahora, tras su expulsión del Ibex 35, su nueva cúpula intenta enmendar el rumbo dejado por la directiva despedida. DIA renueva todas sus tiendas e intenta buscar un nuevo modelo de negocio y una nueva estrategia comercial. Pero las nuevas directrices habían sido trazadas hasta este viernes por dos hombres de la cúpula que llevó a DIA a la situación actual: Antonio Coto y Faustino Jiménez. 

Pero el pasado viernes DIA anunció la destitución del consejero delegado, Antonio Coto, por Borja de la Cierva, quien fue hasta este año la mano derecha de Dimas Gimeno en El Corte Inglés. También ha nombrado a Jaime García Legaz y Se trata de la cuarta oleada de cambios en una empresa en la que ningún escenario parece claro. Incluido el de la salvación de la propia compañía. 

DIA confía en la refinanciación de la banca, firmada este mismo lunes 31 de diciembre. 2018 ha sido el año de la realidad para DIA, del desplome que todos habían anunciado. 2019 será el año de la muerte o el renacimiento. 

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