Los mil sueldos de Fraile… y las siete claves del derrumbe de la CCC

stop

El ex secretario general de la Confederació de Comerç llegó a alternar tres nóminas y dietas de al menos dos patronales

Xavier Alegret

Miquel Àngel Fraile, ex secretario general de la Confederació de Comerç de Catalunya, y Maria Rosa Eritja, presidenta de la organización, con Carles Puigdemont
Miquel Àngel Fraile, ex secretario general de la Confederació de Comerç de Catalunya, y Maria Rosa Eritja, presidenta de la organización, con Carles Puigdemont

Barcelona, 19 de junio de 2016 (01:00 CET)

Miquel Àngel Fraile es conocido en Cataluña por haber sido el secretario general de la Confederació de Comerç durante más de 30 años. Pero no se limitó a ello: era un hombre muy ocupado. Hasta finales de 2015, compaginó el cargo con el de secretario general del Consell de Gremis de Cataluña, una especie de suprapatronal del sector servicios, y el mismo cargo en la Confederación Española de Comercio (CEC) entre 2004 y 2011.  

Tanta silla exigía un sueldo a la altura. O mejor tres. Como explicó Economía Digital, el salario de Fraile en la CCC no era nada desdeñable: 110.000 euros en 2015. Años antes, cuando compaginaba los tres cargos, su sueldo de la Confederació catalana era más bajo, de unos 60.000 euros. Esta cantidad la compensaba con unas dietas que fueron de los 4.400 euros al mes de 2006 a los 600 euros de 2007. Desde 2008 no constan.  

Pero este sueldo, más dietas, no eran sus únicos ingresos. En la Confederación Española tenía una nómina de 3.100 euros netos al mes, según datos de sus últimos meses en el cargo, en 2011. Además, como en la CCC, en la asociación española también percibió dietas lineales de 500 euros al mes.  

Por último, el Consell de Gremis también pagaba parte de su salario. Una parte nada despreciable: 3.883 euros al mes, según datos de 2015, último año en el que estuvo en el cargo de secretario general, según la documentación a la que ha tenido acceso Economía Digital. En ésta no constan dietas a cargo de esta organización.  

Con su presidente... y su mujer  

Fraile no era el único que se beneficiaba de cortar el bacalao entre los comerciantes catalanes y, durante unos años, también los españoles. Llegó a la Confederación Española de Comercio de la mano de Pere Llorens, presidente de la CCC. Cuando Llorens fue elegido presidente de la española, se lo llevó consigo, y Fraile se llevó a su mujer, Rosa Serrano.  

Como jefa de Formación, el mismo cargo que tenía en Cataluña, Serrano tenía una nómina de casi 2.200 euros al mes. En esa época, su sueldo en la CCC era más modesto, ya que estaba a media jornada, aunque además del salario, cobraba 14 dietas idénticas al año. Cuando perdió el cargo en la española empezó a cobrar más en Cataluña hasta que en 2014 pasó a trabajar a jornada completa y se convirtió en la mejor pagada de la CCC.  

Los presidentes de las patronales no cobran. Oficialmente. Sólo gastos de representación y dietas. Pere Llorens tampoco lo hacía, pero como explicó este medio, llegó a tener unas dietas de 3.800 euros al mes. Cada mes la misma cantidad, con una paga extra en verano y en Navidad.  

Esta práctica también la llevó a la Confederación Española. Durante sus últimos años al frente de la organización, también cobró dietas lineales, repetidas cada mes, de hasta 2.970 euros al mes. Fuentes de la CEC consultadas por Economía Digital han asegurado que no detectaron irregularidades tras el cambio de presidencia, en 2011, que supuso el adiós de Llorens, Fraile y Serrano.  

Las claves de la debacle
 
Los altos salarios y las dietas como supuestos sueldos paralelos indican hasta qué punto la cúpula de los comerciantes catalanes actuaba con cierta impunidad, pero sólo son la punta del iceberg en la crisis que está viviendo la CCC. Para no perdernos, estas son las claves de la misma:  

1. Pérdidas reiteradas

La crisis estalló a principios de junio, con la noticia de la destitución de Fraile. La versión oficial fue "pérdida de confianza" por las pérdidas de los últimos años. Concretamente, seis ejercicios seguidos en números rojos, con unas pérdidas acumuladas de 4,3 millones de euros, que han dejado un patrimonio negativo de 2,6 millones, lo que complica seriamente la continuidad de la Confederació de Comerç.  

2. Dependencia de las subvenciones  

Buena parte de los números rojos se explican por el bajón de las subvenciones, especialmente para formación. Así lo justificó Fraile, pero obviando que la organización fio su viabilidad al dinero público: las cuotas de los asociados apenas suponían un 3,5% de sus ingresos, por un 80% de las subvenciones y convenios con las administraciones.  

3. Cuentas maquilladas  

Tras el bajón del dinero público, las pérdidas y el agujero se multiplicaron, pero no han salido a la luz hasta ahora. La razón es que, cuando peor soplaba el viento para la patronal, en 2013 y 2014, su secretario general presentó unas cuentas que poco tenían que ver con la realidad, rebajando las pérdidas a menos de una décima parte de las reales.  

4. Una junta demasiado permisiva  

A pesar de que las memorias reflejaban pérdidas irreales, lo que sí era evidente era el encadenamiento de seis ejercicios en rojo, pero nadie en la cúpula de los comerciantes catalanes lo advirtió o se preocupó por ello. Las cuentas se aprobaban aunque en las juntas casi no había ni asistentes, una dejadez de funciones que ahora puede pasar factura a sus miembros.  

5. Un secretario general protegido  

Parte de esta dejadez viene de la protección de la que gozaba Fraile. Secretario general desde el primer día, con el mismo presidente desde el primer día –hasta su muerte–, contaba con la confianza de todos y hacía y deshacía a su antojo. De hecho, es la llegada de una nueva presidenta, Maria Rosa Eritja, lo que marca el inicio de su fin, aunque la propia Eritja era vicepresidenta mientras Fraile perdía dinero y la junta no se preocupaba por ello.  

6. Sueldos y dietas  

Tampoco se preocupaba la cúpula de los comerciantes catalanes de la gestión de la plantilla y las nóminas de Fraile. Está explicado en esta información: además de un sueldo importante, cobró dietas idénticas cada mes, y colocó a su mujer a jornada completa, con un salario de 130.000 euros, justo cuando el dinero para formación caía.
 
7. Las consecuencias de todo  

Estos desequilibrios se hicieron insostenibles y estallaron a finales del año pasado, cuando la CCC empezó a retrasarse en el pago de las nóminas hasta que dejó de pagarlas, en marzo. La organización ha iniciado un plan de viabilidad: ha despedido a media plantilla, ha cerrado delegaciones y está negociando la deuda con la banca. Además, estudia presentar el concurso de acreedores.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad