Los Ferrer buscan 120 millones para mantener el control de Freixenet

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La familia propietaria del 42% de las acciones activa las negociaciones con la banca para comprar la participación de los Bonet y los Hevia

Xavier Alegret

José Ferrer, presidente de honor de Freixenet (en el centro), durante un acto de celebración del centenario de la compañía, con Pedro Bonet y José Luis Bonet / EFE
José Ferrer, presidente de honor de Freixenet (en el centro), durante un acto de celebración del centenario de la compañía, con Pedro Bonet y José Luis Bonet / EFE

Barcelona, 16 de marzo de 2016 (01:00 CET)

Los Ferrer, mayores accionistas de Freixenet con el 42% de las acciones, mueven hilos entre los bancos para lograr un crédito de 120 millones de euros. El objetivo es comprar el resto de la compañía. Con esta operación, mantendría el control de las bodegas, después de que las otras dos ramas familiares, los Hevia y los Bonet, decidieran vender su 58%, como avanzó Economía Digital este martes.

Encabezados por el consejero delegado de Freixenet, Pedro Ferrer, el clan ha calculado que necesita unos 155 millones de euros para comprar el 58% que no controla. Según han explicado fuentes financieras, ya contaría con algo más de 20 millones y busca en el mercado financiación para acumular esos 155 millones.

Los Ferrer ya han iniciado contactos para conseguir entre 120 y 130 millones, que les permitan quedarse como únicos dueños de las bodegas. Según las mismas fuentes, estos contactos han llegado a las principales entidades financieras y de culminar, muy probablemente, la operación se zanjaría con un crédito sindicado.

Freixenet puede valer entre 550 y 600 millones de euros. Sin embargo, la oferta la valora en bastante menos porque descuenta la deuda de la compañía, que sería cercana a los 300 millones de euros. Algunas fuentes la rebajan, sin embargo, hasta los 280 millones. 

La venta a un tercero pierde peso

Si los Ferrer consiguen la financiación que necesitan, Freixenet quedará en manos de la familia fundadora, después de que se rompiera la harmonía entre las tres ramas. Descontentos con la gestión de la compañía, los Hevia Ferrer, propietarios del 29%, decidieron vender su parte y sumaron a su causa a los Bonet Ferrer, propietarios de otro 29%, que inicialmente estaban divididos sobre si unirse o no a la rebelión.

Los Hevia y los Bonet buscan un inversor para vender su 58%, lo que daría el control al nuevo socio, aunque los Ferrer tienen derecho de tanteo y están decididos a evitar que la familia pierda esta firma emblemática. Según explicaron fuentes próximas a la compañía, el principal interesado es la compañía alemana Henkell.

Henkell se dedica al sector del vino, champán y también al cava, después de comprar las pequeñas bodegas catalanas Cavas Hill en 2012. La compañía, que factura 700 millones de euros, 200 más que Freixenet, es propiedad del grupo Oetker, que tiene unos ingresos de 11.000 millones al año.

¿Un anzuelo?

Sin embargo, gracias al derecho de tanteo y al deseo de toda la familia de no perder lo que crearon sus abuelos, lo más probable es que termine quedando en manos de los Ferrer. De hecho, el interés de Henkell y de alguna otra empresa parece no haber sido más que un anzuelo para forzar a los Ferrer a hacer una oferta.

El divorcio entre las tres ramas familiares, nietos de los fundadores de la compañía, se inició por el desacuerdo de Enrique Hevia, vicepresidente y director financiero de Freixenet, con la gestión de la compañía. Hevia culpa a los Ferrer Noguer, que tienen más peso en el accionariado y en la gestión, de la baja rentabilidad de la compañía, que en 2014 sólo ganó 2,2 millones con una facturación de 503 millones.
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