El historial de frustraciones de Antoni Abad

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El presidente de Cecot quiere presidir Foment dentro de dos años. No es el primer intento de este eterno aspirante a consejero de la Generalitat

Antoni Abad, presidente de CECOT, con Artur Mas / EP

Barcelona, 08 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

El presidente de la patronal de Terrassa Cecot, Antoni Abad, se postuló este miércoles para presidir Foment del Treball. Justo en el peor momento de sus relaciones con esta organización. 

Si no fuera por los tiempos –dos años antes de las elecciones–, su candidatura no le extrañaría a nadie: se ha postulado en varias ocasiones y su ambición de poder empresarial es alta, aunque a menudo se ha visto frustrada.  

Abad anunció la candidatura a la mitad de la segunda legislatura de Joaquim Gay de Montellà para distraer la atención: el lunes, Foment votará si expulsa a Cecot. Con su precandidatura, puede aducir que le echan por no ser el oficialista, aunque difícilmente puede frenar la expulsión.  

Pero sus ganas de ser presidente de Foment vienen de lejos. Si no, que se lo pregunten al ahora presidente de la CEOE, Juan Rosell, a quien intentó primero enfrentarse y luego suceder. Sus esfuerzos fueron baldíos.      

De las listas de CiU a Cecot

Abad, empresario metalúrgico de Terrassa, accedió a la presidencia de Cecot en 2005, cuando su predecesor, Eusebi Cima, se fue a presidir Fepime, la patronal de pequeñas y medianas empresas de Foment. Un año antes, en marzo de 2004, Abad había ido de número 12 en las listas de CiU para el Congreso de los Diputados, pero no entró.    

Ya en Cecot, hizo valer su condición de presidente de la territorial más importante de Foment, ostentando una vicepresidencia. Pero fue cuando llegaron las elecciones a la presidencia de la patronal de 2010 cuando hizo el movimiento que marcaría su futuro en el mapa empresarial catalán.      

El doble cambio de chaqueta  

De marcado carácter nacionalista –próximo a Artur Mas–, Abad se acercó a Femcat, patronal catalanista que quería desbancar a Juan Rosell y tomar la presidencia de Foment. Abad se dejó querer pero no se atrevió a presentarse. El candidato fue Joaquim Boixareu, entonces presidente de Femcat, con el apoyo de Cecot.    

Sin embargo, Rosell jugó bien sus cartas. Desactivó el apoyo de la patronal de Terrassa a Boixareu prometiéndole a Abad la vicepresidencia primera. Eso equivalía a ser su sucesor si, como se preveía, Rosell se iba luego a la CEOE. O eso entendió Abad, que daba por hecho que la silla de presidente sería suya cuando Rosell se fuera a Madrid.
       
Con esta promesa, Abad apoyó a Rosell y éste ganó cómodamente. El presidente de Cecot había frenado su asalto a Foment pero lo hacía, o eso creía, por una apuesta segura. Su gran frustración llegaría cinco meses más tarde.    

La venganza de Rosell    

No había ningún punto de los estatutos de Foment que dijeran quien debía ser el sucesor, y a eso se agarró Rosell para servir su fría venganza a Abad. Contra todas las quinielas, eligió a Joaquim Gay de Montellà, en ese momento un perfil bajo, como su sucesor cuando ganó las elecciones a la CEOE.  
 
Al todavía patrón de patrones español no se le había olvidado la traición inicial de Abad en las elecciones de 2010, y se la cobró unos meses más tarde. Además, sabía que el presidente de Cecot no era alguien a quien pudiera controlar desde Madrid, y tampoco estaba seguro que pudiera mantener la independencia política de la patronal.        

Esta decisión estancó la progresión de Abad. Con Gay de Montellà nunca tuvo feeling, nunca confiaron el uno en el otro. Gay le dio una vicepresidencia, que por representación le tocaba, en un intento de buscar la paz. Pero tras las elecciones de 2014, en las que no tuvo oposición, dejó a Abad fuera de la cúpula.      

Guerra comercial      

Punto y final. Ahí terminó la falsa amabilidad entre ambos y se inició otro tipo de asalto a Foment: la guerra comercial. Cecot empezó a buscar socios fuera de su territorio, lo que provocó quejas de otras territoriales en las asambleas de Foment.  

Entre estas quejas y el traslado de La Nit de l'Empresari a Barcelona agotaron la paciencia de Gay de Montellà, que en octubre del año pasado inició maniobras para cortarle las alas. Lo intentó por las buenas, con un cambio en el reglamento, dejando claro hasta dónde pueden llegar las territoriales.

Pero no funcionó. Al menos, eso considera Foment, que ahora quiere echar a Cecot. Lo discutirá la junta directiva y la asamblea el próximo lunes. Allí llegará Abad ya como precandidato. Si le echan, no puede presentarse, por lo que puede utilizarlo para frenar la expulsión. No obstante, como el proceso no está abierto, el argumento no es válido legalmente.

Aunque le expulsen, podría encontrar la manera de presentarse, si le nombran miembro de la asamblea de Foment como representante de otra organización –por ejemplo, la Unión Patronal Metalúrgica, a la que también pertenece–. Otra cosa sería que encontrase los apoyos suficientes para imponerse, con los que actualmente no cuenta.

De posible consejero a asaltar las cámaras

Abad también ha intentado canalizar sus ambiciones hacia la política. Se mueve bien entre los dirigentes de Convergència, como demuestra su presencia en las listas de 2004. No es casualidad que haya sonado como consejero de Empresa cada vez que se forma un Govern del partido de Mas y Puigdemont. Nunca se ha consumado.  

Ahora el consejero de Empresa es Jordi Baiget, que, como él, es de Terrassa. Baiget es quien presentó hace unos meses el anteproyecto de ley de cámaras, que ha sublevado a todo el sector por la creación de la Cámara General de Cataluña como órgano supremo. ¿Y quién suena para presidirla? Antoni Abad.    

La Cámara, o la presidencia de Foment, no son más que nuevos intentos del presidente de Cecot por llegar al poder empresarial. Pero ni han sido los primeros ni, probablemente, serán los últimos.
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