La 'dulce' crisis de Capio Sanidad

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El grupo gestiona el doble de centros y su facturación crece en 134 millones desde 2008

Panorámica del Hospital General de Cataluña,  ubicado en Sant Cugat del Vallés.

13 de febrero de 2013 (20:25 CET)

El auge de la sanidad privada en tiempos de crisis se ha notado en las cuentas de las grandes compañías dedicadas al sector en España. Las necesidades de capital de las administraciones han provocado un nuevo sistema sanitario con mayor incidencia del sector privado. Capio Sanidad es una de las empresas que ha experimentado un gran aumento pese al declive económico que ha sufrido el país.

El grupo gestiona ahora el doble de centros que antes de que comenzara la crisis, ha pasado de 13 clínicas a 30. La gestión del Hospital de Móstoles y el de Collado Villaba son los últimos que ha obtenido mediante concurso público. “Esto lógicamente tiene reflejo en la facturación”, aseguran fuentes de la compañía a Economía Digital.

Y así es. A la espera de presentar los resultados del último ejercicio, Capio ingresó 570 millones de euros en 2011. Esta cifra significa 20 millones más que un año antes y un incremento de 134 millones desde 2008. En este crecimiento que ha experimentado la división española del grupo sueco tiene mucho que ver el fondo de capital riesgo CVC Capital Partners.

Entrada de fondos externos

Capio ha invertido más de 500 millones en los últimos cinco años gracias a las relaciones empresariales con CVC que se materializaron (entre 1998 y 2005) con tres ampliaciones de capital para la construcción de tres hospitales. Desde 2011, la relación entre ambos es más estrecha todavía. CVC se ha convertido en el principal socio tras comprar el negocio español por cerca de 900 millones.

Pero no es la única compañía que ha permitido la entrada de este tipo de fondos para conseguir una inyección rápida de capital que permita la adjudicación de nuevos centros, lo que significa a largo plazo, hacer caja.

El Grupo Quirón también ha optado por esta vía. Se ha fusionado con USP Hospitales –que compró el fondo de inversión Doughty Hason por 355 millones-- para convertirse en el primer grupo de España en ingresos, con una facturación conjunta de 650 millones, según las previsiones de la compañía para el cierre de 2012.

A la caza de Ribera Salud

Pero mientras unos crecen con ayuda externa, como Capio o Quirón, otros corren peor suerte. Es la situación del grupo Ribera Salud, conocido por el Modelo Alzira que ha defendido tanto la Generalitat Valenciana. Sin embargo, en lugar de comprar, Ribera Salud ha colgado el cartel de se vende, incluso a sí mismo.

Se ha desprendido de dos hospitales a finales de 2012, el de Torrejón y el de Manises, que ha adquirido Sanitas por 77,6 millones de euros. Y no se descarta que el grupo tenga que vender más activos. El consorcio valenciano está controlado en un 50% por Bankia y otro 50% por Banc Sabadell, después de que se quedara con la CAM.

Los problemas de tesorería de la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri le obligan a realizar desinversiones, entre las que se encuentra la venta de su participación en Ribera Salud. En la puja ha entrado el grupo Capio, que ha mostrado abiertamente su interés por quedarse con la concesionaria, pero el banco de Oliu parece tener más papeletas para adueñarse finalmente del pastel.

Más posibilidad de negocio

El sector de la sanidad privada es un negocio que, lejos de explotar como ocurrió con la burbuja inmobiliaria, seguirá in crescendo en España, sobre todo gracias a la Comunidad de Madrid. La aprobación de la privatización de seis hospitales y 27 centros de salud abre la puerta de acceso a los grandes grupos, que competirán por hacerse un hueco en la sanidad madrileña y engrosar así sus cuentas.

Pero la decisión de los populares liderados por Ignacio González, presidente de la Comunidad, y apoyada por la alcaldesa Ana Botella, tan bien acogida por las compañías privadas, ha desembocado en una marea blanca entre los profesionales del sector. El personal sanitario, así como determinados colectivos de usuarios, teme un descenso en la calidad de la atención sanitaria como consecuencia de la reducción de costes para obtener beneficios.
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