Rectificación eléctrica del Gobierno

Ante las dudas que está generando la 'excepción ibérica' para rebajar la factura de la luz, el Gobierno ha optado por bajar el IVA: una medida para el corto plazo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE/ Fernando Alvarado

El Gobierno de Pedro Sánchez ha perdido el miedo a corregirse a sí mismo. Y también ha perdido el miedo por completo a tomar decisiones económicas bajo planteamientos electorales. Apenas tres días después de que el PSOE haya sucumbido a la mayoría absoluta del Partido Popular en Andalucía, el Ejecutivo ha anunciado una rebaja del IVA de la luz. Pasará del 10% al 5%. Y como traca final, el presiente también activará su plan de impuestos para las grandes eléctricas. 

Lo curioso en ambos casos es que se trata de planes ejecutados sobre la marcha. En cuanto al IVA, hace apenas unos días la propia ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, tildaba de propuesta cosmética la revisión del IVA para los precios de la luz.

Así se lo han recordado este miércoles desde el PP. 

De igual modo, el manido impuesto para las eléctricas es algo que ha generado dudas en el seno del Gobierno y sus socios. En realidad, las dudas las tienen en el ala socialista, donde deberán explicar a las empresas energéticas el nuevo hachazo fiscal. Sobre todo, porque sus socios morados abandonarán las zonas nobles dentro de poco, y es probable que no vuelvan en mucho tiempo, mientras que el PSOE asume que la relación con los ‘popes’ de la energía tiene que ser fluida siempre si quieren aspirar a gobernar. 

La única certeza es que Pedro Sánchez se ha vuelto a mover en modo electoral. Aunque esta vez, para su descargo, lo hace porque otra medida suya está flojeando más de lo debido. Por lo tanto, los dos axiomas son correctos: el Gobierno baja los impuestos al recibo de la luz como balón de oxígeno ante lo que ha pasado en Andalucía; pero también lo hace porque la denominada ‘excepción ibérica’ no está funcionando como se esperaba. 

De esta manera, nunca habrá sido tan fácil para Pedro Sánchez contradecirse a sí mismo. Incluso, en esta ocasión lo verá hasta razonado. Y motivos tiene. El mecanismo ibérico para abaratar el precio de la luz está teniendo más sombras que luces. Las excusas, variadas y algunas ciertas, son que se trata de una medida a largo plazo, y ahora ha sido castigada por una ola de calor inesperada y un uso excesivo del gas natural que ha dado al traste con los planes. Todo eso es cierto. Tan cierto como que la supuesta bajada de precios apenas se notará. 

El plan IVA 

Con este panorama, el presidente del Gobierno ha optado por la vía fácil, la vía -por un lado- de la bajada de impuestos para contentar a los consumidores a corto plazo; y la subida de impuestos -por otro- a las ‘malas’ empresas energéticas. También para contentar a los consumidores, y también a corto plazo.  

Básicamente porque en todas estas medidas ejecutadas sobre la marcha, el Gobierno no tiene en cuenta que las empresas se encuentran en un libre mercado. Si les llega una subida impositiva desproporcionada, la misma desproporción puede caer aguas abajo hasta la factura de la luz. Y entonces la bajada del IVA se verá perfectamente complementada por la subida de los recibos. 

Una jugada de despiste tras un mal resultado electoral, que no camufla la dura realidad: una crisis energética galopante a la que nadie sabe cómo enfrentar. Porque el siguiente golpe de efecto llegará con los combustibles, y pondrá su foco en los impuestos. Y el problema, de nuevo, será un parche a corto plazo. Salvar el denominado ‘otoño caliente’ que espera al Gobierno de Pedro Sánchez cada vez parece más complejo.

Raúl Masa