FCC no acaba de levantar cabeza y tiene pillados a Slim y Gates

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LA VENTA DE CEMUSA, CLAVE PARA CUMPLIR OBJETIVOS

El fundador de Microsoft, Bill Gates.

desde Madrid, 29 de septiembre de 2015 (15:27 CET)

Carlos Slim y Bill Gates –los dos principales accionistas de FCC junto a Esther Koplowitz– no acaban de sacar lustre a su participación en el grupo de construcción y servicios. Los 763 millones aportados entre ambos valen hoy unos 470 millones.  

Desde el inicio del presente ejercicio, tras la entrada como máximo accionista del magnate mexicano a través de la ampliación de capital de 2014, el varapalo bursátil está siendo considerable. Ronda ya un retroceso anual del 45%, que ha llevado el valor de la acción hasta el entorno de 6,5 euros. Un precio que sitúa su capitalización en algo menos de 1.700 millones de euros.

Y el deterioro todavía puede ser mayor si se observa el comportamiento de los fondos de inversión operando en posiciones cortas en la constructora. Si hace un año, tras la ampliación de capital, apenas representaban el 0,25% de FCC, hoy se elevan al 3,5%.

Posiciones cortas al acecho

JPMorgan, por ejemplo, entró en este mercado especulativo contra la constructora el pasado mes de junio, con el 0,84%, lo elevó a 1,15% en junio, y lo mantiene en el 1,2% desde finales de agosto. Otro fondo, WorldQuant, también se ha posicionado en la compra de títulos de FCC a préstamo con un porcentaje del 0,5%.

En el caso de Slim, los más de 650 millones invertidos en 2014 –con la suscripción de la ampliación y la compra de acciones a Esther Koplowitz– se ven mermados en 215 millones, de manera que las pérdidas potenciales serían ya, en estos nueve meses, del 35%.

Algo más pierde Bill Gates, el fundador de Microsoft, Bill Gates. Otro de los inversores de postín que entró en octubre de 2013, pagando 113,5 millones por 7,6 millones de acciones, equivalentes al 6% del capital de la constructora. Ahora, con la acción a 6,5 euros, ese capital capitaliza por unos 50 millones de euros, un 60% menos.

Vuelta al dividendo en cuarentena

No obstante, tampoco existe excesivo temor. Mientras no se venda no se pierde nada. Y, además, se sigue confiando en que la situación cambie a corto plazo de cara a poder volver a dar dividendo ya en 2016, logrando que la deuda financiera se reduzca a cuatro veces el beneficio neto de explotación (ebitda), desde las 15 veces en las que este ratio estaba al cerrar el primer semestre de 2015, cuando la deuda se elevaba a 5.810 millones y el ebitda se quedaba en 370.

Para rebajar la deuda y poder subir el ebitda, de cara a llegar a ese ratio de cuatro veces,  la venta cerrada del 50% de la filial de autopistas de Globalvía al fondo soberano de Malasia Khazanah Nasional Berhad, por 210 millones (Bankia también vendió el restante 50% en la operación), computará ya en este semestre en esa línea. Pero no es suficiente.

Jarque por Béjar

A partir de aquí, en FCC –tras cambiar de consejero delegado con el testigo dado por Juan Béjar a Carlos M. Jarque, un 'hombre' de Slim–, esperan superar los problemas surgidos con la venta de Cemusa, su filial de mobiliario urbano, a JCDecaux, acordada en marzo de 2014 por 80 millones de euros.

Año y medio después, la operación sigue paralizada ante la negativa del Ayuntamiento de Nueva York a cambiar el control del contrato que Cemusa tiene con esta institución, que contempla la instalación y mantenimiento de marquesinas, quioscos y los servicios públicos durante 20 años. Además, PwC, el auditor de la compañía, ha advertido que el patrimonio negativo de 74 millones al finalizar 2014 sitúa a la filial en causa de disolución.

Cemusa, clave

Mientras no se cierra esta operación, el deterioro del valor de Cemusa sigue condicionando las cuentas de FCC. Los 11,9 millones perdidos entre enero y junio se deben, en gran medida, a los 71,1 millones de pérdidas de actividades ininterrumpidas correspondientes a la filial.

Si finalmente no se supera el obstáculo con las autoridades neoyorquinas antes de que finalice 2015 y Cemusa no termina de venderse, las cuentas empezarán a no salir, ya que, en lugar de desconsolidar la deuda en unos 600 millones, volverán a ver cómo la deuda supera de nuevo los 6.000 millones, debido a la reclasificación como deuda a largo plazo las obligaciones de pago li­gadas a los de­re­chos de ex­plo­ta­ción a largo plazo de los so­portes pu­bli­ci­ta­rios en la filial.

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