Jordi Piera, el contratista jefe

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El cargo de consejero delegado en FCC ha sido una mina de oro, cuyos secretos van saliendo a la superficie a base de encontronazos judiciales

FCC ha sido una de las compañías más beneficiadas en obra pública.

21 de noviembre de 2015 (23:10 CET)

Los árboles judiciales del 3% son demasiado frondosos; protegen la verdad. En el momento en que Carlos Slim ha colocado a su hombre de confianza, Carlos Jarque, como consejero delegado de FCC, han empezado a retumbar los cimientos históricos de la constructora. Descontentos con su suerte, quienes ocuparon la silla aurífera del Contratista en Cap están dispuestos a contar las verdades del barquero. Son muchos años de la antigua Focsa de los Piera y Mas Sardà, y son muchos los capítulos oscuros de la actual FCC de la era Koplowitz. FCC es una empresa del laberinto convergente (junto a Ferrovial y ACS); está marcada por las comisiones, las adjudicaciones dudosas y las desviaciones injustificables.

El mexicano Carlos Slim se ha quedado con el paquete accionarial mayoritario que controlaba Esther Koplowitz, pero el mexicano quizá no sabe que el portfolio catalán de FCC es un enjambre de consecuencias imprevisibles. El primer empuje de la constructora corresponde a la antigua Focsa (Fomento de Obras) fundada hace más de cien años con el inmovilizado de los Piera (dueños de 46 hectáreas en la Montaña de Montjuïc) y el capital de dos bancos de familia, la Mas Sardà y la Soler i Torra.

Los Piera fueron accionistas de referencia hasta la fusión Focsa-Construcciones y Contratas (en 1992), cuando se produjo la toma de control por parte de Esther Koplowitz. Desde entonces, la FCC actual ha contado con la gestión del último Piera, Jordi Piera, y de Santiago Sardà, el consejero catalán y ex miembro del comité ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barcelona en la etapa de Antoni Negre.

Capataces del 'lobby' de la construcción catalana

Piera y Sardà movieron los hilos de la Cámara de Contratistas de Obra Civil, el auténtico 'lobby' de la gran construcción en Catalunya, con una importante presencia en Foment del Treball. Fueron los años del silencio y la cartera. El país creció de forma exponencial antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona. FCC fue una licitadora de primer orden por encargo de Gisa, la empresa de infraestructuras de la Generalitat, presidida entonces por Rafael Villaseca, actual Ceo de Gas Natural Fenosa. El pasado mes de junio, la Guardia Civil registró la sede de la constructora –un edificio noucentista situado en la Calla Balmes- para buscar documentos vinculados al caso Innova de corrupción sanitaria con epicentro en Reus (Tarragona).

La relación de la constructora con la trama de Innova se rastrea a través de General Lab, una sociedad de material clínico envuelta en los negocios de los Pujol, los Sumarroca y Prenafeta, según medios judiciales. FCC fue asociada a la financiación del PP en 2008, fecha en la que empresa estaba gestionada por José María Mayor Oreja, hermano del destacado político conservador, Jaime Mayor Oreja.

Ampliación de capital para fichar a Slim

FCC cuenta con presencia en 34 países de todo el mundo y más del 44% de su facturación proviene de los mercados internacionales, principalmente Europa y Estados Unidos. En octubre de 2013, Bill Gates entró en la compañía como accionista con un 5,7% y poco después hizo su aparición el financiero George Soros con un 3%. En diciembre de 2014, FCC realizó una ampliación de capital por importe de 1.000 millones de euros, lo que permitió la incorporación del empresario Carlos Slim como primer accionista (25,6%).

Antes de cerrarse la operación de Slim, el CEO saliente de FCC, Juan Béjar, mostró sus cartas y fue vapuleado. Béjar apostó en su momento por George Soros como salvador de la compañía con tanto empeño que terminó por agrietar su ya de por sí difícil relación con la presidenta no ejecutiva, Esther Alcocer Koplowitz. El consejero depuesto ha pasado de ser un hombre milagro, gracias a las concesiones arbitrarias y a las rentables demoras de obra, a convertirse en el gran traidor.

En la trama del 3%

Béjar, Piera o Santi Sardà, por orden de desaparición, expresan una forma de funcionar que ofrece contrapartidas a muchos ciudadanos llenando los bolsillos de unos pocos. Las concomitancias en la base de la pirámide del 3% se reparten por barrios: Ferrovial, FCC, ACS, Vértix o la Comsa Emte de Miarnau y Sumarroca. Vértix, la empresa de Felip Massot, se vio favorecida por la administración autonómica en un tiempo en que el propio Massot se codeó con Artur Mas, entonces joven conseller de Obra Pública y Territorio.

En este caladero fondea ahora la UDEF en busca de minerales preciosos y dispuestos a sacrificar, en el altar de Interior, la verificación de cuentas cifradas en Suiza, hasta hoy inexistentes. Es la pista de los bancos helvéticos, Lazard, UBS o el bureau Cantrade Lausanne, con miembros de la familia Franco (tal como suena) sentados en el consejo. Cantrade fue fundado por el mítico Jaime Castell, accionista y presidente del Banco Madrid, patrón de Textil Gossypium y amigo muy personal de Evita Perón.  

 

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