La familia Ferrer celebra en Sonoma los 25 años de sus cavas californianas

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EMPRESAS INTERNACIONALES

Cristina Farrés

José Luis Bonet (tercero por la izquierda), Pedro Ferrer (cuarto), José Ferrer (quinto) y Enrique Hevia (sexto), con otros miembros de la familia
José Luis Bonet (tercero por la izquierda), Pedro Ferrer (cuarto), José Ferrer (quinto) y Enrique Hevia (sexto), con otros miembros de la familia

29 de septiembre de 2011 (01:26 CET)

En el valle de Sonoma, que llega hasta la bahía de San Francisco y va en paralelo al de Napa, hay 400 bodegas. La familia Ferrer, o lo que es lo mismo, Freixenet, tiene una finca de unas 300 hectáreas en la zona dedicada en su mayoría a hacer spakling wine, tal como se denomina el cava en California. Aunque una tercera parte de la uva recogida en Carneros --el emplazamiento en Sonoma-- la dedican a hacer vinos tranquilos. Pinot Noir y Chardonnay. Estas son, a grandes rasgos, las cavas Gloria Ferrer, que cumplen 25 años este 2011. “Nosotros deberíamos celebrar los 30. Descubrimos la finca y tardamos cinco años en adecuarla”, cuenta la protagonista del evento.

Asegura que su marido, José Ferrer, no le avisó “hasta el día antes de la inauguración” de que iba a poner su nombre a esta línea, que sólo exporta el 10% del millón y medio de botellas que producen anualmente básicamente a Canadá, Japón, China, México, Alemania y la zona del Caribe. Es muy difícil encontrarla en España. “Pero aquí hay trampa, porque yo no me llamo Gloria Ferrer, me llamo Gloria Noguer y no he renunciado a mi apellido”, recalca la simpática anciana antes de lanzar una recomendación al corrillo de periodistas que le acompaña en la fiesta de celebración que tuvo lugar este lunes: “Aunque no bebáis, llevad una copa en la mano. Siempre queda bien”.

Estos viñedos suponen el 10% de la facturación total de Freixenet y controlan el 5% del mercado estadounidense de vinos espumosos.

Gloria Noguer confiesa que le gustaría estar más tiempo en la región, pero tras la fiesta se quedaron sólo dos días más en los que, entre otras cosas, realizaron una reunión familiar para revisar la estrategia nacional e internacional de Freixenet. “Yo he de regresar antes a Catalunya, estoy en plena vendimia”, añade el patriarca, José Ferrer. En esta ocasión sólo le ha acompañado una de sus cuatro hermanas, Carmen, que sopló 92 velas a la par que las cavas.

'Family office'


“Aunque se haya retirado, no dudéis que él sigue mandando”, afirmaba sonriendo el actual presidente del grupo, José Luís Bonet Ferrer, al hablar de su tío. Y es que al patriarca del clan Ferrer no se le escapa ni una. Preside el consejo de sabios, un órgano donde también están presentes sus tres hermanas --Pilar, Carmen y Lola-- creado ad hoc cuando decidieron dejar paso a una nueva generación de Ferrers en la dirección de la compañía. Pero, en la práctica, ejerce un peso importante en cualquier decisión que se toma en la compañía.

Lejos de la gestión diaria, que ejerce su hijo Pedro Ferrer Noguer, consejero delegado de Freixenet, conoce al dedillo las grandes cifras del grupo: exportación, importación, planes estratégicos en nuevas regiones o la producción en los seis países donde tiene viñedos (España, Francia, Estados Unidos, México, Argentina y Australia). “Este año, la cosecha ha sido un desastre en California”, comentaba explicando cómo las lluvias de la pasada primavera estropearon la cosecha de pinot noire. Y aún controla el 25% del capital que le legaron sus padres. Sólo ha cedido una acción, de carácter testimonial, al consejero delegado.

El mismo capital que controla personalmente José Luís Bonet. Lejos del 12,5% del accionariado que se reparten sus primos Carmina, Agustina, Montse y Enrique Hevia Ferrer. Este último, vicepresidente y director económico de Freixenet. Sólo Carmen Ferrer Sala ha legado en vida parte de su capital, concretamente la mitad.

Consolidar las cuentas

A la salida de la reunión familiar, y ya en rueda de prensa, el clan Ferrer comentó el martes que en los cinco primeros meses de su año fiscal las ventas han mejorado ligeramente. Aunque su objetivo prioritario es consolidar los resultados actuales, con una facturación cercana a los 500 millones de euros. En plena época de expansión económica, Freixenet superó esta cifra.

“No esperamos una recuperación pronto”, afirma el consejero delegado. “Para mejorar la situación se necesita rehacer la economía y reactivar el consumo, y las medidas que se impulsan actualmente en España sólo llevan a la restricción”, añade Enrique Hevia. Termina el análisis José Luís Bonet: “Personalmente creo que la política del Banco Central Europeo es un error. Ante el riesgo de recesión y los niveles de paro actuales, sobre todo juvenil, no podemos impulsar medidas restrictivas. Bernanke [presidente de la Fed] que ha estudiado a fondo la depresión de los años 30, va en dirección opuesta y más acertada”.

Así son las cosas en la directiva de Freixenet. “Nos reunimos en familia y empezamos a hablar y criticar, a veces muy duramente, la gestión”, declara el presidente del grupo. Asimismo, defiende la cohesión de todo el clan como el primer elemento del éxito de la empresa. “Sin ella, no estaríamos aquí”. Y aquí vuelve a jugar un papel importante José Ferrer Sala, quien a sus 84 años confiesa que le apetecería visitar la división japonesa del grupo, una de las joyas de la corona según la familia. “Pero a mi mujer no le hace mucha gracia. Ahora quiere que nos quedemos más en casa”. Y ya tiene claro qué hará cuando vuelva a Sant Sadurní: “Estamos a mitad de la vendimia”.
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