Freixenet deja entrar a Henkell

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Los accionistas de la cava catalana aprueban entregar los libros a la compañía alemana para que convierta su oferta en formal

Vista de la entrada a las bodegas Freixenet, en el Penedés.

Barcelona, 03 de mayo de 2016 (01:00 CET)

La venta de las cavas Freixenet va quemando etapas. Lo hace lentamente, pero no para. Si primero fue el consejo de administración el que debatió el 11 de abril pasado la oferta de la alemana Henkell, y decidió que siguiera adelante, este lunes fue la junta de accionistas la que le dio el visto bueno.

Los accionistas de la compañía, tres ramas familiares descendientes de los fundadores de Freixenet, habían convocado la junta para este lunes, después de que la de hace dos semanas fuera impugnada por los Ferrer para ganar tiempo. La oferta de Henkell necesitaba el apoyo de más de la mitad del accionariado para seguir su curso, y lo ha conseguido, según ha podido saber Economía Digital.  

La aceptación de la oferta preliminar no supone todavía la venta sino la entrega de los libros y el acceso a las cavas a Henkell. La multinacional alemana, como es habitual en estos procesos, llevará a cabo una due diligence para examinar el estado de las cuentas de Freixenet y decidir si convierte en vinculante su oferta, que valoraría a la compañía en 500 millones de euros.  

Los Bonet dan el paso  

Para conseguir quemar esta etapa, Henkell necesitaba el apoyo del presidente de las bodegas, José Luis Bonet, o al menos el de su hermana Pilar. Con el no asegurado de los Ferrer Noguer, que tienen el 42%, y el sí seguro de los Hevia Ferrer (29%), la oferta alemana precisaba de tres de los cuatro hermanos Bonet a favor.  

Con Pedro y Eudald Bonet favorables a la venta desde el principio, todo dependía de José Luis y de Pilar (o de uno de los dos). El presidente, a quien Henkell ha ofrecido mantener el cargo, todavía no lo tiene claro, pero ha accedido a dejar entrar a la empresa alemana para que analice las cuentas.

El permiso a Henkell para realizar la due diligence no supone un sí definitivo, pero es muy sintomático, ya que nadie muestra sus entrañas, y menos a un competidor, si no tiene intención de vender.  

Un grande de los espumosos dentro de un gigante  

Henkell es una compañía alemana que factura 700 millones de euros, 200 más que Freixenet, más de la mitad fuera de Alemania.  Vende 25 marcas de bebidas, entre vinos, champanes y espumosos y bebidas espirituosas.    

Su principal negocio es el sector de los vinos espumosos, con más de diez marcas, varios prosecco, un champán y un cava, el catalán Cavas Hill. Su dominio en el sector de los espumosos en Alemania facilitaría las ventas allí de Freixenet, sobre todo en el canal horeca.  

Henkell forma parte del grupo de alimentación Dr. Oetker, un gigante que factura unos 11.000 millones de euros. Es fácil de pensar que un grupo con este volumen no lo tendría difícil para comprar la primera cava catalana y promocionarla internacionalmente.  

La opción Ferrer  

Después de que la compañía alemana haya superado otra fase este lunes, el proceso de venta de Freixenet inicia dos caminos en paralelo. Además de la auditoría que está llevando a cabo Henkell, hay otra parte que tiene algo que decir y que debe dar ya un paso adelante: los Ferrer.  

Esta rama familiar, propietaria del 42% de las acciones de las bodegas, tiene el control con Pedro Ferrer como consejero delegado y el ascendente de su padre, José Ferrer, único miembro con vida de la segunda generación, que ocupa la presidencia de honor y cuya opinión todavía tiene mucho peso en la compañía.   

Los Ferrer trabajan desde hace semanas para conseguir un crédito de entre 120 y 130 millones de euros que les permita igualar la oferta de Henkell, como avanzó Economía Digital. Con ello le bastaría, ya que las familias propietarias tienen las acciones sindicadas y cuentan con derecho de tanteo.
   
Todavía trabajan para conseguir el dinero y su momento se acerca. Hasta ahora, mientras la oferta de Henkell avanzaba lenta, no tenían por qué dar el paso, pero con los alemanes ya viendo las interioridades de Freixenet, están obligados a reaccionar si quieren quedarse con las cavas.  

Dificultades financieras

Como sólo necesitan llegar al 58%, los Ferrer calculan que con una oferta de unos 155 millones –el crédito más recursos propios–, descontando la deuda, pueden igualar a los alemanes. No obstante, las entidades financieras no se lo están poniendo fácil.
 
La banca tiene dudas de que con la gestión actual la compañía genere suficiente negocio como para devolver este crédito y, además, los alrededor de 300 millones de deuda bancaria que tiene Freixenet.  

Por ello, han reclamado a los Ferrer que profesionalicen la gestión con directivos externos y que racionalicen costes, pero todavía han sido más duros a nivel financiero. Han pedido garantías por el 70% del crédito, pero los avales no han convencido a los bancos, e incluso alguno se ha descabalgado y no estará en el crédito sindicado.
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